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sábado, 7 de mayo de 2011

Juguemos a que nos gusta el Tribunal Constitucional un día sí y otro no


El concepto que los españoles tienen del Tribunal Constitucional está bastante claro hace desgraciadamente algunos años y ayer estuvieron a su propia altura.
Federico Trillo, ocasional pagador de limosnas a periodistas

A lo largo de mis estudios he tenido la ocasión de analizar a fondo varias sentencias del Tribunal Constitucional y, desde entonces, he tenido en gran estima su labor y la importancia que tiene su presencia para la salud del sistema democrático español. Sin escapar del todo a alguno de los males que atacan al sistema judicial español, especialmente el de la saturación, el hecho de ser el único tribunal que admite a magistrados que no sean jueces de carrera aporta un elemento interesantísimo que enriquece sus sentencias y aporta rigor e independencia.

La ley de partidos políticos es un instrumento peligroso si no existen los controles oportunos. Da el poder de ilegalizar partidos y de prohibirles presentarse a unas elecciones y, dada la situación de ETA-Batasuna, ese paso era necesario. La democracia debe defenderse del terrorismo incluso impidiendo que el apoyo a éste se le preste desde las mismas instituciones y, si eso supone ilegalizar un partido, entra dentro de la lógica de respeto que se espera de los partidos políticos en una democracia (no que tomen apuntes de las rutinas de los compañeros de bancada para que luego otro les espere fuera con una pistola). Eso lo hemos entendido muchos españoles, incluso entendemos que es una exigencia democrática. Pero con esto hay que tener precauciones. Los demás partidos no pueden jugar a que aceptan las sentencias cuando éstas ilegalizan partidos y que no las aceptan cuando rechazan la ilegalización (o la concurrencia a unas elecciones como es este caso). Y éste empieza a ser ya un juego recurrente.

Ignoro los motivos de fondo para evitar que Bildu se presente o no a estos comicios, pero sé que el Tribunal Constitucional ha demostrado en su historia el rigor y la profesionalidad suficiente como para hacer respetar escrupulosamente los derechos humanos en nuestro país. Y ha funcionado. El prestigio de España como país democrático se debe en buena medida a que tenemos un gran sistema legal de garantías de los derechos y libertades fundamentales, además de tener ratificados con contadas matizaciones todos los Tratados y Convenios Internacionales en materia de derechos humanos que tienen a bien informar la doctrina del Constitucional. Así que más allá de que Bildu deba o no concurrir a las elecciones, tema que no conozco en absoluto con el suficiente detalle, debemos alegrarnos de que el sistema haya funcionado y de que el Tribunal Constitucional haya emitido sentencia le pese a quien le pese, como ha hecho siempre, al menos en materia de derechos humanos. Así que cuando a algún etarra se le ocurra venir con la milonga de la opresión franco-española y demás miserias intelectuales para justificar la violencia, el horror y la muerte, los españoles, también ellos, podremos decir que no tenemos ninguna duda de que desde 1978 España tiene uno de los sistemas legales más garantistas del mundo. Para botón de muestra: esta sentencia. Si incluso en casos dudosos como éste, el Constitucional votara siempre sin escisión por el sí a la prohibición de concurrir a las elecciones, sospecharía. Como no siempre es así, parece que se están haciendo bien las cosas. ETA o no, la historia lo dirá. Mientras tanto, tendremos la conciencia tranquila sabiendo que al menos, por ahora, aunque algunos políticos no quieran, la democracia está a salvo.



El Constitucional da vía libre a Bildu para acudir a las elecciones
El País. 5 de mayo 2011.

martes, 19 de abril de 2011

De la laicidad y los símbolos del Estado (o de cómo nos roban la bandera)

Le agradezo que me haya facilitado esta fantástica imagen tomada el año pasado en la Plaza de la Constitución de Málaga.

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Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Antonio Machado

***
Durante la Semana Santa, los ciudadanos de este país concienciados con la cuestión de la laicidad contemplamos con espanto como las banderas de España se colocan a media asta desde el jueves santo hasta el domingo de resurrección. Esto, que no deja de ser un gesto, no por ello es menos importante y es que este país, a pesar de todo lo que ha llovido desde el 75, sigue viviendo bajo la sospechosa tutela moral de una iglesia, la católica, que practica una prepotencia intelectual y política de un calibre alarmante.

Para colmo, los políticos de este país, incluyendo los “hiperprogresistas” del PSOE todavía no se han dignado a poner fin a esta desfachatez que es la confusión de los símbolos del Estado con los símbolos religiosos del catolicismo. Sin embargo, esto no es más que el tema de siempre. Los españoles siguen pensando en España con el adjetivo de “católica” de forma mayoritaria y siguen asociando muchos otros valores con los que buena parte de España no se identifica. Esa confusión desastrosa y guerracivilista entre religión, ideología conservadora y nación es lo que lleva al desapego, tan natural por otra parte, de buena parte de la sociedad española hacia la bandera bicolor: ese símbolo de la España de siempre; la España de pandereta; del bajo palio; de la picaresca y el orgullo; de la envidia malsana y el colmillo retorcido; del recelo hacia el que piensa diferente, del que es diferente, del que no es ni blanco ni católico ni conservador... De ése que en definitiva viene a alterar lo que este país y sus símbolos significan para ellos: el patriarcado.

Cuando algunas personas educadas se disponen a solicitar casi disculpándose que se retiren los símbolos religiosos de los edificios públicos, cuando algún español ejerce su derecho a la libertad religiosa y solicita ante un tribunal el respeto a sus derechos más elementales y a la laicidad del Estado, entonces, la caverna de la reacción, la que sigue confundiendo nación, religión y conservadurismo, se le echa a la yugular y le acusa de atacar a los cristianos, de cristianofóbico y de exaltado. Y es que por desgracia ellos van a ser siempre, en su ideario, los sobrelegitimados, los que tienen a la TRADICIÓN y a la HISTORIA de su parte, los que juegan en el equipo de DIOS y de la VERDAD. Y ése es el problema sustantivo: la razón por la cual las ideologías totalitarias han sido demonizadas y denostadas, a saber, tener una visión totalizadora de la realidad y creer a fe ciega en unos dogmas y un líder carismático, es la misma razón por la cual se venera y se siguen las religiones que, día a día, amenazan los estilos de vida que consideran desviados o contrarios a la moral.

¿Cómo quieren hacer país, construir una identidad nacional común, si están constantemente otorgando carnés de patriota y decidiendo lo que es y lo que no es la ortodoxia españolista? ¿Cómo quieren que nos identifiquemos con los símbolos de España si nos los roban desde el propio aparato del Estado, si ni siquiera el PSOE es capaz de acabar con esa usurpación? El partido conservador se congratula en afirmar que el Presidente del Gobierno es un títere de los gobiernos extranjeros que le han impuesto una política de austeridad y que han convertido a España en un protectorado y, sin embargo, nada dicen cuando ese Estado extranjero que es el Vaticano interfiere en los asuntos internos como el derecho civil o la legislación penal. Nada dicen de ese protectorado moral, mucho más grave, porque en el fondo lo desean, porque su pérdida supondría la pérdida de lo que ellos consideran que es esencial en la españolidad: la cristiandad.

El único consuelo es que algún día ellos probarán su propia medicina. La doctrina de “la religión mayoritaria es la religión preferente”, sentada de forma tan innoble en nuestra tan venerada Constitución, les llevará a la enorme contradicción de tener que asumir que, cuando la mayoría de la población española sea musulmana, España se convertirá en una monarquía islámica. Y, lo peor de todo, no sólo no habrán hecho nada por evitarlo sino que habrán sentado las bases para ello. Su política de religión en las escuelas es la primera que lo propicia con el inigualable patrocinio del erario público. Cuando veamos las banderas a media asta conmemorando el martirio de Alí no será a mí a quien puedan reprocharme no haber advertido de las nefastas consecuencias de esa confusión entre religión y Estado.

martes, 5 de abril de 2011

Alternative Vote System


El Reino Unido elige a sus diputados por un sistema mayoritario de diputado único por circunscripción desde hace siglos. Este sistema se conoce como First Past The Post (FPTP) y, entre otros, como Winner-takes-all, un nombre que define muy bien como funciona. El primer candidato en número de votos se lleva todos los escaños, en este caso uno, aunque sólo represente a una minoría. Lógicamente, este sistema obliga a concentrar el voto (voto táctico) porque penaliza mucho la elección de candidatos de terceros partidos, que difícilmente tienen opciones.


