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sábado, 2 de julio de 2011

HOMENAJE A CATALUÑA (HOMENAGE TO CATALONIA, 1938)

George Orwell
Editorial Virus.
275 páginas.

George Orwell conoció España muy bien, para lo cual le bastaron tan sólo seis meses durante la guerra civil. Llegó en diciembre de 1937 a una Barcelona aún dominada por los anarquistas y el POUM [1] para ejercer de periodista, pero sus convicciones le llevaron a alistarse en las milicias, en la división 29. Homenaje a Cataluña es el relato sincero de sus vivencias durante su estancia en España, no sólo de sus tres meses como miliciano sino también de sus avatares en la capital catalana, de los sucesos de mayo del 37, de su regreso al frente de Aragón, de su convalecencia tras la herida de bala que sufrió en la garganta y, finalmente, de su periplo para huir de un país que estaba viviendo una de las peores purgas imaginables.

Durante su intensa estancia tuvo tiempo para percatarse de muchas cosas, no sólo del carácter de los españoles, de los que habla muy bien, sino también de las rencillas políticas en la retaguardia republicana, de las que nos habla en los dos apéndices que siguen al libro. Y es que, además de brindarnos un testimonio excepcional de las condiciones de lucha de las milicias y de la situación en Cataluña y el frente de Aragón, nos sumerge en el relato final de la obra en unos acontecimientos que han pasado desapercibidos para muchos y, nos permite ver, desde una perspectiva más amplia, otro enfoque de la guerra española, a menudo tan simplificada.

Las conclusiones son, sin duda, interesantísimas; el estilo, fluido, pero es la honestidad del testigo presencial lo que más nos transmite, especialmente su sinceridad para advertirnos de su parcialidad y sus posibles errores, pese a lo cual, se nos semeja un relato sumamente verosímil. Quizás contenga errores accidentales o la visión parcial de quien busca transmitir lo que vio directamente. Aunque, más allá de todo eso, son sus análisis lo que marca la diferencia.
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[1] Partido Obrero de Unificación Marxista, partido marxista heterodoxo, ajeno a la Internacional y al Stalinismo.

jueves, 14 de abril de 2011

80º aniversario de la proclamación de la IIª República

Casa Natal y Museo de Niceto Alcalá-Zamora y Torres, Priego de Córdoba
2009

Hace ochenta años, España entera cantaba con júbilo la proclamación de la IIª República española, un acontencimiento histórico que, llegando por todo lo alto y de forma pacífica, acabó en el fracaso institucional más estrepitoso y sangriento de la historia de España.

Desde entonces y durante décadas, hasta la palabra democracia, derecho al voto o elecciones, eran tabú en España. Ahora, lejos de resultarnos extrañas, nos hemos cansado de esas palabras, de los políticos y del parlamentarismo mediocre que nos abate sin que, no obstante, siga habiendo un tema absolutamente tabú en la política española: la República. La República, sin más, como forma de gobierno. Nombrar la mera hipotética posibilidad de que algún día podamos tener una forma repúblicana de gobierno, cosa de lo más normal en nuestro entorno europeo con países tan prósperos como Alemania o Francia, resulta toda una inconveniencia. Aún cae como una losa el pasado en forma de prejuicios, malos nombres, en definitiva, mala imagen de marca. La República es en España “comunismo”, “caos”, “anarquía”, “ateísmo”, “desorden”. Muchos periodos monárquicos compartieron con la República la inestabilidad institucional, la violencia, la pobreza, el desorden. Sin embargo, la experiencia de la guerra civil, la dictadura y la propaganda posterior han hecho mucha más mella en la República que en la monarquía (y eso aún habiendo tenido de rey a gente como Fernando VII, en serio, piénsalo bien).

Después de todo, el ser humano se guía por emociones e ideas preconcebidas. Si no, ¿qué sentido tiene que se siga heredando la jefatura del Estado? Pues eso, la imagen de marca, las asociaciones de valor. La República encarna en España anti-valores y eso no hay quien lo compre. Aunque si algo distingue particularmente el caso de España es que aún se siguen escuchando y analizando el papel “positivo” jugado por Franco al parar un régimen, como la República, que era “insostenible”. Franco, que no deja de ser (como el movimiento fascista y el nazismo) una reacción de la clase media conservadora frente a la revolución obrera, se distingue de Mussolini y Hitler, en cambio, en su “legitimidad” histórica. Por alguna razón, mucha gente aún en España confiere más o menos tácitamente un cierto reconocimiento a la labor de Franco de “poner orden y dar estabilidad” a España. Querría ver la reacción de esos mismos españoles al escuchar a un alemán o a un italiano decir lo mismo de Hitler o Mussolini. Ambos nacieron para parar el comunismo (argumento que se esgrime para defender a Franco), pero a nadie en su sano juicio se les ocurríría defenderlos como un mal necesario. La diferencia es que Hitler y Mussolini perdieron la guerra y, claro, ya se sabe, la historia la escriben los vencedores.

