jueves, 11 de agosto de 2011

El debate surgido en Reino Unido

Siguiendo con el análisis de los disturbios y como se está viviendo esto en el Reino Unido, ayer pude ver un programa de la BBC 2 entre las 10-11 de la noche en el que se hacía alusión a diversas causas. La percepción mayoritaria parece que es que se trata de puro vandalismo, es lo que parecen avalar las encuestan y también las propias imágenes de los disturbios. Numerosas tiendas de productos electrónicos y ropa han sido asaltadas. Sorprende, eso sí, la precocidad de algunos “looters”, alguno de hasta 11 años de edad. Y el debate social que se ha armado es, por tanto, colosal.

David Cameron está jugando a la mano dura. Discurso estricto de responsabilidad individual, expresiones de disgusto, términos duros como “sickening”. Según él, una parte de esta sociedad está enferma. Probablemente tenga razón. Por otro lado, los laboristas juegan un discurso de mayor responsabilidad colectiva. Parten de la base de que son actos de vandalismo inaceptables, pero quieren ver más allá: hablan de insuficientes medios para la policía y del agravamiento de la situación de los más desfavorecidos por los recortes en el gasto público. La diputada Diane Abbott insinuaba anoche en la ese canal que con los laboristas en el gobierno no ha habido disturbios. No sé qué querría dar a entender.

Lo que sí parece es que no es un tema racial (a pesar de que las muertes de Birmingham han podido levantar resquemores entre la comunidad asiática y negra). El artículo de la BBC que os traigo abajo da datos: “sólo” siete muertes por disparos de la policía en los últimos tres años, todos eran blancos menos el último, Mark Duggan. En cualquier caso, aquí puede que hubiera contado más la percepción errónea de que la policía tirotea siempre a minorías étnicas más que la estadística. Tampoco parece que haya sido así ni que ésta fuera la verdadera motivación de los violentos. Una vez más, nos remitimos a los actos de saqueo.

Por otro lado hay dos cuestiones que van de la mano. Se ha hablado mucho de una falta de valores, de una sociedad hiperindividualista que exacerba el consumismo. Se habla mucho de una cultura del “entitlement” según la cual estos jóvenes tienen derecho a todo y ninguna obligación. Factores que han podido influir en esto de forma determinante son una pobre educación y la cultura de "benefits", gran desconocida en España. Un sector nada desdeñable de la sociedad británica fue apartada en los ochenta del mercado laboral por Margaret Tatcher. Era gente que se consideró que no podía trabajar y se les dio, por tanto, un dinero al mes por parte del Estado, más ayudas en viviendas y ayudas municipales. Así indefinidamente. Desde entonces hay un segmento de la población que vive sin trabajar y tiene difíciles perspectivas de reinsertarse. En algunos casos, con sobradas razones médicas. En demasiados, me temo, se ha abusado del sistema de “benefits”. Esto, añadido a las ayudas por maternidad ha llevado a que muchos niños se hayan criado en familias donde ninguno de los padres trabajaba: una vida de holgazanería y, seguramente, algo de economía sumergida para sacar un dinero extra. Un ambiente que no parece de lo más propicio para criar a un ciudadano respetuoso con la ley.

Por último, parece que ya tenemos perfil del asaltante: varón joven de entre 20 y 24 años con antecedentes por robo y otros delitos relacionados. El perfil, no obstante, es muy provisional porque la muestra son varias decenas de detenidos que ya han sido juzgados frente a unos mil quinientos que han sido detenidos por el momento. En cualquier caso, seguirá por un tiempo el debate. La cultura de las bandas juveniles, la violencia de la música rap, incluso la ausencia de un adecuado rol masculino en la familia serán apuntados como factores que predisponen a este tipo de conductas anti-sociales. Y esto cuando los recortes aún no se han hecho notar. Si la policía verá finalmente recortado su presupuesto en un 25 % o no es otro debate, probablemente, el más encarnizado en los próximos días. Puede que en esto la coalición claudique.

BBC News, 11 August 2011


BBC News, 11 August 2011


BBC News, 11 August 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Impresiones de los disturbios

Emails de empresa informando de los acontecimientos y dando avisos de seguridad; imágenes en la televisión de edificios enteros ardiendo en Londres; amigos avisando en Facebook de que va a haber problemas en tu ciudad mediana a media hora de Londres; amigos de España preguntando qué pasa y familiares interesándose por uno a causa de los disturbios… Son cosas que nunca me habría imaginado que iba a vivir en este país. Aunque diría que no lo tengo idealizado, tenía la idea de que este no es el tipo de cosas que pasan en el Reino Unido. Como yo, muchos se han sorprendido de lo que está pasando y de la pobre imagen que está dando en el exterior, por no mencionar las olimpiadas en menos de un año. Parece que, después de todo, sí que va a ser verdad aquello que decían en la BBC en julio de que la seguridad es aún el mayor reto de los organizadores.