Uno de los mayores miedos de los detractores de AV es que políticos como Nick Clegg salgan reforzados. Considerando su imagen pública después de la reforma universitaria, es dudoso que ni el AV salve a Clegg


Este sistema, pese a toda la tradición que tiene en el Reino Unido y su amplia extensión por el mundo, ha sido puesto en tela de juicio muchas veces por su "injusta" redistribución de los escaños. Desde que se formó el gobierno de coalición, sin embargo, el cambio parece posible y, de hecho, los británicos están llamados a las urnas el 5 de mayo para elegir sus ayuntamientos y, de paso, votar en referendum si se instituye lo que se ha dado en llamar como sistema de voto alternativo o Alternative Voting System (AV), un sistema según el cual, gana el candidato con más del 50 % de los apoyos, para lo cual se tienen en cuenta, en primer lugar, sus votos como primera opción y, en caso de no ser suficiente, se confrontarían sus apoyos como segunda opción y así sucesivamente. Esencialmente, se busca que quien consiga el escaño sea el que verdaderamente recoja más consenso entre el electorado. Esto tiene mucho sentido, especialmente si sólo hay un candidato por circunscripción. AV, que ya se usa para más inri en la elección de los ayuntamientos sin ir más lejos, plantea, no obstante, el problema de que el ganador no sea el más votado como primera opción y da, según las circunstancias concretas de empate entre candidatos, "n" votos a cada elector (hasta que alguno alcance más del 50 % de los apoyos). Esto plantea para muchos la objeción de que terceras opciones como los Liberal Democrats, que podrían ser una segunda opción tanto de los que votan primero Labour como Conservatives, pudieran convertirse en ganadores, teniendo empero pocos votos como primera opción.

Hasta qué punto esto es posible lo ignoro. Lo que sí es cierto es que la democracia más antigua del mundo está apunto de decidir si cambia uno de los elementos sustanciales de su sistema. Lo que no acabo de ver muy claro es que con la dispersión del voto que hay en el Reino Unido, este país necesite un sistema electoral que refuerce esa dispersión dando peso a las terceras opciones. ¿Hará esto ingobernable al Reino Unido?

Electoral Reform Society

Electoral Reform Society

sábado, 26 de marzo de 2011

Democracia según y como


Los sucesos en el norte de África han puesto en evidencia décadas de política exterior occidental de componendas con regímenes de todo tipo. Ni a la progresía oficial ni a los abanderados de la “libertad conservadora” se les pasaba por la cabeza criticar a ninguno de los regímenes que han ido cayendo y que, ahora, son juzgados y condenados por la historia: grandes paradojas. La historia la escriben los vencedores y los pueblos tienen poca memoria: vamos, que se junta el hambre con las ganas de comer y no sólo no hemos aprendido nada del norte de África sino que muchos han tardado cuatro milésimas de segundo en seguir llevándose bien con Arabia Saudi y otros fulanos de la región.



David Cameron se atrevió a cuestionar el falso dilema de que en política internacional los países democráticos deben elegir entre sus valores y sus intereses. Y fue más lejos afirmando que sólo la apuesta por los valores democráticos es la garantía de la estabilidad que otro tipo de cálculos han pretendido garantizar a costa de regímenes dictatoriales. En buena medida tenía razón, pero ni sus declaraciones ni los recientes sucesos han cambiado ni van a cambiar la política exterior de los países occidentales frente a muchos regímenes dictatoriales que aún perviven. Y es aquí donde queda en evidencia otro factor más del que hablaba Cameron. La idea de la excepción árabe es errónea y ofensiva. Esa idea occidental de que las naciones árabes no estaban socialmente preparadas para la democracia lindan con el racismo y mucho me temo que lo seguirán haciendo porque aún muchos en occidente, lejos de reconocer el impulso laico y secularizador que ha puesto en marcha estas revueltas, sigue adoptando un discurso del miedo a la deriva integrista que suena más a ignoracia, desconfianza y prejuicios occidentales que a una apuesta decidida por el cambio.

Es cierto que las reformas se llevan su tiempo y que muchas sociedades de tradición islámica tienen aún mucho camino por delante hasta respetar el grado de libertades individuales que tenemos en occidente, pero no creo que apoyar a dictadores como Gadafi sea una solución en ese sentido. La idea de que occidente es distinto sólo porque ahora hemos alcanzado un cierto nivel de desarrollo es una falacia que esconde nuestra historia reciente. No hace tanto que las sociedades europeas eran pobres, estaban religiosamente fanatizadas y violaban con frecuencia los derechos humanos... Así que más que hechos diferenciales debemos buscar hechos coincidentes y apoyar las bases de progreso en esas sociedades. Por suerte, estos pueblos tienen algo que los occidentales no tuvieron: internet. Con un acceso libre a la red, el cambio es incontenible.


The Telegraph. 22nd February 2011

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Wikileaks


El secreto diplomático y el secreto de Estado es un gran invento por el cual los gobiernos pueden hacer todo tipo de fechorías y artimañas que seguramente la opinión pública desaprobaría, pero que “las circunstancias” mandan. Digamos que es una suerte de coartada intelectual y jurídica para que la acción del Estado quede en una cómoda sombra, oculta a los inocentes ojos de unos ciudadanos que no están preparados para saber toda la verdad por lo aterradora que es. Y no faltará quien diga que el bien común y los intereses nacionales necesitan esa discreción y, por qué no, esa discrecionalidad: “¡qué el Estado haga lo que quiera!” Es la consigna. Entonces llega Wikileaks y filtra cientos de miles de documentos que muestran a plena luz del día los entresijos de la diplomacia norteamericana y, con ella, muchos asuntos domésticos de multitud de países, entre ellos, España.

Algunos, insisto, dirán que esto no se puede consentir y que las filtraciones son un problema para la seguridad y los intereses nacionales. Vendrán con argumentos pragmáticos justificando la opacidad en la actuación del Estado. Sin embargo, todas estas revelaciones son un servicio fundamental y el papel que juega Wikileaks en todo esto es clave. Tan clave como otras tantas filtraciones históricas que han destapado escándalos como el Watergate. Y es que el Estado, a diferencia de un particular, tiene que estar sometido al escrutinio público en su actuación, especialmente en aquellos asuntos que conciernan a la opinión pública por su interés político y, en algunos casos, incluso jurídico.

En este contexto, Wikileaks es uno de esos fenómenos entrañables de este periodo de la era digital que lamento que pronto veremos con nostalgia: esa época en la que Internet era lento, pero aún era libre. Y es que los distintos gobiernos occidentales ya se han puesto manos a la obra en algo que era más que previsible: silenciar a Wikileaks. Y todo ello por una sencilla razón, lo que Wikileaks ofrece es demasiado bueno para saberse. Si alguien pensaba que las democracias occidentales son paraísos de la libertad, se equivoca. Los Estados democráticos toleran las discrepancias políticas y culturales al uso, pero no están dispuestos a permitir que sus actuaciones sean tan transparentes. Después de todo, también la democracia tiene sus tabúes.

El País. 3 de diciembre 2010.

martes, 14 de septiembre de 2010

¿Cae el telón de acero de la Habana?

El gobierno cubano prepara una reforma para reajustar la plantilla estatal y permitir el trabajo asalariado con empleadores privados, entre otras medidas. Aunque aún se desconoce el alcance de la medida, parece que el régimen totalitario de los Castro va a ir evolucionando inevitablemente hacia una mayor libertad económica ya que su modelo económico, como todo régimen socialista, ha resultado insostenible. La pregunta es ¿cuándo llegarán las libertades políticas y hasta qué punto recuperarán los cubanos sus libertades económicas? y ¿con qué garantías?

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El País, 13 de septiembre 2010.

martes, 29 de junio de 2010

Libertad en internet

Es cierto que internet ha supuesto un avance para la democracia, allí donde hay democracia, pero ¿qué sucede en otros países? La censura en internet está a la orden del día y, aunque parezca mentira, es posible ponerle puertas al campo. Por suerte, siempre habrá algunos avezados capaces de burlar los yugos de los gobiernos.

El País. 11 marzo 2010.

martes, 20 de abril de 2010

Desmitificando el liberalismo (iii): los derechos humanos.


Por alguna razón, la lucha por los derechos humanos aparece ante el común de la gente como una lucha histórica de la izquierda y, por ende, de la socialdemocracia, ya que parece que toda izquierda hunde sus raíces en el socialismo. Sin embargo, esto no es más que otra confusión seguramente propiciada por varios factores.