Y después viene todo lo demás: la República era un satélite de Moscú y se seguirá repitiendo esa cantinela, aunque sea mentira, mientras cuele. Por desgracia, poca gente admitirá que los comunistas sólo deben su progreso en España a la guerra y que la dependencia de Moscú no fue la causa del golpe de Estado sino su efecto (lo contrario de lo que la gente piensa). Y pocos harán un esfuerzo por valorar algunos intentos que políticos sensatos y de talla hicieron en aquella época por mejorar el país y la condición de vida de los españoles.

En cualquier caso, salvadas las distancias históricas, parece que los españoles no somos aún lo suficientemente maduros como para votar la jefatura del Estado. Es como si aún debieramos ser reinados por un señor que va pasando el trono de generación en generación, como si el país fuera una finca y los asuntos de Estado, cosa de familia. Claro que es mucho mejor vivir la ilusión de un cuento de hadas, con príncipes y princesas con final feliz incluídos, a tener la madurez política y la tradición democrática republicana de países como Francia o Estados Unidos, donde el elector es un ciudadano y no un súbdito. Está claro que la forma republicana de gobierno no resolvería nada “per se”, pero demostraría la madurez política del pueblo español si viniera acompañada de reformas políticas de peso. Dudo que vaya a ser el caso y mientras tanto: ¡Feliz día de la República!

¡Viva la Libertad!
¡Viva la República!

sábado, 2 de abril de 2011

MADRID. EL ADVENIMIENTO DE LA REPÚBLICA

Josep Pla
El País. Clásicos del siglo XX.
173 páginas.

Este libro son las crónicas del brillante escritor catalán, Josep Pla, sobre los acontecimientos que tienen lugar en Madrid durante los primeros 13 meses de la República, desde su proclamación, el 14 de abril de 1931, hasta la muerte de Salvatella, en mayo de 1932. Durante todas estas crónicas intercala sus opiniones y anécdotas que apoyan el relato.

Pla demuestra en este libro ser un gran cronista y analista político. Sus relatos van desde hechos históricos puntuales a la descripción de personajes (políticos, literatos e intelectuales generalmente -a la mayoría los ha tratado personalmente), hasta el planteamiento y fino análisis de los problemas que acuciaban a la incipiente República. Su lectura es encantadora, además de apasionante para aquéllos interesados en la historia y la política. Sin duda lo más apreciable del libro es el enfoque y análisis de los temas... A veces asusta el acierto de sus profecías.

sábado, 11 de diciembre de 2010

El antifranquismo en el siglo XXI

Hace unas semanas leí con sorpresa y alegría un par de tweets de mi amigo Israel que decían lo siguiente:

No sé quien es más anafalbeto, el que se cree franquista o el que se cree antifranquista sin haberlo vivido.
Ser antifranquista en el 2010 es como ser anticarlista, esas épocas pasaron, es bueno conocerlas pero no creer que se vive allí.

[1] Todo ello coincidió en plena polémica sobre el Valle de los Caídos, sobre la que yo mismo publiqué y, por la postura que yo sostengo, creo que puedo sentirme identificado entre los analfabetos antifranquistas del 2010. De modo que me alegrará mucho explicar por qué creo que esos dos tweets están en un error (y así de paso mi amigo y yo nos entretenemos un poco). En primer lugar, me resulta curioso como para buena parte de la derecha española no tiene sentido ser antifranquista ahora, pero sí tiene sentido ser antiestalinista, por ejemplo, o sí tiene sentido publicar artículos en Libertad Digital recordando las masacres de Pol Pot y otros déspotas comunistas. Es curioso que tenga sentido ser "antidictaduras comunistas" del pasado, pero sea absurdo ser "antidictaduras conservadoras/militares/eclesiásticas" del pasado. Según uno se oponga a una dictadura u otra se es analfabeto o no y pasar página tiene sentido con unas dictaduras, pero no con otras. ¡Es muy divertido! Parece que el baremo que se aplica tiene algunos fallos.

Una vez sentados estos hechos curiosos de la prensa liberal-conservadora, voy a explicar por qué sí tiene sentido ser antifranquista, ser antipolpot, ser antiestalinista, ser antinazi o antifascista en el 2010. Es muy sencillo, ser demócrata nos lleva inevitablemente a considerar una aberración cualquier forma de gobierno basada en la tiranía y no en el Estado de Derecho y el sufragio. Y es que muchos encuentran argumentos para rebajar el nivel de exigencia política en ese sentido. Argumentos como, por ejemplo, “no podemos juzgar con la mentalidad del presente hechos del pasado”. O, del tipo, “es que dadas las circunstancias”. En el fondo, el débil y ecléctico pragmatismo que coquetea con dictadores de tiempos pretéritos no deja de ser una muestra de falta de convicciones democráticas. Porque sí, es muy fácil ser antifranquista ahora y mucho más fácil aún ser antiestalinista ahora que Stalin es un mal recuerdo y sí, probablemente la mayoría seríamos unos cobardes incapaces de enfrentar unos poderes opresivos de esas características. Es algo para lo que, por suerte, no hemos sido probados todavía por las circunstancias. Pero he aquí el sentido de ser antifranquista ahora. Si queremos que eso no se vuelva a repetir, tenemos que dejar sentados firmemente nuestras convicciones democráticas y buena parte de eso consiste en deslegitimar regímenes totalitarios del pasado. Porque sí, fueran las circunstancias que fueran, es mucho más fácil encontrar pretextos para dictaduras también en el presente si sabemos encontrarlos en el pasado. Lo que debemos hacer, por contra, es ver qué argumentos emplearon en el pasado aquellos que permitieron el ascenso de las dictaduras y rebatirlos. Eso, claro está, siempre que consideremos que una dictadura es intrínsecamente un mal y que merece ser combatida sea cuales sean las circunstancias. La cuestión es ¿de verdad creemos que todas las dictaduras son un mal o, por contra, creemos que algunas son o pudieron ser un mal necesario?