Y es que si bien es cierto que Londres tiene sus barrios conflictivos y que en este país ha habido muchas tensiones raciales, ni tenía la impresión de que hubiera en Londres un equivalente a las afueras de Paris ni pensaba que esas tensiones raciales siguieran ahí. Sobre lo primero, poco puedo decir, quizás lo más útil sea ir a estadísticas de criminalidad en París y en Londres y comparar. Me temo que no me he tomado la molestia. Sobre lo segundo sí puedo decir que en mi día a día no he vivido ninguna tensión racial. Más al contrario, diría que estoy acostumbrado a una diversidad racial y cultural muy amplia sin que ello haya generado tensiones. Mi impresión hasta el momento es que la sociedad británica es muy acogedora y multiétnica. Si percibo, en cambio, que existe un problema de desigualdad social. La misma impresión que me había dado mi mera observación me parece confirmada por los disturbios. Éstos no han sido fruto de un grupo racial o religioso concreto, han sido provocados, de hecho, por una multitud violenta tan diversa como la sociedad británica misma me atrevería a decir. En las imágenes de los sospechosos se ve a gente de todas las razas, desde luego, también a varones y mujeres y, sin duda, casi siempre jóvenes. El común denominador, aparte de la edad, parece ser el estatus socioeconómico.

Y lo más preocupante no es, desde mi punto de vista, que exista estratos de la sociedad más desfavorecidos sino que los niños en esas familias no vayan a tener apenas oportunidades de salir de esos círculos de exclusión. La educación en este país ya era cara, pero después de los recortes y la reforma de las tasas universitarias, la educación superior es ya prohibitiva. Hasta 9.000 £ al año durante tres años es mucho dinero, un montón de deuda que se empezaría a pagar sólo cuando se gana por encima de un determinado sueldo, pero que endeuda a largo plazo a los estudiantes y frena, por tanto, el acceso a la educación. Muchos, sin duda, se lo piensan dos veces y optan por empezar a trabajar o hacer alguna “apprenticeship”, vías que antes o después les frenará sus perspectivas laborales por falta de cualificación.

Lo sorprendente de todo esto, en cambio, no es que los vándalos protesten contra el abuso de poder de la policía o contra los recortes en educación. Los disturbios parecen más una excusa para asaltar comercios que una forma de hacer llegar un mensaje de protesta al gobierno y al resto de la sociedad. El hecho de que algunos se hayan organizado por Blackberry Messenger le hace a uno incluso preguntarse si, de verdad, su situación económica es tan mala. La gratuidad de los actos de violencia vistos en Inglaterra los últimos días deja a los británicos tan atónitos como al resto del mundo. Después de todo, parece sorprendente que tanta gente se organice de forma tan espontánea y aprovechando el desafortunado incidente de Mark Duggan para asaltar y robar comercios.


Walter Oppenheimer, El País, 10 de agosto 2011


Anthony Coyle, El País, 9 de agosto 2011

martes, 9 de agosto de 2011

USA & Europe politics

An interesting commentary on “Der Spiegel” by Jakob Augstein gives the insight of what many Europeans may think: despite all our differences, we, Europeans, share an understanding of politics, the role of the state, democracy and equality, some sort of common sense that doesn’t seem so common on the other side of the Atlantic, what also used to be considered Western world but, according to Jakob's criteria, cannot be included in it anymore.

What’s the reason for such a categorical statement? Recent negotiations to raise debt ceiling in the US have shown that a right wing extremist minority has the ability and, far worse, the willingness to blackmail the government of its own country and put international financial stability at risk to enforce its own policies without any compromise. As Jakob states, it’s not everything about this political mood though. Social inequality and government inability to raise taxes are some of the peculiar features that makes the US different to Europe. I’m not saying that raising taxes is necessarily a solution, especially in Europe, but I think I don’t misunderstand Jakob’s words when I see astonished how only 1 % of the Americans make 25 % of the national income despite this percentage involved 12 % just 25 years ago and would be even higher if we looked at the late 60’s figures.

