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martes, 17 de agosto de 2010

El mundo al revés


La prohibición de los toros en Catalunya nos ha llevado a la paradoja de que la tauromaquia se ha convertido en una lucha por la libertad, incluso en una bandera progresista, cuando es bien sabido que nunca ha tenido esas connotaciones. Más bien al contrario, ha sido un espectáculo ancestral, con sus toques de barbarie y su particular épica que no ha dejado de tener cierto sabor primitivo.

Sin embargo, esto es lo que sucede siempre que se prohíbe algo, especialmente si lo prohibido pertenece al ámbito privado de los ciudadanos y no interfiere en los derechos ni las libertades ajenas. Esta prohibición, lejos de acabar con la tauromaquia, la va a revitalizar en contra de los supuestos deseos de los “abolicionistas”. Yo siempre he pensado que era cuestión de tiempo y de sensibilidad que la tauromaquia acabara siendo algo residual. Pensaba que, considerando el contraste de esta España y la del pasado, era cosa de unas décadas, de un siglo o qué se yo. Sin embargo, el ansia prohibicionista les ha podido a algunos y, con él, vendrán los toreros envueltos en una nueva bandera, mucho más poderosa, la bandera de la libertad, para reivindicar, con todo el derecho del mundo, su forma de vida.

Es una pena que la mejor forma de convivencia que encuentre una parte de la sociedad sea prohibir a la otra disfrutar de un espectáculo de su gusto. Pero lo peor de todo esto es dónde parar el afán abolicionista. Porque se empieza por una expresión artística, estética y no sé sabe donde se acaba. En realidad, todo esto empezó hace ya mucho tiempo. El Parlament no ha hecho sino continuar, como decía Fernando Savater, con una tradición muy española. ¿Dónde queda el prohibido prohibir?

sábado, 19 de junio de 2010

La teoría política que encierra la Alicia de Tim Burton


Difícilmente las obras artísticas son ajenas a un mensaje político y, como no, se prestan a múltiples interpretaciones. La última película de Tim Burton, su particular visión de Alicia en el País de las Maravillas, parece tener, al menos desde mi punto de vista, una clara interpretación política, más allá de los viejos reduccionismos de izquierda o derecha, de centro o descentro. Se trata de la teoría del poder que nos propone o, más bien, que formula esta película.

Tim Burton nos presenta un País de las Maravillas con un dualismo de poderes basado en la dominación de dos reinas que, además, son hermanas. La reina roja, por un lado, es la reina malvada que parece representar el azar, la vitalidad y la pasión. Por otro lado, la reina blanca, que se nos presenta como la buena, simboliza la razón, la lógica y, por supuesto, la ecuanimidad y el sentido de la justicia. La reina mala, como no, basa su poder en el terror de una bestia casi invencible que le permitió acceder al trono en detrimento de su propia hermana. Se nos presenta así una dualidad de poderes: uno bueno y otro malo. Pero ¿qué esconde este planteamiento? En el fondo, la confianza en la existencia de un poder intrínsecamente bueno. Lo que sucede al final de la película no es más que el simple cambio de una corona: del cabezón de la reina roja a la cabeza de la reina blanca, pero ¿de verdad podemos creernos a estas alturas que un cambio de gobierno, que cambiar a una reina por otra va a cambiar la naturaleza del poder?

Formular un dualismo en la naturaleza del poder es tanto como sentar las bases intelectuales para los mayores abusos y desmanes del poder mismo. No debemos pasar por alto la célebre cita de Lord Acton: “todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Es verdad que hay unos gobernantes mejores que otros, pero tampoco es menos cierto que la constitución de todo poder es por sí misma la constitución de la posibilidad del abuso de un ser humano sobre otro apoyado en la base de una legitimidad especial que, en las sociedades actuales, es el derecho emanado del sistema representativo y que, en la película, es la pura y simple benignidad de la reina blanca, es decir, la más pura arbitrariedad, el más puro despotismo, del gobernante sabio platónico.

No debemos, sin embargo, extrañarnos de que se nos presente este dualismo y de que nos intenten vender la idea de que puede existir un poder constituido que sea bueno, intrínsecamente bueno y que, por tanto, no exija limitación ni control. Es la misma historia que nos cuentan una y otra vez a lo largo de diversos medios y es el síntoma que pone de relieve el hegemónico deseo de dominación y de dominio del ser humano. Los que tienen vocación de sumisión porque necesitan que haya un poder que ellos consideren justo al cual tengan que obedecer y ante el cual deban responder. Los otros, aquellos con inclinación al ordeno y mando, porque necesitan legitimar su dominio sobre los demás y adornarlo con bellas guindas morales. La cruda realidad difiere bastante de todas esas idealizaciones: los habitantes del País de las Maravillas deberían habérselo pensado dos veces antes de aceptar de tan buen grado la sumisión a una nueva reina. La corona, esto es, el poder, la causa misma de la batalla, de la contienda y de todos los abusos cometidos no sólo no salió perdedora sino que vio reforzado su dominio. Y, con él, volverá de nuevo el despotismo al País de las Maravillas y el nuevo poder, ahora tan legítimo, se volverá igualmente opresivo y tiránico. Los otrora buenos, serán lo malos y el ser humano, engañado una y otra vez, no aprenderá nunca la lección y volverá a justificar lo injustificable con nuevos nombres, con nuevas fórmulas, con nuevas legitimidades... De la reina blanca a la reina roja, de la reina roja a la reina blanca por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 20 de marzo de 2010