El primero, antes de la irrupción del socialismo, la izquierda era el liberalismo y eran éstos, efectivamente, los que abanderaban la lucha por los derechos humanos, aquellos que hoy se conocen como de primera generación y que son, a la postre, los más importantes: los derechos civiles y políticos. El segundo, el socialismo pensó hallar la panacea con los derechos humanos de segunda generación (los económicos y sociales), aunque aún no se llamaban así, el socialismo científico llegó a propugnar un cambio violento del sistema político y la dictadura para garantizar la igualdad material plena en una futura sociedad comunista sin Estado. Esta postura fue suavizada por la socialdemocracia, aquéllos que Lenin consideraba traidores. Los Kerenski de turno defendían la instrumentalización del Estado burgués para lograr los objetivos de mayor igualdad de la clase obrera. Ahora los derechos civiles y políticos sí estaban mejor vistos entre los socialistas, éstos de nuevo cuño, los socialdemócratas, que se conformaban con sacrificar la libertad económica para saciar su justicia social (F. A. Hayek demostraría en Camino de Servidumbre, 1944, la falacia de que pueda haber libertad sin libertad económica). Estos socialdemócratas se convirtieron a la larga en la cabeza visible de la lucha por los derechos civiles y políticos, ésos paridos por el liberalismo, en países con dictaduras como España. Por último, la actitud de muchos “liberales” actuales que parecen prescindir de los derechos humanos siempre que la jugada lo aconseje, por ejemplo, en el contexto internacional, ha jugado a favor del desprestigio del liberalismo. El resultado es que en el imaginario colectivo el liberal es ahora un ser deshumanizado que antepone sus intereses económicos a la defensa de los subyugados derechos humanos en países distantes o que, por contra, sólo defiende esos derechos humanos si se trata de atacar a una dictadura de corte socialista (¿qué dictadura no es, en su raíz, socialista?).

Sin embargo, recapitulemos. Algunos dirían que la lucha por los derechos humanos comienza con la “Bill of Rights” de Inglaterra de 1689 que no es más que una reafirmación de la soberanía del Parlamento sobre la monarquía. Es un buen comienzo, pero el nacimiento como tal de esa lucha deberíamos ubicarlo con mayor precisión en Estados Unidos de América porque fue allí donde las leyes de derechos con rango constitucional se fueron aprobando desde el inicio de la Guerra Revolucionaria en 1775. Estas constituciones fueron muy avanzadas y, después de ellas, vinieron las diez primeras enmiendas a la Constitución federal en 1791. El primer gran hito europeo vendría con la Revolución francesa en 1789. A partir de ahí se sientan las bases para reivindicar la garantía de las libertades fundamentales en otros países más atrasados como el nuestro: libertad religiosa; derecho de reunión y asociación; libertad de expresión; propiedad privada (que ahora no es un derecho fundamental). Con ellas, también se debían establecer cambios políticos y mecanismos de control apropiados: soberanía nacional, división de poderes, imperio de la ley (Estado de derecho), garantías procesales...

La gran aportación del liberalismo ha consistido, por tanto, no sólo en el alumbramiento de los derechos humanos sino en su irrenunciable acompañamiento por un sistema de gobierno representativo, con un Estado de derecho que proteja al ciudadano no sólo de las injerencias ilegítimas de sus vecinos sino de los abusos del poder establecido. El actual Estado democrático de derecho es, por tanto, puro producto del liberalismo. Y es que de nada sirve que se garanticen sobre el papel los derechos y las libertades fundamentales si el poder es lo suficientemente fuerte para vulnerarlos y salir airoso. Por ello, siempre se ha planteado y discutido la eterna cuestión de la concentración de poder: ¿cómo dividir el poder sin hacerlo ineficaz por un lado ni permitir su abuso impune por otro? Los sistemas propuestos han experimentado diversas variaciones con el tiempo y, como todo sistema humano, ninguno ha sido perfecto, pero para el liberalismo hay una evidencia, la máxima de la Declaración de 1789: “toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución”. Y así es. ¿Cuántos países que vulneran sistemáticamente los derechos humanos tienen firmados varios tratados en materia de derechos humanos? Demasiados. La garantía de los derechos humanos exige mucho más que una mera declaración o un tratado internacional, exige todo un sistema político, la democracia, que es bastante más que el simple poder de la mayoría. Sólo el poder limitado de la mayoría para la preservación de los derechos de la minoría en una sociedad plural y respetuosa puede ser garantía suficiente de la libertad. Esta es la gran lección de “Sobre la Libertad”, de John Stuart Mill.

sábado, 17 de abril de 2010

Javier Marías habla del "prohibicionismo"

Quería llamar la atención sobre una noticia publicada el 2 de marzo en la que Javier Marías alerta sobre el afán prohibicionista cada vez más imperante. Es un consuelo escuchar voces autorizadas críticas con la dinámica colectiva de esta España, la de la derecha y la izquierda, que se confabulan contra la libertad desde sus ideales particulares.

Javier Marías.

miércoles, 14 de abril de 2010

Feliz Día de la República


Aprovecho la ocasión que me otorga el calendario para brindar por el republicanismo y confiar en el futuro advenimiento de una Tercera República española y una Primera europea que habrá de ser, en mis sueños, un sistema mucho más democrático y menos estatista. Algún día, cuando el pueblo europeo deje la decadencia en que está sumido, cuando deje de preocuparse por su dependencia y se ocupe de su libertad.

Termino con una cita del célebre republicano y ciudadano del mundo, Thomas Paine:

Cuando examinamos las terribles circunstancias del hombre, bajo los sistemas monárquico y hereditario del gobierno, arrancado de su casa por una fuerza, o expulsado por otra, y más empobrecido por los impuestos que por sus enemigos, resulta evidente que esos sistemas son malos, y que hace falta una revolución general en el principio y la formación de los gobiernos.

¡Salud y República!

miércoles, 17 de marzo de 2010

Tonta censura

Para censurar hay que tener un talante ciertamente autoritario, pero, además, se requiere una cierta inteligencia. Parece que esto último no sucede en el caso del PP de la Comunidad Valenciana que lo único que ha conseguido con esta acción inadmisible de censura es dar a conocer de qué pie cojean amén de lograr una difusión de las fotografías que no hubieran soñado sus autores ni en el mejor de los escenarios. Para que no se salgan con la suya, a pesar de que han vuelto a abrir la exposición donde había sido retirada, me hago eco de esas fotografías y sus comentarios, que fueron publicados en El País el 9 de marzo.

jueves, 11 de marzo de 2010

Violencia política

El pasado 5 de marzo contemplamos un espectáculo bochornoso más. Rosa Díez acudió a la Universitat Autònoma de Barcelona para pronunciar una conferencia –lo normal tratándose de ella–, pero en esta ocasión tuvo serias dificultades. Un numeroso grupo de estudiantes nacionalistas radicales hicieron todo lo posible para boicotear el acto: no querían que se produjera, querían callar la voz de Rosa Díez y asustar. Por desgracia, lo consiguieron.

En primer lugar se dispusieron a irrumpir en el salón de actos donde se iba a celebrar el acto. El rector se vio obligado a trasladar la ubicación de la celebración de la conferencia que, finalmente, fue pronunciada ante un reducido número de personas en un aula. A la salida, los mismos energúmenos de antes (y los de siempre) la siguieron hasta la salida. No dejaban de gritar improperios y consignas mal trabadas. Rosa Díez tuvo que ser escoltada en todo momento; le arrojaron papeles y piedras; incluso se apostaron alrededor del vehículo de modo que parecía que no iba a conseguir salir de allí. El rector también sufrió directamente este acto de violencia: le arrojaron pintura roja. Todo, en su conjunto, fue un acto lamentable de violencia política, una acción deliberadamente ejecutada para cercenar la libertad de expresión no sólo de una ciudadana sino también de una diputada, de una señora que nos representa a todos, y, por añadidura, la libertad de todos aquéllos que tenían la voluntad de escucharla, de acudir al acto en ejercicio de una libertad política fundamental: el derecho de reunión.

Es evidente que esta entrada es una condena de esta acción, una denuncia de la violencia política, del fascismo que tiene tomadas determinadas facultades de este país (ya le ocurrió lo mismo en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid aunque tuvieron menos éxito), pero es también una manifestación de aflicción por esta parte de la comunidad universitaria envenenada por el totalitarismo, por esos fascistas engañados que creen en la superioridad de una causa sobre las personas. La universidad ha sido siempre un espacio de refugio político incluso en los tiempos más adversos y es por ello que, quizás, con el robo de este espacio público a la democracia es cómo más daño nos hacen.