As I learned from “The Conscience of a Liberal” by Paul Krugman, social inequality has been a problem in the US since the conservative movement took over US politics since Ronald Reagan in the 80’s. The conservative agenda included, among other things, diminishing the power of unions in the companies through regulation and this increasing less relevance of Unions within the enterprises in the US led to a decrease in salaries in real terms over the years. This, combined with taxes reductions that only targeted high income tax-payers, has been one of the main drivers of this concerning increase in social inequality. Growth, unlike in the post-war period, didn’t have the same effect as it didn’t really reached the majority of the families, those middle classes that are, more than ever, in risk of extinction.

What lessons must be learned then after this recent episode in American politics put in context of conservative movement and this new brand "Tea Party". On this side of the Atlantic, things don’t seem to go better. I rather see Jakob’s view a bit optimistic, probably enhanced by the point that he's living in Germany. It’s true that the largest EU economy is doing well but the reality is that our European model, despite pursuing the right goals, seems to fail because of an excessive intervention. Back to how politics must be done, there’s something to be taken into account though: we should avoid extremism as seen in the US, keep supporting the values that make us Europeans and, in these times of uncertainty, demand more transparency and a down-to-earth economic reform that enhance growth through more opened markets whilst increasing social equality, mainly, through public education and health systems, which should be kept at all cost.

I apologise for any mistake as English is my second language


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Regarding this post:

Der Spiegel, 4 August 2011

The New York Times, 31 July 2011

On this site:
The Concience of a Liberal (Spanish), 3 January 2011

sábado, 6 de agosto de 2011

Looking at the future of Europe

Translation by Google Translate personally reviewed and amended

The fiscal problems in the Eurozone are a threat to the stability of the EU, including the stability of the global economy. However, it is also an opportunity to wonder what is the way forward, to re-consider the future of the EU and I am not referring to the near future but to the coming decades, to where we really want the EU to go and what measures must be taken.

I consider myself European. I think that in a world of giants like USA, China, India, Russia or Brazil, European localism is absurd. At the moment of truth, the Europeans share many more things than we think. We have very homogeneous political systems, common interests, a relatively homogeneous vision of what we mean by progress and the society in which we want to live. We are only separated by a linguistic and cultural diversity that is extremely enriching and makes Europe one of the most diverse regions to live in the world.

So I think the way for Europe is the federation of states. Not a United States of Europe. That would not work: we are not as homogeneous nor share the lifestyle nor much of the mentality. Europeans are different and a federation should include these differences, but a federal structure itself would help. The greatest challenge is today, by contrast, states. National leaders are taking advantage of an unsatisfactory European experience and a nationalist rhetoric to deter the citizens of the idea of greater integration. The danger, however, does not come from that integration, if done well, but the petty desire to artificially maintain a confederal model in a Europe of nation states that is declining, which has been on the second row on the international scene for a long time.

Anyone who looks at the global picture can tell that the lights are not upon us anymore and that if they are, is for bad: for our sovereign debt crisis that threatens global financial stability and economic prosperity of other countries in the world. Europe must stop to become a frustrated utopia itself and evolve into something new. It is not true that a democracy can not be crowded and with a great diversity of languages: there is the example of India. In Europe we also have something that is not there: a great tradition of human rights protection, an institution like the Council of Europe (vanguard of this protection) and a front line democratic culture in a diverse and pluralistic societies.

COMMON LANGUAGE
It is true that sharing a common language would help. In that sense, I am a strong advocate of promoting a real bilingualism in English in the EU. If the Dutch and the Scandinavians can do it, there is no reason why the Mediterranean peoples should sentence ourselves to ostracism of linguistic isolation. States have in compulsory education a very powerful tool. However, the amount of vested interests and lack of awareness of politicians unable to communicate in a language other than Spanish seems to condemn future generations to the same isolation. A profound reform of education system with immersion in English and Anglophone teachers is the first step.

From there, the demand for video and written content in English is a logical consequence. In addition to facilitating the political cohesion and not to do unthinkable a Czech candidate rally in Dos Hermanas (town in Seville province), this would have the advantage of facilitating the mobility of professionals, opening an unimaginable range of possibilities now. Since language differences are major barriers between people beyond culture, sharing a language would put us in disposition to deal either with a Spanish or an Austrian, greatly enriching our personal lives too, not just our career.