[1] He considerado los tweets de Israel como un pretexto para rebatir posturas que considero generalizadas en cierto sector de la derecha española. La postura personal de Israel, más allá de lo que dicen los tweets, podrá aclararla en un comentario.

Israelem. Eclosion Liberal

martes, 23 de noviembre de 2010

El Valle de los Caídos y las coartadas históricas

Los que nos recuerdan que ese monumento al oprobio está ahí

Siempre que llega el 20 de noviembre, cuatro desnortados nos recuerdan que España tiene aún una herida que restañar. Y ¿por qué nos lo recuerdan? Porque hacen patente como hemos ido dejando que todos los 20N se humille a las víctimas de la guerra civil y del franquismo en un monumento, el Valle de los Caídos, erigido por el dictador, con presos republicanos para honrar su memoria y supuestamente también la de todos los caídos, incluso la de aquellos que jamás habrían consentido ser enterrados allí, como muchos republicanos.

La cuestión es ¿cómo conseguir que un lugar como ése cambie su simbolismo? ¿Cómo evitar que el Valle de los Caídos siga siendo un agravio para los españoles y nuestra democracia? El primer paso dado por el gobierno no está mal. Consiste en prohibir que se exhiban símbolos franquistas allí. Los que quieran honrar a Franco el 20N que lo hagan en otro sitio. Sin embargo, no habremos resuelto el problema hasta que Franco y José Antonio, como mínimo, dejen de yacer allí. Y tampoco sería mala idea convertir el templo un un museo como el del Holocausto, en el que se recuerden los horrores de la guerra y de la represión posterior. Es lo que han hecho muchos países con dictaduras en su pasado. Países, quizás, más valientes que nosotros, no avergonzados en plantarle cara a los fantasmas del pasado, no acomplejados en reconocer que toda dictadura es un error y que la suya también lo fue.


Franco y Hitler

Sin embargo, aquí se plantean muchos problemas. Para empezar, el mantenimiento del templo corre a cargo del Patrimonio Nacional, el propio templo fue construido por el Estado y, sin embargo, no es del Estado. Una solución sería expropiarlo y convertirlo en un museo nacional. Pero, claro, los católicos, arropados por todos los “think tanks” y los medios “liberales” van a clamar al cielo indignados diciendo que es un ataque inaceptable a la libertad religiosa, como si les hubiera importado, por ejemplo, la libertad de los presos republicanos que construyeron ese despropósito, esa vergüenza nacional. Van a decir, claro, que no se puede gastar tanto dinero en tiempos de crisis en cosas “tan poco importantes para la gente de a pie”. Perfecto, que se ejecute la medida dentro de unos años, cuando entremos en un crecimiento sensato otra vez. Pero, en cualquier caso, se harán las víctimas. ¡Pobrecitos! Su derecho a conservar un monumento al oprobio, que es un derecho humano como todo el mundo sabe, se vería conculcado.


Franco y el Cardenal Segura

El problema de fondo y esto ya lo he dejado por escrito en un comentario en el blog de Israel, es que, por alguna misteriosa razón, buena parte de la derecha española aún tiene la necesidad de justificar el franquismo porque aún lo considera un mal menor. A nadie se le ocurriría decir que Hitler o Mussolini fueron un mal menor porque libraron a sus respectivos países del comunismo y, sin embargo, esa idea sí funciona en buena parte de la derecha española. La idea de la “inevitabilidad” del franquismo es todavía un hecho en la cabeza de muchos. Y, en el fondo, lo que subyace es una identificación con el esquema de valores del dictador que torna en una especial indulgencia la actitud de algunos conservadores hacia sus desmanes. Va a resultar después de todo, que el franquismo no está tan en el pasado como a algunos que “quieren pasar página” les gustaría, pero no porque los de la memoria histórica estén tratando de hacer justicia sino porque aún hay más de uno que no tiene problemas en buscar disculpas a ese periodo ominoso.