Y, después de todos estos episodios, yo me pregunto ¿en qué van a quedar estas acciones? ¿Es gratis en este país ir a actos públicos y reventarlos, impedir que la gente exprese sus ideas con libertad? ¿Dónde está el ministerio público, el juez instructor, la policía, la propia universidad si no es investigando a los responsables para emprender acciones legales? ¿Van a quedar impunes? Si cada vez que pasa algo así vamos a quedarnos sin hacer nada, estamos haciendo más que nadie para legalizar el fascismo. Si pensamos que nada nos va ni nos viene por que una diputada tenga que salir escoltada de una universidad mientras le arrojan papeles y piedras, es que no merecemos la democracia porque ésta no sólo está en las leyes o en la Constitución sino que hunde sus raíces en el espíritu de respeto de los ciudadanos. Si nosotros mismos perdemos el respeto por nuestra democracia, sólo nos queda la esclavitud.

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sábado, 19 de diciembre de 2009

Contestación al artículo de Manuel Pastor 'Notas sobre un coloquio en el círculo de Bellas Artes'

Lo prometido es deuda y el miércoles 11 de noviembre quedé en comentar un artículo de Manuel Pastor publicado en Libertad Digital sobre la mesa-coloquio del Pensamiento liberal en la actualidad que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el pasado día 3 del mismo mes. Así y confiando que hayáis leído ese artículo, voy a citar y a comentar alguna de sus partes.

Comienzo con la siguiente cita de Manuel Pastor: “Irene Lozano, colaboradora de ABC, es una mujer joven con evidente talento, pero Vargas Llosa tuvo que matizar y corregir algunas de sus opiniones un poco excesivas o radicales acerca de la democracia liberal.”
Irene Lozano intervino para decir que la democracia española estaba secuestrada por lo partidos políticos y que, por ello, no tenía la impresión de estar verdaderamente en una democracia. Lo que yo entendí de sus palabras fue que los partidos actuales hacen imposible una verdadera representación de los ciudadanos. Sin embargo, Vargas Llosa, prevenido por la posible mala interpretación que podía hacerse de ese mensaje advirtió del peligro de pensar que la democracia es posible sin partidos políticos y que éstos son la causa de todos los males del sistema porque, añadió, que algunos políticos lo habían empleado para imponer sistemas autoritarios personalistas. A continuación, Irene Lozano se prestó a aclarar que su mensaje no había ido contra los partidos como institución, que ella cree necesaria, sino contra los partidos que actualmente monopolizan y, de hecho, impiden el acceso al poder de los ciudadanos. Luego no creo que se diera tal corrección sino tan sólo una aclaración.

Más adelante en su artículo, Manuel Pastor dice: “Tampoco nadie objetó nada a que Lozano mencionara como modelos liberales a John Stuart Mill en su etapa final, pese a que él mismo hablaba entonces de 'socialismo liberal'”.
Una vez más rezuma la animadversión que algunos liberales vestidos de conservadores destilan hacia este autor, que no tuvo tapujos en defender con una coherencia y una formación formidables el liberalismo político clásico, esto es, un liberalismo progresista, laico y que defiende un cierto, pero limitado papel del Estado, no su extinción, como haría un marxista o un anarquista. Resulta extraño que Manuel Pastor quiera negarle al Mill tardío el calificativo de liberal. Sería de agradecer que nos comentara con más detalle en qué aspectos concretos reniega de toda su obra anterior en la etapa última de su vida. Por lo demás, no entiendo que quiera negarle el apodo de liberal por lo que califica de obsesión de Mill por promover el aborto libre porque esto no se contradice con el liberalismo. Esa postura precisamente amplía las libertades de la mujer si bien a costa del derecho a la vida del no nacido. Todos los argumentos que se exponen contra el aborto no se basan en su beneficio para la libertad sino precisamente en una restricción de una libertad que se entiende desmedida en virtud de otras consideraciones morales.
En cualquier caso, ya se sabe que a muchos les cambia la cara cuando oyen hablar de progresismo y laicismo porque verdaderamente no creen en la libertad sino en la tradición y esperan la menor ocasión para salir en defensa de los símbolos religiosos en edificios públicos (siempre que sean sus símbolos, no los de los demás).

En el párrafo siguiente avanza diciendo: “José Varela dijo cosas correctas (referencias a Burke y a los Founding Fathers norteamericanos; responsabilidad del intervencionismo político en la crisis financiera mundial)”.
Efectivamente, José Varela parecía representar ese liberalismo arcaizante y encorsetado que aún conserva las orejeras y no ve más allá de los dos o tres asuntos clásicos que, si bien son imprescindibles, se muestran claramente insuficientes al tratar otros temas. De ahí creo que proviene la alabanza de Manuel Pastor que debió de sentir auténtica empatía con este personaje. Por otro lado, si bien le reprocha a sus intervenciones el “tono profesoral (prolijo y aburrido)”, yo las encontré de lo más interesante.

Seguidamente, después de elogiar a Savater, dice: “Savater no es exactamente un liberal, sino un libertario perteneciente al linaje de Voltaire y Nietzsche (conviene recordar que éste dedicó una de sus obras al primero, del que siempre fue admirador), excesivamente afrancesado y polimorfo. En un momento del coloquio llegó a proclamar, ante el regocijo de los asistentes, que él, cuando muera, no quiere ir al cielo, sino a Francia, cosa –pienso yo– que tiene bien fácil incluso en vida (aunque ahora parece que tiene dudas acerca de Sarkozy). Ese afrancesamiento le hace ser a veces un poco jacobino y muy anti-católico ("protección social y educación a cargo del Estado", "prohibición de la educación en casa", "fuera crucifijos de las aulas"), lo que se compadece muy poco no sólo con el auténtico liberalismo, sino con el libertarismo. En él vemos claramente a un representante de esa tradición ilustrada francesa, progresista, tan diferente de la escocesa-inglesa-americana, liberal-conservadora; esto es, a un volteriano más que a un tocquevilliano.”

Los que me conocen bien saben que me he revuelto en la silla al leer este párrafo. Una vez más el articulista se desenmascara: le reprocha a Savater su pertenencia al “linaje de Voltaire y Nietzsche” y que le haya dedicado al primero uno de sus libros. Tampoco muestra especial satisfacción con su “afrancesamiento” ni con el regocijo manifestado por el público ante sus jocosos "últimos deseos". Continúa diciendo: “Ese afrancesamiento le hace ser a veces un poco jacobino y muy anti-católico” y remata que representa a la tradición ilustrada francesa, progresista, que es más un volteriano que un tocquevilliano. ¡Vaya novedad! Pero aquí volvemos a ver lo de siempre. ¿A qué viene esa fascinación por lo anglosajón? No precisamente viene de su liberalismo sino más bien de su tradicionalismo porque los países del precedente vinculante han sido y son más lentos en adoptar cambios que permitan una mayor libertad de los individuos, si bien luego han estado más asentados, y, especialmente, porque la tradición anglosajona está hermanada con la religión y reñida con la laicidad del Estado. Lo mejor de la tradición francesa ilustrada es precisamente lo que más critica el articulista: su condena de la superstición, del oscurantismo y del fanatismo religioso así como su defensa de la tolerancia, que fue fundamental para implantar esa libertad religiosa en la que muchos aún no creen en occidente... Manuel Pastor no critica la excesiva burocratización de Francia, el intervencionismo de la República francesa en la economía, ¡no! Critica la tradición laicista republicana y, con ello, revela un tradicionalismo religioso que, parafraseándole, se compadece muy poco con la libertad.

Por último, sobre Vargas Llosa afirma: “Vargas Llosa comparó a los liberales con los trotskistas en su fatal tendencia al sectarismo y la disidencia. Detecté en Vargas Llosa una ligera alergia o temor a que se le identificara con los conservadores, pero él mismo reconoció su admiración por Margaret Thatcher. Hizo también alguna afirmación general excesiva, como que todo nacionalismo es un peligro y que siempre es mejor la peor de las democracias a una dictadura benevolente.”

No creo que la comparación con los trotskistas fuera un reproche a los liberales sino más bien un elogio por su parte porque creo que lo contrario, esto es, el liberalismo como una ideología uniforme y monolítica es lo que más le asusta. Por otro lado, Vargas Llosa no es conservador ni liberal-conservador sino simplemente liberal, de la tradición política clásica, y se ha desmarcado públicamente en muchas ocasiones, entre ellas, en la presentación del nacimiento de UPyD del conservadurismo que él no considera liberal. Por lo demás, la defensa que hizo Vargas Llosa de la democracia, además de ser cierta, es muy elogiosa porque, como demuestra el propio Manuel Pastor, para algunos la democracia no es un fin en sí misma sino un medio.