Evaristo Guerra, su exposición en Málaga y la luz de sus cuadros

(Cartel con el 'Mandarino')

Evaristo Guerra, pintor nacido en Vélez Málaga allá por el año 1942, presenta durante estos días en el Museo Municipal de Málaga (Paseo de Reding) una exposición que podríamos dividirla en las dos etapas fundamentales de su vida. Su pintura, llena de viveza, sentimiento y, sobre todo, llena de luz, se nos presenta ante nosotros con un tono algo influido por el impresionismo.

('Homenaje a Andalucía')

No quiero dedicar esta entrada a hacer una breve nota biográfica, sino a presentar su exposición tal y como él me la transmitió con sus palabras hace unos días (nota biográfica de Evaristo Guerra).Nada más entrar te encuentras con un cuadro fragmentado en varios paneles y que representa un paisaje rústico típicamente andaluz (es el cuadro de la fotografía). Su exposición en su primera parte presenta un Evaristo más temprano, en la que se pueden apreciar rasgos que posteriormente caracterizarían su segunda etapa. De esta etapa me gusta resaltar dos cuadros. Uno de ellos, 'Tarde de lluvia', transmite perfectamente la idea. Una tarde nublada, llena de personas que intentan ir a refugiarse a sus casas. Esta tarde, iluminada por la tenue luz de una farola, resulta preciosa y gratificante para el sentido de la vista. También se puede ver reflejada esa tarde en la película fina de agua que se forma sobre la calle. Una maravilla de cuadro. El segundo cuadro que me gusta destacar de esa etapa suya es 'Bosque de Álamos'. Este cuadro, para mi gusto impresionista, me ha encantado. Realizado con espátula y con una pintura hecha por el propio Evaristo Guerra, este cuadro nos refleja un bosquecito de álamos en otoño.

( a la izquierda 'Playa de Levante')

Su segunda etapa es la más completa y característica del autor. Está llena de cuadros que me encantará describiros y espero que sean un aliciente más para acercaros por Málaga y llegaros a ver esta exposición. En esta etapa me gusta destacar cinco cuadros. El primero es un exquisito collage realizado enteramente con cartulina de colores. El collage es ,en su origen, una descomposición del cuadro 'Dos kilómetros hacia el pueblo', y que refleja el paisaje de un camino. Al fondo, el pueblo y varios kilómetros más al norte se puede divisar una montaña nevada. El collage está dispuesto en distintos paneles separados unos de otros y que otorgan al cuadro un relieve muy conseguido, tanto que pareciera que estuvieras viendo el paisaje en la realidad. El segundo que me gustaría destacar es uno llamado 'El autorretrato en la sombra'. El cuadro consiste en un árbol, que no está dibujado simplemente a varios trazos muy gruesos, sino que está dibujado hoja a hoja. Este árbol tiene una sombra y en esa sombra es donde podemos observar la cabeza de Evaristo Guerra. Con motivo de este cuadro, Damaso Alonso, por entonces presidente de la Real Academia Española, escribió una carta. Una de las pocas cartas realizadas por este personaje. El tercer cuadro que destaco se titula 'Homenaje a Van Gogh'. Tiene mucha viveza y se trata de un paisaje con arbustos y un cielo pintado de azul claro y, a rayas, de azul oscuro. El penúltimo cuadro que cabe destacar es 'Mandarino'. Es el cuadro que aparece en el cartel de la exposición y es eso: un mandarino con algunas mandarinas en el suelo. Y, por último, 'Sueño de María Zambrano'. Es un cuadro que posee un mandarino en el centro. Al fondo, el pueblo lleno de casas blancas, esto último muy típico de Andalucía. Y, al lado del mandarino, una par de gatos blancos observando dicho árbol.

(a la izquierda 'Naranjos y viñedos en tarde anaranjada')

Evaristo Guerra tiene un estilo de pintura único. Sus cuadros están hechos para divisarlos de lejos y así poder observar el color resultante. ¿Por qué?, me diréis algunos. Porque él no pinta un color simple, sino que el color está compuesto de muchos pequeños puntitos de un color más claro que el que hay en el fondo del cuadro. Pero no realiza esos puntitos sobre un fondo oscuro, sino que el fondo es claro y pinta líneas de un color oscuro haciendo pequeños puntitos. Un estilo bastante complicado y difícil de resumir en palabras.

Recomiendo ir a visitar esta exposición que estará en el Museo Municipal de Málaga hasta el día 25 de abril de 2010.