El País. 20 de noviembre 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

70 aniversario de los bombardeos nazis sobre Reino Unido


El País conmemora en un Reportaje el 70 aniversario del comienzo de los bombardeos nazis sobre Londres y otras ciudades británicas en una campaña que duró hasta mayo y que se cobró la vida de 60.044 civiles en toda la guerra.

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El País. 24 de septiembre 2010.

sábado, 18 de septiembre de 2010

El comienzo de la IIª Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939 comenzó la mayor guerra de la historia, fruto de un militarismo inusitado, y que supuestamente debió haber servido de ejemplo para evitar las guerras en un futuro que, por desgracia, no ha estado exento de ellas. Os dejo con un fragmento de un documental que repasa los primeros acontecimientos de la IIª Guerra Mundial, especialmente la invasión de Polonia.


martes, 6 de julio de 2010

Roig i Negre (Rojo y Negro), 2006

El documental Roig i Negre (Rojo y Negro), de Dolors Genovès, 2006, fue emitido por la televisión catalana TV3 y narra el transcurso de un episodio muy particular y a menudo muy ignorado de la Guerra Civil española: la revolución anarquista de Cataluña.

En 1936, después de que se produjera el golpe de Estado de los militares reaccionarios, los anarquistas de la CNT y la FAI, que ya estaban preparados, abortaron el golpe en Cataluña, especialmente en Barcelona. Después de unos momentos iniciales de lucha y caos, una vez tenían controlada la situación, los anarquistas eran, paradójicamente, los amos de la situación. Fue así como se inició un experimento social sin precedentes: una revolución anarquista, la única que ha habido jamás. La experiencia estuvo, no obstante, muy condicionada por los acontecimientos. Sin dejar de lado la revolución, los anarquistas tuvieron que centrarse en la guerra. Cataluña salió al rescate de Aragón. La columna Durruti y otras columnas de milicianos anarquistas y poumistas se dirigieron al frente. Zaragoza, por desgracia, no pudo ser rescatada: las noticias que llegaban de la represalia franquista eran desoladoras. En la retaguardia anarquista, tampoco era oro todo lo que relucía. Tras un mes de represión, el clima se calmó. Los líderes llamaron al cese de los asesinatos políticos. Toda la organización social y económica, sin embargo, se vió absolutamente cambiada. Las fábricas eran autogestionadas por los empleados, el campo fue dividido y asignado bien a campesinos individualmente o bien a campesinos agrupados colectivamente... Sin embargo, las tornas se cambiaron cuando la URSS fue el único apoyo serio a la República. Stalin no estaba dispuesto a ver el triunfo de una revolución socialista antiautoritaria que cuestionara el modelo marxista de Estado socialista con partido único. Así las cosas, en julio de 1937, los comunistas ya eran lo suficientemente fuertes en Cataluña como para imprimir una huella autoritaria a la revolución y a la dirección de la guerra. El PSUC se había impuesto. El nuevo gobierno de la Generalitat estaba constituido y era operativo. La represión no tardó en llegar. Antes de ocuparse de la propia guerra, los comunistas del PSUC impusieron el orden totalitario tan del gusto del marxismo. Los anarquistas que quedaban se defendieron. Acabaron a tiros. De un lado, el último reducto de la CNT, la FAI y el POUM. Del otro, el gobierno, la Generalitat y los comunistas (básicamente la guardia de asalto). La revolución anarquista se había terminado, los que quedaron fueron a parar a cárceles y campos de concentración. La primera gran represión bien organizada no la conocerían del franquismo sino de los socialistas (PSOE) y los comunistas del gobierno (PCE y PSUC).

sábado, 3 de julio de 2010

La Historia de los Estados Unidos de América contada por Isaac Asimov


Isaac Asimov es bien conocido por sus obras de ciencia ficción e, incluso, aunque menos, por sus obras de divulgación científica. Sin embargo, también era un gran divulgador de la historia. Tiene numerosos libros escritos sobre este tema (Grecia antigua, Roma, Egipto, la formación de Inglaterra...). Entre ellos, se incluyen sus tres libros sobre la historia de los Estados Unidos, a saber, El nacimiento de los Estados Unidos (1763-1816), Los Estados Unidos desde 1816 hasta la Guerra Civil y Los Estados Unidos desde la Guerra Civil hasta la Primera Guerra Mundial.

Su gran rasgo como difusor de la historia es su claridad. Escribe de un modo muy trasparente y sirve de esa forma de una manera especialmente útil a aquellos lectores menos doctos en historia. Es, por tanto, una obra muy interesante para aquellos que quieran tener un primer contacto, en este caso, con la historia de los EEUU. No obstante, no hay que confundir esta claridad con la falta de rigor. Al tiempo que nos narra los acontecimientos históricos con una gran sencillez, Asimov nos ubica en el contexto histórico, sociológico, incluso cultural y científico en el que tiene lugar ese devenir histórico sin aburrirnos, por ello, con detallismos minuciosos que a la postre nos impidan ver el cuadro completo.