Sobre esto, dice en su párrafo final: “Creo que hay que diferenciar el nacionalismo liberal, integrador, de los nacionalismos étnico-culturales, excluyentes. Por otra parte, en teoría, es decir, en un sentido conceptual abstracto, es fácil ponerse siempre del lado de la democracia, pero la realidad es más compleja, y, en un sentido histórico concreto, por ejemplo, la dictadura constitucional de Lincoln ante la rebelión confederal fue necesaria para evitar males mayores”. Y continúa más adelante: “Para el liberalismo lo sustancial es la libertad –o las libertades–, y la democracia es lo adjetivo y procedimental; es decir, que no toda democracia vale: no vale, por ejemplo, la que destruye las libertades.”

Comparto parcialmente lo que Manuel Pastor aquí quiere reflejar, pero añadiría que para un liberal la democracia no es el gobierno de la mayoría sino el gobierno limitado de la mayoría y, por lo tanto, para un liberal es imposible que haya una democracia si una mayoría parlamentaria o un presidente nombrado en sufragio directo tienen poderes ilimitados, desproporcionados o incontrolados de los que se derivarían consecuentemente una restricción de la libertad. Si esto fuera así, estaríamos ante una dictadura de la mayoría y entonces ya sí sería discutible decidir, según el contexto histórico, si nos agrada más que el tirano sea el pueblo o que lo sea una facción o partido minoritario. Manuel Pastor, por contra, da a entender que puede haber democracias que sí restrinjan las libertades, es decir, dictaduras de la mayoría. A mí personalmente me desagradan todas las tiranías y entiendo que la única solución honorable en ese caso es la resistencia civil. Creo, por lo tanto, que lo que se ha dado en conocer como democracia liberal siempre es preferible a la mejor de las dictaduras y considero que éste era el sentido en el que hablaba Mario Vargas Llosa. Cualquier discurso de componenda con la dictadura es muy peligroso, especialmente en la medida en que ayuda a menoscabar la democracia que los liberales supuestamente estamos dados a defender sea el gobierno del color que sea.

Por otro lado, su defensa del nacionalismo liberal integrador me parece una contradicción en sus propios términos puesto que todo nacionalismo es "per se" excluyente. El hecho de que tenga un menor componente étnico o cultural no excluye que, finalmente, ese nacionalismo se salde con alguna restricción de la libertad, por ejemplo, de la libertad económica de comerciar libremente sin fronteras. Si para él es integrador el nacionalismo en virtud del cual los europeos y norteamericanos estamos protegiendo nuestras industrias y explotaciones agropecuarias de la libre competencia internacional, me temo que manejamos distintos significados acerca del adjetivo “integrador”.

Finalmente, vuelvo a destacar que el coloquio me pareció sumamente interesante y que ha sido un placer poder confrontar los puntos de vista de dos vertientes tan encontradas del liberalismo. Agradezco por ello a Manuel Pastor la publicación de su artículo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El miedo (diálogo)

Él.- Hace una tarde encantadora. La primavera se percibe en todos los sentidos. Incluso ese sauce llorón parece estar sonriéndonos.

Yo.- Te veo alegre. Como sabes que me gusta entablar conversación, te voy a hacer una pregunta: ¿ves todos esos chalés de aquella urbanización?

Él.- Por supuesto. ¿Dónde está la contradicción?

Yo.- Espera. No seas impaciente. ¿Si tuvieras que vender el máximo número de seguros de vida, de seguros de hogar, de coche... si tuvieras que obtener el mayor número de clientes para una empresa de seguridad, qué harías, a qué hora llamarías a su puerta?

Él.- ¿Qué pregunta es esa? ¿Crees que influye mucho la hora para obtener clientes para todas esas aseguradoras y empresas de seguridad? No sé. Supongo que no iría por la noche ni a la hora de la comida... Trataría de no ser inoportuno.

Yo.- En eso tienes toda la razón. Es preciso ir a la hora oportuna, pero ¿cuál dirías que es?

Él.- La verdad es que no tengo la menor idea. Seguramente iría por la mañana para no importunar demasiado. Claro que no encontraría a muchos: estarían trabajando.

Yo.- Yo iría justo después del telediario. Los cogería precisamente en el momento más vulnerable, ese instante en el que se sienten inseguros luego de haber visto por televisión en el propio salón de su casa los últimos muertos en este u otro atentado terrorista, accidente de tráfico, explosión de gas, atraco... Abrirían la puerta con el ánimo descompuesto, con la plena consciencia de su inseguridad y firmarían cualquier póliza.

Él.- Suena aterrador.

Yo.- Pues es sólo el pequeño matiz del cuadro completo que quiero mostrarte. ¿Has pensado alguna vez que es más fácil controlar a la gente por la sin razón que por la lógica, que la faceta más irracional del ser humano es la que lo hace más vulnerable, más dependiente de los demás y, por tanto, menos libre?

Él.- ¿A qué te refieres?

Yo.- Quiero decir que hay dos formas de vender ese seguro. La primera consistiría en intentar razonar con el cliente potencial sobre las incertidumbres de la vida y decirle: “bueno, usted tiene una casa y cabría la posibilidad de que hubiera algún percance serio aunque ciertamente lo más probable es que eso no suceda”. O también, esta es la opción segunda, podría decirle: “¿ha pensado alguna vez que su casa podría incendiarse o sufrir un desplazamiento del terreno o una explosión de gas?” La segunda opción, aunque guarda algo de semejanza con la primera, es la irracional, la que apela directamente al hecho terrible que tememos y que nos exhiben como una posibilidad, aparentemente hipotética, pero de forma mucho más visceral, casi perceptible. El vendedor de seguros que opta por la segunda opción está en realidad empleando el miedo de su cliente como herramienta para el lucro de la aseguradora y el suyo personal. Claro que los anuncios de las aseguradoras no suelen ser tan drásticos aunque la mayoría incluyen siniestros o percances en ellos o insinúan veladamente el peligro que ellos se encargan de evitar.

Él.- Y esto ¿adónde va a parar? ¿Algún seguro se niega a indemnizarte últimamente?

Yo.- No. Verdaderamente los seguros son los más honestos. Ellos hacen negocio con el riesgo, con la incertidumbre de las vidas de sus clientes y todos lo saben. El cliente es el primero que quiere dotarse de algo de certidumbre con el seguro y es consciente de ello. Es puro instinto de supervivencia. Son varios particulares haciendo negocios legítimos para conjurarse contra los peligros de la posible adversidad. El ser humano también ahorra, se compra una casa y se hace un plan de pensiones, pero ¿es legítimo utilizar el miedo como un instrumento de control, por ejemplo, en la educación de un niño o en la política?

Él.-Mezclas asuntos. No creo que sea lo mismo. ¿A qué te refieres por miedo en la educación?
Yo.- Bueno. Constantemente se enseña a los niños con el miedo. ¿O sería mejor decir en el miedo? Los padres lo hacen cuando asustan a sus hijos con el hombre del saco o, incluso, con la policía municipal.

Él.- ¿La policía municipal?

Yo.- Te lo aseguro. Yo mismo lo he visto. ¿Y qué me dices del miedo al castigo o del temor de Dios? ¿Podrías negar que incluso hoy en día, en pleno siglo de supuesto nihilismo, se sigue educando en el temor de Dios?

Él.- Sigo pensando que confundes los temas. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Es evidente que debe haber castigos para quien infrinja unas normas mínimas de convivencia. De lo contrario, la vida en sociedad sería inviable. Los niños son los primeros que deben aprender que hay unos límites, que deben respetar a los demás y obedecer a sus padres.

Yo.- Es cierto. No es lo mismo y tú has dado la razón. La sociedad es honesta al decir que castiga para garantizar su propia supervivencia que es, en definitiva, la de los individuos que la componen. Sin embargo, no hay nada de honesto en infundir miedos netamente irracionales a los niños. El castigo es cierto, es medible, es proporcional. Adquiere la primigenia forma de la advertencia en modo condicional: “si haces esto, te corresponde tanto castigo”. Es justicia distributiva aristotélica pura. Ni más ni menos. Sabes tan bien como yo que na hay nada de eso en el temor al hombre del saco o en el temor de Dios.

Él.- La diferencia es que en el caso del temor de Dios, hay un temor a un castigo divino que probablemente no se va a dar.

Yo.- Y que en cualquier caso es una quimera en el aquí y el ahora. Una quimera con la que se intenta modificar la conducta de seres humanos.

Él.- Sin embargo, no debes olvidar que el temor al hombre del saco va más allá.

Yo.- ¿En qué sentido?