Far from being seen as a threat, bilingualism would be an opportunity. Far from reaching the confusing mix of languages in which there are often people who, like me, have learned a second language as adults, bilingualism would lead to a more natural and more peaceful coexistence of the languages. The only major hurdle would be, again, the status quo and the reluctance of those who do not speak English for fear that future bilingual generations may sweep them in the future. Experience shows, however, that to survive we must be open to change. Neither Europe nor Spain can afford to live apart from English. Bilingualism would improve our trade relations with the outside world and open the doors of our country to a more diverse and enriching immigration, which was not predominantly Latin-American.

FEDERAL STATE
Having said all this, a European federal state appears even more utopian than a Spain or a France where one can open a bank account in English. However, a classical federal structure is essential in terms of democratic health if we keep going forward in the Union. States will be tempted to go further in fiscal integration, which could end up in an European treasure, but they will avoid at all costs European politics: that is, an elected president and a parliament with real legislative powers. The first is, however, impossible without the second. Greater integration will lead, ultimately, to the public perception that Europe is about burning us with taxes and about four presidents of VIP countries managing the show. Such Union would eventually blow up the European dream and end up making politically unfeasible European fiscal Union and, who knows?, monetary union. The structure of this new state would be very debatable, but clearly should be designed in terms of checks and balances of powers and clear rules of transparency.

But most important of all, European citizenship has not yet become aware of all this, and worse, seems to recede more and more of Europeanism. Europe is for many people more than a place to live, a place to go on holidays and sometimes not even that. Nothing of this is possible to carry out without convinced Europeans. Who knows if, after all, Europeans are not up to the mark of a common project? The rest of the world may laugh. Less competition for them. We are to follow our little local issues and our rusty old glories shine. Meanwhile, the world will continue spinning and no longer look at Europe.

Mirando al futuro de Europa

Los problemas fiscales en la eurozona son una amenaza para la estabilidad de la UE, incluso para la estabilidad de la economía mundial. Sin embargo, también es una oportunidad para plantearnos cuál es el camino a seguir, para volver a reflexionar sobre el futuro de la UE y no me refiero ya al futuro próximo sino a las próximas décadas adónde queremos realmente que la UE vaya y qué medidas hay que adoptar para ello.

Yo me considero europeísta. Creo que en un mundo de gigantes como EEUU, China, la India, Rusia o Brasil, es absurdo el localismo europeo. A la hora de la verdad, los europeos compartimos muchas más cosas de las que pensamos. Tenemos sistemas políticos muy homogéneos, intereses comunes, una visión relativamente homogénea de lo que entendemos por progreso y de la sociedad en la que queremos vivir. Tan sólo nos separa una diversidad lingüística y cultural que es sumamente enriquecedora y que convierte a Europa en una de las regiones del globo más heterogéneas donde vivir.

Por eso creo que el camino de Europa es la federación de los Estados. No unos Estados Unidos de Europa. Eso no funcionaría: no somos ni tan homogéneos ni compartimos el estilo de vida ni buena parte de la mentalidad. Los europeos somos diferentes y una federación debería incluir esas diferencias, pero una estructura federal sí ayudaría. El mayor escollo son hoy por hoy, por el contrario, los Estados. Los líderes nacionales se aprovechan de una experiencia europea insatisfactoria y de la retórica nacionalista para alejar a los ciudadanos de la idea de una mayor integración. El peligro, no obstante, no viene de esa integración, si se hace bien, sino del anhelo mezquino de mantener artificialmente un modelo confederal en una Europa de Estados-naciones que es decadente, que lleva en la segunda fila de la escena internacional desde hace mucho.

Cualquiera que mire al panorama mundial se puede dar cuenta de que los focos no están sobre nosotros nunca más y de que, si lo están, es para lo malo: por nuestra crisis de deuda soberana que amenaza la estabilidad financiera internacional y la prosperidad económica de otros países del planeta. Europa debe dejar de convertirse en una utopía frustrada de sí misma y evolucionar hacia algo nuevo. No es cierto que no sea posible una democracia superpoblada y con una gran diversidad linguística: ahí está el ejemplo de la India. En Europa, además, tenemos algo que no tienen allí: una gran tradición de protección de los derechos humanos, una institución como el Consejo Europeo (vanguardia en esa protección) y una cultura democrática de primera línea en unas sociedades diversas y plurales.

IDIOMA COMÚN
Es cierto que compartir un idioma común ayudaría. En ese sentido, yo soy un firme defensor de impulsar un bilingüismo real con el inglés en toda la UE. Si los holandeses y los escandinavos pueden hacerlo, no hay razón para que los pueblos mediterráneos nos autocondenemos al ostracismo del aislamiento lingüístico. Los Estados tienen en la educación obligatoria un instrumento muy poderoso. Sin embargo, la cantidad de intereses creados y la falta de conciencia de unos políticos incapaces de comunicarse en una lengua distinta de las españolas parece condenar a las generaciones futuras al mismo aislamiento. Una profunda reforma del sistema educativo con una inmersión linguística en inglés y un personal docente angloparlante es el primer paso.