Por otro lado, en lo que respecta al contenido de esta serie, resulta interesantísimo acercarse a la historia de ese gran desconocido que es EEUU. Es frecuente en Europa, como en todas partes, que tengamos una visión estereotipada y simplista de ese país. Y, sin embargo, como nación, con toda la historia que tiene a sus espaldas, resulta ser fascinante. Sin duda, no es oro todo lo que reluce. A lo largo de la serie el lector descubre con amargura las manchas de esa historia: la persistencia de la esclavitud y la discriminación racista con la democracia; el exterminio y la reclusión de los indios en reservas cada vez más pequeñas; el uso y, a veces, abuso de la fuerza contra sus países vecinos, incluso contra la propia España en 1898; la corrupción política; la negativa a asumir inmigración culturalmente alejada... Y es que EEUU no deja de ser un país de mujeres y hombres, con sus imperfecciones y también con sus grandezas.

Después de todo hay algo que enamora en su historia: su capacidad para lograr el progreso individual y colectivo desde el más profundo respeto a las instituciones representativas que se han dado. Por ello, a pesar de todas las imperfecciones, siempre debemos recordar todos sus logros en materia de democracia y derechos humanos. Allí fue donde primero radicó la libertad religiosa en occidente, donde primero se declararon los derechos humanos con rango constitucional, donde primero se instauró un sistema representativo de plena soberanía nacional, donde se inició la lucha por los derechos de las mujeres... Lo que más me impresionaba conforme leía los tres libros era la inevitable comparación con la propia historia de España.

Nosotros aún seguíamos en el antiguo régimen mientras para ellos ya era una rutina acudir a las urnas cada dos años en legislativas y cada cuatro en presidenciales; cuando para ellos ya eran habituales las convenciones de los partidos para elegir candidatos a la presidencia; cuando ellos vivían ya bajo un régimen de opinión pública; cuando ellos ya tenían, no sólo los tres poderes bien definidos y separados (cosa que la historia demostró particularmente bien), sino también el cuarto poder. Mientras nosotros jugábamos a ser un poquito liberales entre pronunciamiento y pronunciamiento de espadones, ellos ya venían de vuelta y media en problemas que aún nos siguen siendo de suma actualidad: la inmigración, la corrupción. Ellos ya tenían periódicos que denunciaban a los políticos corruptos, a ellos también se les planteó cómo integrar a aquellos inmigrantes tan distantes culturalmente como los chinos o los japoneses, pasando por los más cercanos católicos mediterráneos e irlandeses. Finalmente, cuando uno contempla el avance de las ideas progresistas en la sociedad norteamericana de principios del siglo XX, se da cuenta de que no sólo hay personas adelantadas a su tiempo sino pueblos, países adelantados a su tiempo. Mientras Europa era corrompida por el socialismo y el imperialismo, mientras Europa se sumía en el desastre de una guerra fratricida y loca, Estados Unidos, su presidente pacifista, Woodrow Wilson, se dispuso a ayudarnos. Y lo hicieron. Sin ellos, Europa ya hubiera sido un erial prusiano desde 1918. Los catorce puntos de Wilson representan para mí la benefactora influencia que podía ejercer en Europa su antaño hermano pequeño. Una lástima que no consiguiera detener las ansias de venganza de Francia.

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Referencias bibliográficas:
  1. Asimov, Isaac: El nacimiento de los Estados Unidos (1763-1816) [The Birth of the United States 1763-1816, 1974], Alianza Editorial, España, 2008.
  2. Asimov, Isaac: Los Estados Unidos desde 1816 hasta la Guerra Civil [Our Federal Union – The Union States from 1816 to 1865, 1975], Alianza Editorial, España, 2007.
  3. Asimov, Isaac: Los Estados Unidos desde la Guerra Civil hasta la Primera Guerra Mundial [The Golden Door – The United States from 1865 to 1918, 1977], Alianza Editorial, España, 2008.
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Más información:

martes, 8 de junio de 2010

Carta de Mijail Bakunin a la redacción del periódico "La Liberté"


El 5 de octubre de 1872, en Zurich, Mijail Bakunin firma su carta de definitiva ruptura con la Internacional o, mejor dicho, de despedida ya que irse no se fue, lo echó Karl Marx en un congreso más que cuestionable. La carta resulta de gran interés porque es uno de esos "textos vivos" que condensan la historia del movimiento obrero. Mijail Bakunin, uno de los máximos exponentes de la corriente anarquista en el siglo XIX, tenía serias discrepancias con Karl Marx sobre el camino a seguir. Karl Marx, que representa el socialismo autoritario por excelencia, pretendía fortalecer al Estado más que nadie y eso, como comprenderéis, era inasumible por un anarquista, para el cual, el único fin deseable para el Estado es su extinción, ni siquiera su fortalecimiento momentaneo al servicio de la clase obrera. En esta carta, Bakunin pone de relieve todas estas contradicciones del marxismo y acusa a Marx, sin tapujos, de ser un ambicioso que sólo busca implantar su dictadura y ejecutar los peores deseos imperiales prusianos (finalmente sería Lenin el que alcanzaría ese ideal: escalofriante su capacidad predictiva). Una de las grandes delicias de leer a Mijail Bakunin, a pesar de todos los errores de enfoque que pueda cometer, es, sin duda, la genial crítica que hace a Karl Marx y al marxismo. Y es que su principal virtud es criticar, más que proponer; destruir, más que construir.

