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sábado, 15 de mayo de 2010

Mayo del 68

Ya han transcurrido 42 años desde que Francia vivera su peor crisis política de la historia reciente. Hace unos días, me he acercado a estos acontecimientos históricos a través de dos documentales, Mayo 1968: un mundo en revolución y El espíritu de mayo del 68. En el primero, se hace un recorrido a todos los acontecimientos que tuvieron lugar por todo el mundo y cuyo detonante principal fue la guerra de Vietnam. No cabe duda de que Mayo del 68 no fue sólo ni exclusivamente francés. Ese año y los años venideros serían fundamentales para el desarrollo de una revolución social silenciosa que cambiaría radicalmente la sociedad. Se aborda, por ejemplo, la lucha por los derechos de la mujer o por las minorías étnicas en EEUU. Sin embargo, volviendo al escenario francés y a la revuelta estudiantil, no he podido más que sorprenderme al ver el segundo documental. Son 97 minutos de vídeos de aquel mes sin ningún añadido. Es mayo del 68 francés puro y duro: sin introducción, sin explicaciones, sin conclusión. En él se ven reuniones de comités revolucionarios, mítines, debates multitudinarios en teatros, manifestaciones, cargas policiales, discusiones a pie de calle entre jóvenes estudiantes y obreros industriales. Es, sin duda, fascinante, pero también decepcionante. Es cierto que gran parte de los sucesos mundiales del 68 tienen un claro resumen en las palabras paz y amor. Se hace un claro discurso anti-belicista que apela a la fraternidad del género humano. Incluso, luchas como la de la emancipación de la mujer con la quema de los primeros sujetadores son hitos en la historia de la lucha por la libertad y la igualdad. Sin embargo, el mayo francés es algo muy distinto. Es todo eso, no cabe duda, pero es también una abortada revolución obrera de marcado carácter marxista. Lo que más me ha decepcionado de esa parte de mayo del 68 es, precisamente, la obsesión por el discurso de clases, por la negación de la democracia y de la república Gaullista. Bajo el marcado carácter anti-autoritario de la revuelta no se ven, sin embargo, anarquistas. La CGT es considerada poco menos que una traidora reaccionaria mientras la Sorbona se llena de imágenes de líderes tan autocráticos como Lenin, Mao o Fidel Castro. Los debates parecen moverse por el trotskismo más que por las corrientes leninistas, pero no debemos olvidar que no son más que dos caras del mismo fenómeno: el socialismo autoritario. Es por eso que el mayo del 68 francés fue una gran contradicción en sí mismo. Por suerte, y esto lo dice en el primer documental un europarlamentario que participó en las revueltas, el mayo del 68 francés fue una derrota política y una victoria moral. Sólo en los últimos años parece que estamos viviendo una reacción autoritaria a ese espíritu que clamó en el planeta. ¿Qué ha sido del prohibido prohibir?



martes, 27 de abril de 2010

La hora de José Mota: la receta de la Blasa.

La definitiva liberación de la mujer sólo vendrá de la equiparación de roles en el hogar. Este es un problema sobre el que seguramente han corrido ríos de tinta y, desde mi punto de vista, es evidente que la solución pasa por que las mujeres se rebelen ellas mismas contra el impulso que tienen en algunas ocasiones de ocupar esos roles sin cuestionarlos y, especialmente, sin destruirlos. Acabar con ese ídolo: la mujer que es esposa y madre, ama, señora y sirvienta de su hogar es imprescindible. Sería precioso que la mayoría de los hombres contribuyeran a eso aunque me temo que eso no va a suceder: la inercia y la comodidad juegan en esto en contra del cambio y, por consiguiente, en contra de la mujer. De modo que, mujeres, ¡uníos y aplicad la receta de la Blasa!

lunes, 1 de febrero de 2010

UNA HABITACIÓN PROPIA


Virginia Wolf
Seix Barral
153 páginas.