A partir de ahí, la demanda de contenido audiovisual y escrito en inglés es una consecuencia lógica. Además de facilitar la cohesión política y de no hacer impensable que un candidato checo de un mitin en Dos Hermanas (localidad en la provincia de Sevilla), esto tendrá la gran ventaja de facilitar la movilidad laboral de los profesionales, abriendo un campo de posibilidades ahora inimaginable. Desde que las diferencias lingüísticas son las mayores barreras entre personas, más allá de culturas, compartir un idioma nos pondría disposición de tratar indistintamente con un español o con un austríaco, enriqueciendo enormemente también nuestra vida personal, no sólo profesional.


Lejos de ser vista como una amenaza, el bilingüismo sería un oportunidad. Lejos de llegar a la confusa mezcla de idiomas en la que se encuentran a menudo personas que, como yo, hemos aprendido el segundo idioma como adultos, el bilingüismo llevaría a un uso más natural y a una convivencia más pacífica de los idiomas. El único gran escollo volvería a ser, de nuevo, el status quo y las reticencias de aquellos que no hablan inglés por miedo a que las nuevas generaciones bilingües pudieran barrerles en el futuro. La experiencia nos dice, en cambio, que para sobrevivir hay que estar abierto al cambio. Ni Europa ni España puede permitirse seguir viviendo al margen del inglés. El bilingüismo mejoraría nuestras relaciones comerciales con el resto del mundo y abriría las puertas de nuestro país a una inmigración más diversa y enriquecedora, que no fuera predominantemente latinoamericana.

UN ESTADO FEDERAL
Dicho todo esto, un Estado federal europeo parece incluso más utópico que una España o una Francia en la que uno se pueda abrir una cuenta bancaria en inglés. Sin embargo, una estructura federal clásica se hace imprescindible en términos de salud democrática si se sigue avanzando en la Unión. Los Estados tendrán la tentación de ir hacia una mayor integración fiscal, lo que podría acabar en un tesoro europeo, pero evitarán a toda costa una política europea: esto es, un presidente electo y un parlamento con verdaderos poderes legislativos. La primera es, en cambio, inviable sin la segunda. Una mayor integración fiscal llevará, a la larga, la percepción a los ciudadanos de que Europa va de freírnos a impuestos y de que cuatro señores/as, presidentes de países VIP, manejen el cotarro. Ese tipo de Unión llevaría a la larga a dinamitar el suelo político europeo y terminaría haciendo inviable hasta la Unión fiscal y, ¿quién sabe?, la monetaria. La estructura de ese nuevo Estado sería muy discutible, pero debería diseñarse claramente en términos de pesos y contrapesos de los poderes y con unas normas de transparencia claras.

Pero lo más importante de todo esto es que la ciudadanía europea aún no ha adquirido conciencia de todo esto y, lo que es peor, parece alejarse cada vez más del europeísmo. Europa es para muchos más que un lugar donde vivir, un lugar donde ir de vacaciones y a veces ni eso. Sin europeos convencidos nada de esto es posible de llevar a cabo. ¿Quién sabe si, después de todo, los europeos no están a la altura de un proyecto único? En el resto del mundo quizás se rían. Menos competencia para ellos. Nosotros que sigamos con nuestras cositas locales y nuestro lustre oxidado de viejas glorias. Mientras tanto, el mundo seguirá girando y ya no mirará a Europa.

martes, 2 de agosto de 2011

LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (1887)

Friedrich Nietzsche
Alianza Editorial.
220 páginas.

La Genealogía de la Moral es la historia de una transvaloración, de una inversión de los valores morales de la sociedad. Desde el punto de vista del autor, lo que inicialmente era considerado “bueno”, la moral aristocrática (llena de vitalidad, de fuerza, de energía), ha pasado a ser considerado malvado mientras que los que encarnaban lo “malo” (aquellos débiles, mansos, mediocres ávidos de venganza contra los nobles) han conseguido que su moral, su ideal ascético haya pasado a ser lo bueno. De esta forma, a través del cristianismo, de la moral judeo-cristiana encarnada en el pueblo hebreo, el pueblo ascético por excelencia, se ha producido un cambio radical en la moral.