Carta a la redacción del periódico "La Liberté".

sábado, 15 de mayo de 2010

Mayo del 68

Ya han transcurrido 42 años desde que Francia vivera su peor crisis política de la historia reciente. Hace unos días, me he acercado a estos acontecimientos históricos a través de dos documentales, Mayo 1968: un mundo en revolución y El espíritu de mayo del 68. En el primero, se hace un recorrido a todos los acontecimientos que tuvieron lugar por todo el mundo y cuyo detonante principal fue la guerra de Vietnam. No cabe duda de que Mayo del 68 no fue sólo ni exclusivamente francés. Ese año y los años venideros serían fundamentales para el desarrollo de una revolución social silenciosa que cambiaría radicalmente la sociedad. Se aborda, por ejemplo, la lucha por los derechos de la mujer o por las minorías étnicas en EEUU. Sin embargo, volviendo al escenario francés y a la revuelta estudiantil, no he podido más que sorprenderme al ver el segundo documental. Son 97 minutos de vídeos de aquel mes sin ningún añadido. Es mayo del 68 francés puro y duro: sin introducción, sin explicaciones, sin conclusión. En él se ven reuniones de comités revolucionarios, mítines, debates multitudinarios en teatros, manifestaciones, cargas policiales, discusiones a pie de calle entre jóvenes estudiantes y obreros industriales. Es, sin duda, fascinante, pero también decepcionante. Es cierto que gran parte de los sucesos mundiales del 68 tienen un claro resumen en las palabras paz y amor. Se hace un claro discurso anti-belicista que apela a la fraternidad del género humano. Incluso, luchas como la de la emancipación de la mujer con la quema de los primeros sujetadores son hitos en la historia de la lucha por la libertad y la igualdad. Sin embargo, el mayo francés es algo muy distinto. Es todo eso, no cabe duda, pero es también una abortada revolución obrera de marcado carácter marxista. Lo que más me ha decepcionado de esa parte de mayo del 68 es, precisamente, la obsesión por el discurso de clases, por la negación de la democracia y de la república Gaullista. Bajo el marcado carácter anti-autoritario de la revuelta no se ven, sin embargo, anarquistas. La CGT es considerada poco menos que una traidora reaccionaria mientras la Sorbona se llena de imágenes de líderes tan autocráticos como Lenin, Mao o Fidel Castro. Los debates parecen moverse por el trotskismo más que por las corrientes leninistas, pero no debemos olvidar que no son más que dos caras del mismo fenómeno: el socialismo autoritario. Es por eso que el mayo del 68 francés fue una gran contradicción en sí mismo. Por suerte, y esto lo dice en el primer documental un europarlamentario que participó en las revueltas, el mayo del 68 francés fue una derrota política y una victoria moral. Sólo en los últimos años parece que estamos viviendo una reacción autoritaria a ese espíritu que clamó en el planeta. ¿Qué ha sido del prohibido prohibir?



sábado, 24 de abril de 2010

Las atrocidades del franquismo

Los campos de concentración no sólo son un mal recuerdo del nazismo. También en España hubo campos de concentración bajo el abrigo del dictador Franco. Como nunca está demás recordar, especialmente en este mes de abril, recomiendo la lectura de un reportaje publicado por el País el pasado 14 de marzo, "Barracones para nazis y judíos". Y, como una noticia siempre lleva a otra, este reportaje me llevó a leer otro publicado por El País en noviembre sobre los niños robados del franquismo. Sí, eso que luego hicieron en Argentina ya se había practicado aquí antes, muchas veces somos pioneros para lo que menos querríamos ser. Lo cierto es que muchos de los niños de los presos políticos y represaliados del franquismo fueron secuestrados, retirados de manos de sus padres y puestos en manos de "familias bien" que les aseguraran un buen lavado cerebral que extirpara la "impiedad" sembrada por sus verdaderos padres. Estas historias tienen nombres y apellidos, El País recoje algunas de ellas y les pone cara: es escalofriante.

El País. 14 de marzo 2010.

El País. 23 de noviembre 2009.

sábado, 10 de abril de 2010

Ya iba siendo hora


Defensa retira la estatua ecuestre de Franco de Capitanía
El País. 6 de abril de 2010.

Es típicamente español lo de llegar tarde a los sitios y, como no, también llegamos tarde a la democracia, a esta democracia tan imperfecta que tenemos, lo más perfecta que nuestro carácter nos permite tener. La retirada de las estatuas y demás símbolos de homenaje urbano al dictador Franco son otro ejemplo de lo que es llegar tarde. Y, con eso y con todo, todavía habrá alguno que dirá que es "la historia", y que esa razón se basta y se sobra para que las "artísticas" odas al dictador permanezcan presentes en las calles sine die.