Esta obra sui generis de la conocida escritora británica se concibió como una conferencia aunque acabó tomando la forma de un ensayo novelado sobre la mujer y la novela. Evidentemente, muchos y profundos cambios han obrado los tiempos respecto de la situación de la mujer desde que esta novela se escribió. Cuando se dio la mencionada conferencia (1928), hacía tan sólo nueve años desde la aprobación del voto femenino en Reino Unido: paso que otros países del entorno como el nuestro aún tardarían en dar.

No obstante, este ensayo no ha perdido vigencia porque, aunque visto desde la perspectiva de los tiempos y de los ojos de Virginia Wolf, la verdad es que, por mucho que haya cambiado la situación de la mujer hoy día, el mundo de la literatura clásica es claramente masculino y siempre lo va a ser así. La literatura femenina comenzó a despuntar tímidamente a finales del siglo XVIII, pero no de forma más normalizada hasta más de un siglo después. La autora trata de perfilar con más o menos acierto las posibles causas de esa ausencia de grandes figuras femeninas entre los genios de la literatura. Sin duda, el primer obstáculo es conocer bien a aquellas mujeres de los siglos pretéritos. Virginia Wolf trata de imaginarlo. Hijas que finalmente son esposas y madres. Mujeres, al fin y al cabo, que han entregado su vida para complacer a sus padres, a sus esposos y a sus hijos, pero que no han dispuesto con casi total seguridad de independencia económica, de un espacio separado, en definitiva, de una habitación propia. Por si fuera poco con ello, las mujeres no contarían con las mismas posibilidades con las que, por ejemplo, contara William Shakespeare: ni la posibilidad de adquirir una formación adecuada ni de viajar lejos del hogar ni hacerse un hueco como actor en el teatro... Las primeras escritoras lo serían a escondidas y a ratos en la insuficiente intimidad de una sala de estar.

Por otro lado, la autora no se limita a tratar cuestiones tan prosaicas. El ensayo aborda desde una perspectiva nueva el papel del hombre y de la mujer en la creación literaria y la importancia de darle a la propia obra la perspectiva completa de los dos sexos. El escritor debe serlo para la humanidad y sólo los más grandes han conseguido reflejar fielmente lo masculino y lo femenino en sus obras imperecederas.

viernes, 28 de agosto de 2009

La segregación de las mujeres en los autobuses israelitas

El Mundo. 27 agosto 2009

Las mujeres, detrás
El País. 28 agosto 2009


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“Una vez que el fanatismo ha gangrenado el cerebro, es casi incurable la enfermedad. [...] No existe otro remedio para esta enfermedad epidémica que el espíritu filosófico, que, extendido cada vez más, dulcifica, al fin, las costumbres de los hombres y previene el acceso del mal. [...] Las leyes y la religión no son suficientes para combatir la peste de las almas; la religión, lejos de ser para ello un alimento saludable, se hace venenosa en los cerebros infectados.”
François Marie Arouet (Voltaire): Diccionario Filosófico.

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A veces cuesta creer determinadas noticias. Por ejemplo, que Israel sea un país tan atrasado en materia de no discriminación de la mujer viendo cómo están rodeados de países que consideran a la mujer poco menos que una fracción de ser humano y con los que tienen tantos problemas.

La noticia, en fin, sorprende hasta cierto punto porque, si bien Israel goza de fama de país democrático, sin duda único en Oriente Medio, y parece que se han esforzado por consolidar una democracia parlamentaria sui generis en las condiciones más adversas, la misoginia tiene una larga tradición en el monoteísmo. Si no, no hay más que recordar cómo los judíos, al igual que los cristianos y los musulmanes, consideran en su mito de la creación del ser humano (vid Génesis) cómo la mujer no es más que una especie de apéndice del varón (es lo que tiene que los autores de esos textos fueran varones en una cultura patriarcal).