Sobre la base de esta premisa, Nietzsche contruirá a lo largo de la obra una crítica despiadada, implacable contra esa transvaloración y, especialmente, contra la “mala conciencia” creada por esa moral de esclavos para finalmente arremeter furibundamente contra el ideal ascético y la figura del “sacerdote asceta”. Durante todo ese recorrido, el lector percibe a un Nietzsche cada vez más apasionado. Éste, lejos de ser un ensayo tranquilo, parece más bien un texto gritado, más que escrito, entre aspavientos y golpes. Se lo recomiendo a todo aquél que desee adentrarse en la más tenebrosa oscuridad de nuestra ética, en sus propias entrañas, que pueden no gustar en absoluto.

miércoles, 27 de julio de 2011

El radicalismo nunca es gratis

Sorprende ver las reacciones después del doble atentado de Noruega. Los esfuerzos de cierta prensa por hacer parecer el ataque y al atacante como algo aislado, fruto de una mente perturbada (sin duda), el hincapié de otra parte de la prensa por dar la señal de alarma ante el creciente extremismo en ciertas filas de la derecha y la vuelta, una vez más, de la otra prensa a quitarle hierro al asunto de la extrema derecha e incluso a la insinuación de que la izquierda quiere emplear este atentado para alimentar el miedo contra la derecha de cara a las elecciones ¡en España! (leído un tweet de David Gistau: “No puedo creer que estén intentando convertir la masacre noruega en otro 11M con el que dar un vuelco psicológico a las expectativas electorales”).

Sin duda, algo vuelve a estar mal en la sociedad española cuando se plantean este tipo de debates. Y, desde luego, algo de complejo de fascista hay ciertos sectores para que algunos piensen que las llamadas de atención sobre la extrema derecha tengan segundas intenciones contra la derecha democrática. O yo soy muy inocente o, personalmente, cuando critico cualquier extremismo o la dictadura de cualquier signo no busco criticar o perjudicar a la derecha o izquierda democrática que se supone, para algunos, en el mismo lado de los extremistas. Es cierto que hay veces que se dan coqueteos. Los hay socialdemócratas con episodios de esquizofrenia en los que tienen palabras tiernas y amables hacia Cuba o Venezuela. También los hay conservadores especialmente cándidos cuando hablan del franquismo.

Me parece ridículo, en cambio, en este caso, que alguno pueda pensar que alertar del auge del nacionalismo xenófobo y racista en Europa se haga con fines electorales. Nada más lejos de la realidad. Por suerte, el PP está lejos de postulados como los del Frente Nacional francés, el BNP británico, el Partido de los Auténticos finlandeses o el Partido del Progreso noruego. No hay mucho de lo que preocuparse en ese sentido en España.

Estamos hablando de un discurso xenófobo y racista que se está abriendo camino en el resto de Europa a través de partidos que tienen opciones incluso de definir políticas de gobierno como la Liga Norte italiana. Ése es el peligro y los patrocinadores intelectuales de aquéllos deben ser el objetivo de nuestro discurso. No es la ideología conservadora lo que se discute aquí sino ese ultranacionalismo intrínsecamente agresivo y excluyente que siempre puede convertirse en coartada intelectual para la violencia desde el Estado o desde el terrorismo, en cualquier caso con nefastas consecuencias. Por eso hay que recuperar el discurso del respeto; de la integración; de la aceptación y la convivencia en la diversidad, y combatir el discurso de esos aguafiestas intelectuales, reyes de la filosofía glandular, del “yo llamo a las cosas por su nombre” aunque sean ofensivas o se digan con cargas peyorativas, de aquellos campeones de la incorrección política que creen que la diversidad es un blanco moreno y un rubio, que confunden cursilería con empatía y que carecen de toda sensibilidad, de toda capacidad de integración. Basta ya de fascismo, basta ya de allanar el camino a estos disparates, basta ya de darle alas intelectuales a ciertos discursos, basta ya de darle coartadas a monstruos como Breivik, basta ya de incendiar el ambiente. Basta ya.

sábado, 16 de julio de 2011

Los mercados financieros y los 27 enanitos

Veintisiete enanos (algunos de ellos muy enanos) luchando contra un único y coordinado mercado financiero internacional es una imagen aproximada de lo que está pasando en las últimas semanas. La posible suspensión de pagos de EEUU por motivos legales sólo amenaza con arrojar más madera a los ya atacados de pánico mercados de deuda pública. Pero ¿qué es lo que está pasando, qué son estos mercados y a qué se dedican, por qué de repente la gente los odia tanto?