Él.- En el temor de Dios al menos hay un castigo, aunque divino, mágico en gran medida, que también puede ser incluso cuantificable, cierto y proporcional. Es más, puede ser incluso justo aunque no voy a entrar en ese jardín.

Yo.- Mejor que no.

Él.- No obstante, el miedo al hombre del saco es el miedo a la más aleatoria, injusta y arbitraria acción malvada de un personaje de la cultura popular. Es el miedo por el miedo, el temor al mal que es por sí mismo injusto a diferencia del castigo.

Yo.- Cierto, luego una persona o , en este caso, un niño pequeño puede sentirse prevenido en el caso en que se le advierta de un castigo porque él mismo sabrá que, de seguir adelante, habrá cruzado la línea de la transgresión que no le está permitido pasar y tras lo cual se administra un castigo que, además, es merecido. Sin embargo, puede sentirse aterrado, en lugar de prevenido, si se le recuerda que es vulnerable al mal y, en definitiva, al sufrimiento y también a la muerte. Y aquí es adónde quería llegar.

Él.- Menos mal. No nos hemos extraviado finalmente.

Yo.- A lo que voy. El ser humano ha buscado siempre control sobre sus semejantes, poder para, en definitiva, asegurar su propia supervivencia, garantizarse un buen medio de vida, la fuente de alimento, lo que fuera que ambicionase y para ello creó o, mejor, descubrió determinado instrumentos de poder. El primero, que no tuvo que ser necesariamente anterior, fue el castigo humano, las normas y, finalmente, el derecho. ¿No es una bella casualidad, si es que éstas existen, que el primer texto descubierto fueran las tablas de Hamurabi, un sencillo, pero claro código de normas sociales de conducta? ¿No es ciertamente interesante que Moisés se preocupara de darle al pueblo hebreo diez sencillas normas básicas y todo un texto posterior conocido como Torah (ley) del que ciertamente no es autor, pero que sin duda inspiró? La segunda es la religión y, concretamente, el castigo divino. En la Torah las consecuencias de los actos prohibidos son, en ocasiones, terribles castigos bien humanos como la lapidación de la adúltera, pero el primer mandamiento es “amarás a Yaveh sobre todas las cosas”. El pueblo judío no sólo temía la lapidación sino también el infortunio en vida e incluso el castigo de las generaciones futuras provocado por un iracundo Yahveh porque no cabe duda de que los judíos no creían en la inmortalidad y menos aún en la resurrección ni el fuego eterno luego tampoco podían amenazar con las llamas del infierno. ¡Hasta este punto eran prácticos! El judío que iba contra la ley de Yaveh lo sufría en vida y de una forma mucho más incierta aunque pudiera decirse que, tal vez, algo justa. Claro que se lo digan esto a Job que, a pesar de ser un hombre justo, padeció la más pura arbitrariedad de una mala apuesta entre Yaveh y Satanás. Lo cierto es que hay una diferencia sustancial entre estos dos instrumentos de control. El castigo divino incorpora elementos de irracionalidad nada desdeñables. Para comenzar, la sanción correspondiente no es clara. Queda, como he dicho, a merced de lo que disponga el arbitrio divino. Seguidamente, el momento y la forma de imponerse. Dios, por supuesto, no pregunta antes de castigar. Es omnisciente, luego ¿qué necesidad tiene de oír al que sabe que es culpable? Seguidamente, puede imponer el castigo cuándo y cómo quiera. La incertidumbre es plena en ese sentido. El pecador será reo de castigo incluso después de muerto. Debes reconocer que son grandes diferencias.

Él.- La verdad es que tampoco lo había pensado antes. Dime, ¿cuál es la tercera?

Yo.- Cierto. Se me olvidaba. El tercer instrumento de control es el miedo al hombre del saco. Pero piensa que esto va también estrechamente unido a la religión igualmente. El hombre del saco puede ser perfectamente Satanás. Los cristianos han utilizado a menudo a ambos, a Dios y al diablo, para infundir temor. Si bien podría decirse que el castigo al fuego eterno entra dentro del esquema infracción-sanción y que podría ser justo. En realidad, la amenaza de una condena al mal por el mal mismo no es sino infundir el temor propio que tiene todo ser humano al padecimiento, al sufrimiento y a la muerte sin sentido, sin razón ni justificación alguna. Por otro lado, piensa que la afirmación antiguamente común de que el diablo camina entre nosotros no es sino el mismo tipo de miedo puramente irracional al hombre del saco, que no es sino la advertencia sobre la presencia del mal en el mundo.

Él.- Bueno, pero el castigo al fuego eterno no dejaría de ser justo en tanto que tiene una relación directa con las transgresiones de los pecadores.

Yo.- Realmente no. Para que un castigo sea justo debe buscar no sólo la reparación del daño sino especialmente la sanación del alma del infractor, que debe persuadirse de la maldad de su acción, arrepentirse y tener la predisposición futura de no volver a incurrir en una acción injusta. En el infierno no se busca esto sino el suplicio eterno que, seguramente, ni los más sanguinarios criminales merecen y que no tiene otro fin más que sí mismo. Sin embargo, esto me aleja de la cuestión principal.

Él.- ¿Que es?

Yo.- El miedo como instrumento de control social, especialmente en la educación y en la política. Ya hemos hablado someramente de la educación. Es cierto que se sigue educando en la religión o, a veces, incluso en el miedo por sí mismo y ya hemos comentado que la educación en el temor de Dios puede llevar “per se” un componente irracional muy relevante de temor a un castigo arbitrario e injusto, pero ¿qué sucede con la política? ¿No crees que no es menos cierto que el miedo es utilizado por los políticos para justificar determinadas normas?

Él.- ¿Por ejemplo?

Yo.- El caso más llamativo, creo yo, es el de la obsesión por la seguridad que se ha producido tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. ¿No crees que algunas de las políticas que se han puesto en marcha son desmedidas y que habrían sido inaplicables en un contexto previo al de los atentados?

Él.- Probablemente sí.

Yo.- Desde entonces contempla lo que ha sucedido. Estados Unidos ha comenzado a aplicar una política de excepción. Se han ampliado los plazos de detención sin control judicial de los supuestos terroristas, se ha facilitado la intrusión en la privacidad de los ciudadanos, se han incrementado enormemente las medidas de seguridad en los aeropuertos hasta el punto en que han llegado a poner en funcionamiento “scanners” que desnudan a los pasajeros, se han subido los requisitos de datos de carácter personal para entrar en el país e incluso se han abierto cárceles ilegales donde se ha retenido y torturado a centenares de sospechosos de terrorismo. ¿No es esto la subversión más absoluta de nuestros principios, de nuestros valores fundamentales que ahora consideramos sacrificables en un holocausto agradable al terrible dios de la seguridad?

Él.- Y ¿cuál es el papel del miedo en todo esto?

Yo.- Es fundamental. En lo más profundo de nuestra razón sabemos lo disparatado que es adoptar una política de cesión de poderes exorbitantes al Estado y, sin embargo, preferimos hacerlo porque en el fondo dejamos de pensar racionalmente cuando se nos traslada un mensaje puramente emocional que se basa en mostrarnos vulnerables frente a la amenaza del terrorismo o cualquier otra. Es esa sensación de vulnerabilidad la que permite a los políticos occidentales anular nuestros recelos naturales a la expansión cada vez menos limitada de los poderes del Estado y, en definitiva, de la policía. Es el permanente argumento de la inseguridad el mayor responsable de la concentración del poder y de su abuso a lo largo de la historia. En ese sentido es irrelevante el contenido del mensaje que se traslade mientras sea capaz de mover determinados resortes. A menudo se ha dicho que la conducta poco piadosa de un pueblo podía traer desastres naturales. Muchas sociedades han sido subyugadas a través de uno o varios dioses que han resultado ser benefactores sólo en determinadas circunstancias sospechosamente favorables al poder. Sin embargo, la complejidad de las sociedades occidentales actuales, su relativismo, incluso su nihilismo han llevado a los partidos a emplear otros discursos del miedo.

Él.- Recuerdo ahora que todavía es un lugar común en muchos ancianos que en tiempos de Franco se vivía mejor porque no había tanta inseguridad.

Yo.- Y, por contra, la inseguridad en un régimen político es máxima cuando la gente honrada está en la cárcel por más que se pueda vivir con las puertas de las casas abiertas de par en par. Este es el eterno dualismo libertad-seguridad. Se nos plantea constantemente esta disyuntiva que nace en el fondo de un profundo recelo hacia la libertad y que no deja de ser manipulador porque suele prejuzgar que el valor positivo es la seguridad y que ésta siempre debe avanzar en detrimento de la libertad.