En fin, la noticia tampoco tiene más comentarios. Es vergonzoso que esto suceda en un país que se dice democrático. Hay que recordar que este apelativo no se gana sine die sino día a día. El gobierno israelí debería hacer algo por evitarlo y los israelitas progresistas deberían atar cortos a esos señores de aire tan solemne y extraños sombreros y trenzas. Si deciden que no quieren compartir los asientos con mujeres, que se compren una moto o que vayan andando, ¡que es muy sano! A ver si así les da un poco el aire y se relajan.

domingo, 21 de junio de 2009

EL SOMETIMIENTO DE LAS MUJERES

John Stuart Mill
Edaf.
251 páginas.

Una de las grandes obras del feminismo clásico es El sometimiento de las mujeres y su autor, John Stuart Mill, es un hombre especialmente sensibilizado con la materia. La gran compañera de su vida, que acabaría siendo su mujer, Harriett Taylor Mill, intelectual socialista y feminista, tuvo un papel relevante en toda su obra y su acción pública.

John Stuart Mill dedicó muchos de sus esfuerzos como intelectual y diputado de la Cámara de los Comunes a acabar con la barbarie de la desigualdad entre el hombre y la mujer de su época. Esta obra fue publicada en 1869. Elevó al parlamento peticiones para aprobar el voto femenino. Todas ellas fueron desechadas, no se libró de la burla de sus compañeros diputados, pero fue ganando apoyos y abrió una brecha en el Reino Unido. Desde ese momento, se había llegado a un punto sin retorno. El debate era inevitable. La obra de John Stuart Mill fue el motor principal de muchos de los movimientos feministas que se iniciaron en Europa en aquellos años. Su libro fue leído por muchas mujeres que luego iniciarían el tortuoso camino de liberación de la opresión, de eliminación de la desigualdad, de lucha por sus derechos.

El libro es, en sí, un ensayo revolucionario. Sólo alguien de su talla intelectual, de su prestigio y de su posición podía permitirse el lujo de publicar algo así. No es sólo un ensayo brillante sino la destrucción de todos los prejuicios en los que se había basado la creencia popular de la inferioridad de las mujeres. La obra recorre todos los ámbitos imaginables. Por supuesto, se refiere a la educación que recibían las mujeres, a los condicionamientos a los que se veían sometidas desde pequeñas para moldear su carácter. Trata la cuestión de la desigualdad jurídica. La mujer inglesa de su tiempo, y no creo que fuera una excepción, no podía tener propiedades y estaba sometida a la autoridad paterna o marital. Tenía el mismo estatuto personal que un menor. No eran consideradas, en definitiva, personas adultas plenas, como sí lo eran los varones. Otro asunto que abarca es el de las ocupaciones de las mujeres. Defiende la libertad que deben tener para elegir cómo desarrollar su propia vida. Por otro lado, el gran tema es el del matrimonio: la otrora institución de sometimiento por antonomasia. Él reivindica la plena igualdad de la mujer y también lo hace en el ámbito de la vida conyugal. Además de criticar la cuestión jurídica y de poner de relieve los absurdos en los que se asentaba el matrimonio, aboga por un proyecto común de convivencia en igualdad.

No obstante, la importancia de esta obra no estriba sólo en el avance que supuso para las mujeres de todo el mundo. John Stuart Mill articula toda su palabra en virtud de nuevos principios, de principios revolucionarios que a la postre implican cambios radicales en todos los ámbitos imaginables y que están presentes en todas sus obras. Dedica especial energía a combatir los prejuicios; a revisar las tradiciones, los lugares comunes; a terminar con la ley del más fuerte, y a ampliar la igualdad, la libertad y la felicidad generales al margen de cualquier otra consideración. Es este sistema de pensamiento el verdadero martillo que libera el intelecto de los múltiples yugos a los que suele acomodarnos el pragmatismo. John Stuart Mill nunca dejó de tener los pies en el suelo. Supo llevar con estrategia de buen político su acción pública, pero no perdió jamás la perspectiva del reto que tenía delante. Sin duda, merece un homenaje de todos los amantes de la libertad.