Los mercados financieros no son más que plataformas digitales desde las que los brokers pueden comprar y vender distintos títulos en nombre de los inversores, que pueden ser institucionales o particulares. De forma incluso más flexible y eficiente que un mercado de abastos, los brokers compran y venden acciones, títulos de deuda o derivados entre otros con precios que fluctúan constantemente siguiendo patrones claros de oferta y demanda detrás de los cuales muchas veces hay (aparte de sesudos análisis con los que muchos se ganan la vida) meros estados de ánimo generados por noticias, rumores u opiniones de analistas en los medios. Para que algunos les pongan cara a los inversores que alimentan esos mercados, detrás hay muchos gestores de fondos de inversión, fondos de pensiones y hedge funds que se alimentan del dinero de muchos pequeños inversores particulares, gente de la calle que tiene un modesto plan de pensiones contratado con su caja o banco de toda la vida. Es cierto que también están las grandes fortunas, pero que nadie se deje engañar, los grandes inversores de deuda pública son numerosos bancos europeos en los que todos tenemos depositado nuestro dinero. Así que aunque más de uno de los que protestan por ahí no lo sepan, puede que ellos también sean parte de ese mercado que especula contra la deuda pública de los periféricos.

Dicho esto, la situación a la que estábamos acostumbrados hasta hace un par de años era que la deuda soberana era el activo financiero considerado más seguro y que cotizaba, por tanto, con la menor rentabilidad. Durante décadas, los Estados se han acostumbrado a acudir al mercado para conseguir dinero a veces a corto y otras a largo plazo, pero, en cualquier caso, han desarrollado la costumbre, que viene ya de largo, de pagar sus gastos con dinero prestado porque el que ingresan en impuestos no es suficiente, especialmente en coyunturas de crisis económica. Países como España, a diferencia de Alemania, han disparado su gasto público mientras las cosas iban bien minimizando el ahorro y se han encontrado, sin embargo, con una importante necesidad de financiación cuando la crisis ha llegado. Así las cosas, esos mercados tan odiosos han estado pagando esos servicios públicos que disfrutamos y de los que los europeos estamos tan orgullosos (supongo), pero eso tiene un precio. Como todo el mundo, los Estados también tienen que devolver lo que deben más tipos de interés y la crisis económica con el consiguiente estancamiento del crecimiento y subida del déficit, sumado a niveles de endeudamiento ya altos de por sí (salvo en el caso de España) ha provocado que el miedo a la insolvencia, es decir, el temor de que los Estados no puedan devolver el dinero. Esto ha provocado la subida de la rentabilidad exigida a los bonos de deuda pública, lo que ha hecho más difícil a los Estados conseguir dinero en los mercados y, por ello, pagar las deudas.

En este contexto, nadie debería extrañarse de que las tensiones en los mercados generen recortes del gasto público. No se puede querer a los mercados cuando te financian barato y odiarlos cuando te suben la rentabilidad porque ese dinero es, en cualquier caso, de los inversores, no de los Estados que lo toman prestado y porque es lógico que los inversores, entre ellos, muchos ciudadanos de a pie con planes de pensiones y fondos de inversión, presten más caro si suben los temores a una suspensión de pagos. Es cierto que parece sospechoso que sea justo ahora cuando todas las dudas sobre la solvencia de estos países estén aflorando, pero eso sólo quiere decir una cosa: no es que los mercados estén financiando ahora caro a los Estados es, más bien, lo contrario: han Estado financiando muy barato a los Estados. Muchos se han dado cuenta ahora de que con escaso crecimiento y alto endeudamiento los fundamentales no están bien, es algo que no se veía antes, mientras se crecía a buen ritmo, pero era algo que estaba implícito en la burbuja y la crisis que alimentaba. Lo que pone en evidencia todo esto es que hay que redefinir el modelo de crecimiento económico (hasta ahora basado en burbujas provocadas por una expansión crediticia desmedida alimentada desde los bancos centrales) e ir hacia una cultura fiscal nueva en la que los Estados sean más eficaces en el control y la reducción del gasto. Se puede y se debe mantener la protección social, pero no como se ha venido haciendo hasta ahora. Hay que redefinir las prioridades en el gasto público, buscar una mayor eficiencia y evitar, ante todo, déficits como los que hemos visto. Todo esto parece ser por ahora, sin embargo, un imposible. Hay demasiados intereses en juego y pocos dispuestos a adoptar medidas duras en el corto plazo, pero que ayuden, a la larga, a preservar el modelo europeo. Entre esos pocos parecen encontrarse, me temo, los veintisiete enanos descoordinados.

sábado, 9 de julio de 2011

¿A quién votar?