Él.- Entonces, ¿tú dirías que hay casos en los que pueden compaginarse libertad y seguridad sin que haya contradicción?

Yo.- Yo iría más lejos aún y diría que nuestra libertad exige una cierta seguridad. Sería aquella seguridad que aporta una serie de normas básicas de convivencia para asegurar que nadie pueda violentar la libertad de los demás y para que, de producirse esa violencia, pueda existir una respuesta predecible que la reprima. Sin embargo, esa seguridad no es tal en la medida en que nos deje a merced de un poder arbitrario y ése es el camino que hemos emprendido. Todas las medidas que se han adoptado desde el 11 de septiembre de 2001 han ido encaminadas a recortar las garantías que teníamos los ciudadanos frente al poder coercitivo del Estado y a remover subrepticiamente la sana separación de poderes. Conferirle al Estado el poder de reprimir sin control o con menos controles no es optar por una mayor seguridad sino por una inseguridad distinta. Supone que preferimos sufrir los abusos del Estado: las detenciones ilegales, las torturas con la esperanza de que así se reducirá la amenaza del terrorismo.

No obstante, todo esto no pone de relieve sino una cuestión mucho más profunda, a saber, el temor del ser humano a la incertidumbre, al riesgo y su deseo de control sobre el medio que le rodea. Cuando los primeros “homo sapiens” vivían en cuevas y tenían que padecer en mayor medida las inclemencias del tiempo, aprendieron a usar el fuego. Ahora contamos con multitud de adelantos tecnológicos que nos permiten gozar de una buena calidad de vida. Es lo que llamamos progreso tecnológico. Sin embargo, todo ello nos ha producido una mayor inseguridad. El deseo de control del entorno físico fue acompañado desde el primer momento del deseo de control de nuestro entorno social lo que ha implicado un progresivo desarrollo no sólo de las armas, de ahí el aumento de la inseguridad, sino también del control de la información.

Ahora no sólo debemos enfrentar los riesgos que provienen de nuestro propio entorno físico sino también de un entorno social cada vez más inestable. Y es en este punto en el que cabe recordar que no son tanto las armas sino la información las que confieren un poder mayor. Algunos, en ese ideal de un mundo sin incertidumbre, sueñan con el día en que toda la información esté centralizada en el Estado, ¿en quién si no?, y en que éste pueda protegernos de un modo absoluto del riesgo que nos depara la existencia. Será el día en que podremos predecir con total exactitud los fenómenos meteorológicos, los terremotos... y así evitar las catástrofes naturales, pero será también el día en el que todo estará digitalizado, el día en el que hasta el último rincón de nuestra casa estará siendo visto y oído, incluso diría olido, por los ordenadores del gobierno. Será el día en el que nuestra seguridad estará plenamente garantizada, pero habremos puesto tanto poder en manos del Estado que estaremos en el más absoluto de todos los peligros, en un peligro mucho mayor que el que proviene de la incertidumbre del mundo en que vivimos porque estaremos protegidos incluso de nuestros propios actos: iremos a tomar un café y no nos dejarán si somos hipertensos; querremos tomarnos un costillar de cerdo a la parrilla y no podremos porque la barbacoa eléctrica conocerá nuestro colesterol o, peor aún, habremos olvidado que todos esos placeres de la vida existen porque nunca los habremos experimentado gracias al Estado que tanto nos quiere y tanto nos protege. Porque el ideal de la seguridad es el ideal del supremo paternalismo, el ideal de la interdicción del error humano por nuestro propio bien. Para entonces, habremos matado la espontaneidad, la responsabilidad y, con ellas, la libertad. Finalmente, habrá muerto también el ser humano porque detrás de ese ideal se esconde un profundo recelo anti-humano... El recelo de aquellos que buscan una sociedad humana perfecta que no es sino la más radical negación del ser humano mismo que es por sí vulnerable y contingente.

Él.- Me has convencido: voy a firmar la póliza.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Coherencia y credibilidad: la crisis de UPyD



Hace apenas dos meses saltó la noticia de la crisis de UPyD a los medios de comunicación a cuenta de la salida de Mikel Buesa y otros tantos más. Desde entonces, la misma curiosidad que me llevó a interesarme por este partido desde su nacimiento me ha llevado a informarme sobre las causas de fondo de esta crisis "orgánica". He consultado varios testimonios, he indagado y buceado en la red para conocer mejor lo que estaba sucediendo y, desgraciadamente, no es nada distinto de lo que haya podido suceder o de lo que pueda ocurrir en el futuro en otros partidos políticos españoles. Todo ello, no obstante, no exculpa ni mucho menos a los responsables políticos de esta crisis sino que acrecienta su responsabilidad considerando cuánto se han llenado la boca con el mensaje de la regeneración democrática.

Tras estas indagaciones, he podido constatar que ha habido a lo largo de la corta, pero intensa vida de esta formación una constante pugna de la dirección con las coordinadoras territoriales para imponer su criterio y a sus personas; que, lejos de favorecer un funcionamiento democrático desde la base, han fomentado, más aún, impuesto un férreo control desde arriba dirigido a centralizar en un mando único toda la actuación y la estructura del partido, y que, en definitiva, el partido ha derivado en un autoritarismo que ha acabado por generar una disidencia, aunque muy moderada, y una represión, que no ha sido sino el último eslabón insalvable de esta dialéctica anti-democrática.

Estos disidentes son un grupo de afiliados, entre ellos, algunos importantes fundadores del partido, de aquéllos que dieron su voto y su confianza a Rosa Díez para ser su portavoz. Entre sus reivindicaciones primigenias se hallaba una enmienda al reglamento del primer Congreso de UPyD, que se celebrará en noviembre. La dirección del partido había presentado un reglamento en el que la futura dirección se elegiría “por el voto individual, directo y secreto de la totalidad de los afiliados incluidos en el censo del Congreso mediante listas completas, cerradas y bloqueadas y de acuerdo al sistema de voto mayoritario”. Se trataba en definitiva de que Rosa Díez pudiera presentarse nuevamente a la portavocía del partido eligiendo, además, a todos los miembros del Consejo de Dirección, siendo éste el único órgano decisorio del partido e, impidiendo así, que cualquier tipo de oposición interna tuviera cabida en el órgano que toma prácticamente todas las decisiones (luego refrendadas de forma plebiscitaria -entiéndase en su acepción negativa- por el Consejo Político).

Así las cosas y después de todo lo sucedido en las coordinadoras territoriales, algunos de estos afiliados no estaban por la labor de andar aplaudiendo el proceso de “leninización” (permítaseme este palabro) de un partido que habían creado para hacer política de otra manera, entre lo que ellos creían que se incluía la democracia interna. Expusieron sus pretensiones en el Consejo Político, presentaron la enmienda, se la rechazaron... Y, después de todo esto, el vocero de Rosa Díez, Gorriarán, publicó un artículo desvelando las falacias de la enmienda sin tan siquiera explicar su contenido. Así las cosas, los aún no disidentes quisieron contestar: escribieron un artículo, pero les negaron su publicación en la web oficial del partido y por ello abrieron un blog, el ya conocido por algunos estanoeslawebdeupyd.blogspot.com. Hasta aquí, todo parece tener un cariz civilizado, democrático (salvo por la monopolización de la página web, que es, después de todo, un gesto muy feo). La dirección y una mínima oposición interna estaban haciendo política, estaban dialogando. Sin embargo, todo este proceso, que debe ser tan natural, de debate interno de cara a un Congreso que es crucial estalló. Al poco de abrir el blog, se inició una auténtica purga interna. La dirección estaba dispuesta a hacer uso de los instrumentos, siempre excepcionales, de las sanciones para acallar a varios afiliados. Les enviaron una carta dándoles 48 horas para cerrar el blog y, como no lo hicieron, abrieron un expediente a 14 afiliados con suspensión de militancia incluida y sin previa audiencia.