Soplan vientos de cambio de época... y, en medio de este vendaval, parece que, por fin, estamos cerrando la transición a la democracia. Aunque en esto soy muy escéptico. Si bien es verdad que toda caída de régimen se ve acompañada por la caída de sus símbolos: sus estatuas, sus placas, sus monumentos, sus callejeros, aún hay muchos en España para quienes el franquismo representa una especie de era dorada. Juventud, divino tesoro. Aquellos tiempos de ominosa opresión ya han quedado atrás, pero ¿le hemos ajustado verdaderamente las cuentas al franquismo? No nos engañemos. Esta sociedad encubridora es, más bien, autoencubridora. Sabedora, como es, de su papel en el pasado ha optado por el quijotesco "mejor no meneallo". No vaya a ser que huela.

viernes, 19 de marzo de 2010

El mito de la Pepa: la libertad religiosa


La religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.

¿Qué español no se ha vanagloriado de la noble tradición constitucional que nos precede y que comienza en Cádiz con la aprobación de la célebre Pepa? Es cierto que todos hemos oído grandes elogios de esa constitución desde nuestros pupitres y que en la calle se la tiene en gran estima. También es verdad que algunos españoles tuvieron que soportar su humillante derogación por un rey que, como un cobarde, mandó perseguir y asesinar a todos los liberales después de haber traicionado a su padre y haberle lloriqueado a Napoleón mientras al sur de los pirineos los españoles morían por miles para lograr expulsar al invasor francés. Sin embargo, no viene mal de vez en cuando poner en su justa medida los cortos logros de nuestra nación en su lucha por la libertad.

Es cierto que la Constitución de 1812 supuso un avance. Para empezar era una constitución y había sido elaborada por unas cortes de nuevo cuño. Por otro lado, consagraba el esfuerzo de una resistencia heroica contra un invasor extranjero de una fuerza militar formidable y representó el primer amago de la nación por liberarse de ciertos yugos, no sólo el extranjero sino también algunos internos como la inquisición, el mayorazgo y el poder de la propia monarquía. Sin embargo, hay un aspecto que languidece especialmente en este primer texto constitucional español: la libertad religiosa. Ésta es literalmente prohibida, como podéis comprobar en la cita del principio, en su artículo 12. No contentos con ello, la prohíben para siempre jamás. Por si acaso. Este es otro defecto típico del constitucionalismo español: decirles a las generaciones futuras cómo deben regirse y solemos hacerlo con rígidos mecanismos de reforma constitucional que han llevado a una inestabilidad inusitada (aunque de esto hablaré en otro momento).

Sin embargo, aunque pueda parecer que ese artículo no desentona demasiado con la época, lo cierto es que llama clamorosamente la atención en el constitucionalismo comparado. Al otro lado del Atlántico, en américa del norte, la jovencísima república de los Estados Unidos de América ya contaba con la garantía de la libertad religiosa en las constituciones de los diferentes Estados desde 1776, es decir, treinta y seis años antes de nuestra insigne constitución. Pero, además, a los americanos les pareció poco que los derechos y las libertades de los ciudadanos estuvieran protegidas sólo en las constituciones estatales de modo que en 1791 entraron en vigor las diez primeras enmiendas constitucionales de los EEUU entre las que estaba la libertad religiosa, como no podía ser de otra manera.

Aunque no todas las miradas debían centrarse en el nuevo continente porque en la vieja Europa también se habían hecho importantes avances que, sin embargo, fueron premeditadamente excluidos de nuestra primera y “gloriosa” constitución. En Francia, la primera Asamblea Nacional acabó con los privilegios de la iglesia católica y aprobó en agosto de 1789 una Declaración de Derechos que consagraba la libertad de los ciudadanos y su derecho a no ser molestados por sus opiniones religiosas. Todo esto, no obstante, no tuvimos posibilidad ni de olerlo en España, donde seguimos bajo la tutela más que espiritual de una iglesia que difícilmente iba a estar dispuesta a hacer concesiones a la libertad.

Así, bajo nuestra gran tradición constitucional, los españolitos tuvieron que esperar a la breve Constitución de 1869 para gozar del mismo derecho que casi un siglo antes ya tenían garantizados los habitantes de Estados Unidos de América.

martes, 16 de febrero de 2010

Bicentenario de la independencia de las colonias españolas de América

Bandera de la Junta Suprema de Caracas

Este año se celebra el bicentenario del arranque de la independencia de la mayoría de las colonias españolas del continente americano (concreamente el 19 de abril con la formación de la Junta Suprema de Caracas) y el diario El País ha publicado dos interesantes reportajes al efecto:

¡Viva el Rey! ¡Abajo el Imperio!, de José Miguel Larraya, publicado el 2 de febrero. Es un breve repaso bibliográfico sobre las novedades y no tan novedades que podemos encontrarnos en las librerías sobre este tema, héroes libertadores incluídos.

Hacia una historia de ida y vuelta, de Tereixa Constenla, publicado el 6 de febrero. Trata del último libro de John H. Elliott y sus interesantes aportaciones al mundo de la leyenda negra española.

miércoles, 27 de enero de 2010

Recordamos el holocausto


Hoy se recuerda en todo el mundo la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el ejército soviético en 1945 y se celebra el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto para que no olvidemos lo que sucedió en Europa en aquellos años y para que nunca vuelva a repetirse. Quiero sumarme al recuerdo y enlazaros un especial de El Mundo digital. Os dejo también la primera parte de un documental de la BBC titulado: Auschwitz. Los nazis y la solución final.

domingo, 18 de octubre de 2009

20 años de la caída del Muro de Berlín


Se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín y El País ha publicado un interesante reportaje. Recomiendo ver el vídeo, que incluye imágenes de 1989 y de la actualidad mostrándonos el proceso que llevó a su caída y lo que queda de él para el asombro de los turistas.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

70 aniversario del inicio de la IIª Guerra Mundial


El fin de semana, elpais.com publicó un reportaje de Julián Casanova sobre el inicio de la IIª Guerra Mundial con motivo del 70 aniversario, que se cumplió ayer.

miércoles, 26 de agosto de 2009

220º Aniversario de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano


“Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.”
Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano

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El 26 de agosto de hace 220 años, la Asamblea Nacional francesa dio un paso adelante para el mundo aprobando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En ella se recogieron los derechos y las libertades fundamentales además de los principios básicos que pusieron los pilares para la construcción del estado de derecho contemporáneo. Su influencia en el mundo occidental, especialmente en la europa continental, ha sido enorme. Por supuesto que esta declaración no fue la primera. La precursora fue la famosa Bill of Rights inglesa de 1689 que sellaba el destino de Gran Bretaña a Guillermo de Orange frente al rey Jacobo (destronado por ser católico) que fue despojado de su trono por el parlamento en la Revolución Gloriosa. Ya más próxima en el tiempo, la Declaración de Derechos de Virginia había sido aprobada en 1776 y fue fuente importante de inspiración para M. La Fayette en la redacción de su hermana francesa. La importancia de la declaración que conmemoramos hoy estriba en que mientras las dos precursoras anglosajonas se habían circunscrito a sus respectivos contextos políticos, la Declaración de 1789 fue aprobada con una clara vocación de universalidad, enumerando sus principios como válidos para todos los países del globo.

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Las circunstancias en las que fue aprobada la Declaración, después de una conspiración contrarrevolucionaria en Versalles para disolver a la Asamblea Nacional, hace que Thomas Paine se refiera al asunto en estos términos:

“Merece la pena relatar que la Asamblea Nacional no persiguió a aquellos conspiradores fugitivos [que huyeron al conocer la toma de la Bastilla], no les hizo ningún caso, ni trató de tomar represalias en forma alguna. Ocupada en establecer una constitución fundada en los Derechos del Hombre y en la Autoridad del Pueblo, la única autoridad conforme a la cual tiene un gobierno derecho a existir en cualquier país, la Asamblea Nacional no sentía ninguna de esas pasiones mezquinas que caracterizan a los gobiernos impertinentes, fundados en su propia autoridad o en el absurdo de la sucesión hereditaria.”
Thomas Paine: Los Derechos del Hombre

martes, 31 de marzo de 2009

70 años del triunfo de la involución

Franco y su mejor aliado durante la guerra


La España de la década de 1930 volvía a encontrar el camino de la gloria. Conocía un renacer cultural y científico como nunca en mucho tiempo y, por primera vez en su historia, era una democracia moderna. Este sueño de progreso para España se vio truncado definitivamente por el golpe de varios generales. Entonces, la República, asfixiada por la soledad exterior (en un contexto de apaciguamiento del fascismo en Europa) y la revolución interior (desbocada tras el golpe) fue cediendo lentamente ante la supremacía de unos militares insurrectos que contaban con el apoyo de Hitler y Mussolinni. Mañana, 1 de abril, se cumplen 70 años de ese parte bochornoso, símbolo del más miserable triunfo de la fuerza y el fascismo sobre la libertad y la democracia republicana. La guerra trajo consigo la muerte, la destrucción, el exilio, la persecución y la represión. Con la victoria de Franco y su dictadura, España sufrió un atraso económico en su recuperación de una década respecto a otros países europeos. La cultura y la ciencia tardarían mucho más en recuperarse aunque hubo pérdidas irreparables. El daño que a la moral de este país ha causado la derrota de ese proyecto ilusionante de progreso y modernidad ha sido y sigue siendo enorme. Ahora nos corresponde a las nuevas generaciones reivindicar esos años de progreso, dejar la amnesia, la ambigüedad y sentirnos tan orgullosos de esos años como avergonzados del golpe, de la guerra y de la dictadura. ¡Viva la República!