Lo que había sucedido en las coordinadoras ya había dado unas serias indicaciones acerca del viraje del partido hacia el autoritarismo. Algunos podrían entenderlo, incluso justificarlo, no es lógico que un partido que se dice con un discurso nacional unívoco se atomice y acabe lleno de federaciones como el PSOE. Admítase sin salvar las formas que se tuvieron. Sin embargo, ha sido todo el debate en torno a la enmienda del reglamento del Congreso y la posterior represión desatada lo que ha desvelado finalmente la mano de hierro que protegía el suave guante de seda. A partir de ahora, que nadie se llame a engaño. UPyD no ha cambiado un ápice su discurso. Siguen defendiendo los mismos principios, las mismas reformas que nos devolvieron la ilusión hace dos años, pero, para mí personalmente, la purga magenta ha desvelado un problema que es EL PROBLEMA de la democracia española: que todos se llenan la boca con sus adjetivos mientras fomentan el más vil servilismo interno. Lo grave de este caso particular es que nos habían prometido una regeneración de la democracia, nos habían dicho que iban a hacer política de otra manera y, precisamente por ello, han traicionado mucho más nuestras esperanzas de lo que podía hacerlo José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy Brey. La incoherencia que han mostrado en este caso, insisto, levísimo de oposición ha consumido fulminantemente su credibilidad, que, a mi modo de ver, es imprescindible en un político.

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Curioso oir lo que decía Rosa Díez en 2007 sobre la regeneración democrática de los partidos políticos: prestad atención a lo que dice de la dirección de los partidos y a los derechos de los afiliados. ¡Qué grandes paradojas!

viernes, 28 de agosto de 2009

La segregación de las mujeres en los autobuses israelitas

El Mundo. 27 agosto 2009

Las mujeres, detrás
El País. 28 agosto 2009


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“Una vez que el fanatismo ha gangrenado el cerebro, es casi incurable la enfermedad. [...] No existe otro remedio para esta enfermedad epidémica que el espíritu filosófico, que, extendido cada vez más, dulcifica, al fin, las costumbres de los hombres y previene el acceso del mal. [...] Las leyes y la religión no son suficientes para combatir la peste de las almas; la religión, lejos de ser para ello un alimento saludable, se hace venenosa en los cerebros infectados.”
François Marie Arouet (Voltaire): Diccionario Filosófico.

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A veces cuesta creer determinadas noticias. Por ejemplo, que Israel sea un país tan atrasado en materia de no discriminación de la mujer viendo cómo están rodeados de países que consideran a la mujer poco menos que una fracción de ser humano y con los que tienen tantos problemas.

La noticia, en fin, sorprende hasta cierto punto porque, si bien Israel goza de fama de país democrático, sin duda único en Oriente Medio, y parece que se han esforzado por consolidar una democracia parlamentaria sui generis en las condiciones más adversas, la misoginia tiene una larga tradición en el monoteísmo. Si no, no hay más que recordar cómo los judíos, al igual que los cristianos y los musulmanes, consideran en su mito de la creación del ser humano (vid Génesis) cómo la mujer no es más que una especie de apéndice del varón (es lo que tiene que los autores de esos textos fueran varones en una cultura patriarcal).

En fin, la noticia tampoco tiene más comentarios. Es vergonzoso que esto suceda en un país que se dice democrático. Hay que recordar que este apelativo no se gana sine die sino día a día. El gobierno israelí debería hacer algo por evitarlo y los israelitas progresistas deberían atar cortos a esos señores de aire tan solemne y extraños sombreros y trenzas. Si deciden que no quieren compartir los asientos con mujeres, que se compren una moto o que vayan andando, ¡que es muy sano! A ver si así les da un poco el aire y se relajan.

miércoles, 26 de agosto de 2009

220º Aniversario de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano


“Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.”
Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano

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El 26 de agosto de hace 220 años, la Asamblea Nacional francesa dio un paso adelante para el mundo aprobando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En ella se recogieron los derechos y las libertades fundamentales además de los principios básicos que pusieron los pilares para la construcción del estado de derecho contemporáneo. Su influencia en el mundo occidental, especialmente en la europa continental, ha sido enorme. Por supuesto que esta declaración no fue la primera. La precursora fue la famosa Bill of Rights inglesa de 1689 que sellaba el destino de Gran Bretaña a Guillermo de Orange frente al rey Jacobo (destronado por ser católico) que fue despojado de su trono por el parlamento en la Revolución Gloriosa. Ya más próxima en el tiempo, la Declaración de Derechos de Virginia había sido aprobada en 1776 y fue fuente importante de inspiración para M. La Fayette en la redacción de su hermana francesa. La importancia de la declaración que conmemoramos hoy estriba en que mientras las dos precursoras anglosajonas se habían circunscrito a sus respectivos contextos políticos, la Declaración de 1789 fue aprobada con una clara vocación de universalidad, enumerando sus principios como válidos para todos los países del globo.

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Las circunstancias en las que fue aprobada la Declaración, después de una conspiración contrarrevolucionaria en Versalles para disolver a la Asamblea Nacional, hace que Thomas Paine se refiera al asunto en estos términos:

“Merece la pena relatar que la Asamblea Nacional no persiguió a aquellos conspiradores fugitivos [que huyeron al conocer la toma de la Bastilla], no les hizo ningún caso, ni trató de tomar represalias en forma alguna. Ocupada en establecer una constitución fundada en los Derechos del Hombre y en la Autoridad del Pueblo, la única autoridad conforme a la cual tiene un gobierno derecho a existir en cualquier país, la Asamblea Nacional no sentía ninguna de esas pasiones mezquinas que caracterizan a los gobiernos impertinentes, fundados en su propia autoridad o en el absurdo de la sucesión hereditaria.”
Thomas Paine: Los Derechos del Hombre

jueves, 23 de julio de 2009

¿Regeneración democrática?


El pasado 4 de julio, día de la independencia, supimos que Mikel Buesa dejaba la joven formación política Unión Progreso y Democracia (UPyD). Las razones: (i) el coordinador del partido en Madrid está implantando un control férreo y (ii) ante sus quejas, Rosa Díez dijo no estar dispuesta a dar una batalla orgánica. Parece que a UPyD le aqueja el mismo mal que a toda la partitocracia española. Es curioso como la Constitución española y la Ley Orgánica de Partidos se empeñan en recalcar que los partidos políticos españoles deben tener un funcionamiento democrático.

Nada más lejos de la realidad, lo cierto es que todos los partidos siguen una estructura cuasi-castrense/leninista sobre la base de un líder supremo, infalible e incontestable, llamado presidente, secretario general o coordinador general y de unos aduladores comités/politburós. La toma de decisiones se efectúa arriba. A las bases sólo les queda obedecer. Esto ha sido así sin excepción. Para botón de muestra, las sanciones internas que imponen para mantener la disciplina de voto y otros medidas represivas varias: el chantaje de la formación de las listas, las designaciones a dedo para cargos internos y externos... El partido es un gran aparato de colocación al que hay que estar servilmente sumiso y agradecido por las graciosas concesiones del líder local, regional y nacional. La novedad que aportaban partidos como Ciudadanos o UPyD era su voluntad de cambiar esto.

Desde entonces, he estado expectante con UPyD. Les he dado mi apoyo y he hablado bien de ellos siempre esperando reaccionar a tiempo en cuanto hubiese una deriva indeseable, un indicio de la corrupción del poder que se puede apreciar en otros partidos. Uno de los mayores handicap de UPyD, al tiempo que su gran activo, era y es su líder nacional, Rosa Díez. Es una mujer fuerte, carismática, que sabe comunicar bien con el público. Creo que en buena medida UPyD es lo que es gracias a ella. Ha sabido canalizar bien el hastío hacia la clase dirigente, hacia la política del oportunismo para hablar de una política de principios, comprometida con la regeneración de la democracia y con el progreso. Era y es un buen proyecto liberal y progresista. Sin embargo, como disponían sus propios estatutos fundacionales, ahora es un momento trascendental en el que los militantes tienen en su mano convertir a UPyD en un partido más o en hacer de él una plataforma de expresión de los que ellos llaman huérfanos políticos.

En este sentido, Rosa Díez debe apostar claramente por la defensa de la democracia interna en su partido aun a riesgo de perder ella misma o el equipo coordinador de Madrid su liderazgo y su posición. Antes de las elecciones europeas Rosa Díez se comprometió con la formación de un censo de votantes y la celebración de primarias para elegir a todos los candidatos, censo que estaría abierto a los no afiliados. A partir de octubre habrá que estar atento para verificar que esto se empieza a poner en marcha. Personalmente, después de la renuncia y de las críticas de Mikel Buesa, persona a la que otorgo gran credibilidad, creo que la pelota está en el tejado de Rosa Díez, quien debe demostrar ahora que las acusaciones de autoritarismo vertidas por Buesa no son ciertas. Las primarias pueden ser una buena prueba siempre que no sean un simple lavado de cara. La verdadera voluntad de regeneración democrática deberá verse primero en el propio partido. Si no, todo ese proyecto ilusionante habrá perdido toda la credibilidad. Ha llegado el tiempo en que el partido adopte su forma de funcionamiento definitiva: leninismo o democracia. De ello depende su propia supervivencia.