Las elecciones del año que viene, si no antes, son todo un rompecabezas para el elector. Desde mi punto de vista, los problemas a la hora de tomar una decisión reflexionada sobre el voto son los siguientes:

El PSOE ha hundido España. La reacción del gobierno frente a la crisis fue tardía, lenta y errónea. Desde el “"hay una ligera desaceleración” del 2008" al tardío y “sugerido” recorte del déficit (siempre insuficiente) pasando por los primeros planes de estímulo Keynesianos (devastadores para el déficit), el PSOE volverá a pasar a la historia de España por haber salido del poder con un país con los índices macroeconómicos destrozados y el ánimo de la gente por los suelos, por ahora un record Guinness de la democracia. El PSOE, por tanto, no parece una opción ni siquiera para los socialdemócratas, que no comparten las políticas recientes del gobierno. Desde mi perspectiva, aunque comparta algunos aspectos de su ideario progresista y el deseo de evitar una vuelta del PP al gobierno, el PSOE no parece una opción sensata.

Como he dejado caer poco sutilmente arriba, el PP tampoco es una opción para mí. No me apetece volver a los tiempos en los que las autoridades españolas les hacían reverencias al Papa ni a los tiempos de gobiernos copados por ministros del OPUS DEI y Legionarios de Cristo, para eso voto Familia y Vida, que por lo menos no tiene opciones. Ese PP no es el tipo de partido conservador al que yo me plantearía votar. Si hubiera alguno laico, probablemente sería una opción, pero para votar a un partido democristiano... Además, aunque es evidente que hay que castigar al gobierno, no creo que el PP sea un cambio, si acaso una alternancia de lo mismo: distintas caras, distintas maneras, otro pelo de la dehesa… A lo mejor han cambiado, pero como tengan el mismo arrojo que Aznar haciendo reformas laborales, no creo que lleguen muy lejos…. Con un poco de suerte, otros (el BCE) resolverán esta crisis creando otra burbuja y ellos se pondrán la medalla (ojo, no estoy diciendo que la forma de salir de la crisis sea esa, eso sería otro disparate).

La tercera opción sería votar a IU, aunque esto ni me lo he planteado. Lo único que comparto con ellos es el republicanismo, pero sé que nunca nos pondríamos de acuerdo en una constitución. A mí me va más el modelo alemán y ellos coquetean con la “democracia” bolivariana y el régimen castrista. Yo a gente que apoya a dictadores, no la voto (esto casi podría aplicarse a la defensa velada del franquismo entre algunas filas populares).

Volviendo a la parte seria, ahí sigue UPyD. Yo fui uno de los algo más de 300.000 ciudadanos que les votó en 2008. Repetí en las europeas, pero luego se destapó lo de Mikel Buesa y otros escándalos que me han llevado a distanciarme de las formas de hacer política interna de su líder Rosa Díez. En ese sentido, UPyD ofrece tanta democracia interna como los partidos tradicionales (o menos). Sin embargo, aparte del PACMA, los Verdes y Ciudadanos [1], me voy quedando sin opciones. UPyD no ofrece una regeneración de la democracia interna en los partidos políticos (al menos a juzgar por los expedientes de expulsión color rosa que han volado), pero si puede ser un importante factor de renovación política. Tan tozuda como conservando el control de su partido, Rosa Díez mantendrá un discurso coherente sobre lo que ellos llaman regeneración democrática que incluye, entre otras, una reforma de la ley electoral que viene siendo imprescindible. Aunque, evidentemente, hay muchas medidas concretas con las que no estaría del todo de acuerdo, en líneas generales UPyD es una fuerza política progresista, laica y federalista que podría representarme con relativo acierto sin dejar de ser un voto táctico.

Y ese es el último punto de mi análisis, en el 2004 UPyD era un voto idealista, lo que los pragmáticos suelen llamar un voto a la basura (está visto que no después del imparable ascenso de la formación). Ahora, ante el panorama de que el PSOE se desplome, UPyD puede concentrar, aparte del descontento del barrio de Salamanca (que ya sabemos que sólo vota a UPyD para castigar a Gallardón), el descontento del votante de izquierdas (como ya se ha visto en la Comunidad de Madrid). Lejos de “un voto a la basura” un voto para UPyD puede ser una buena forma de castigar al PSOE sin tener que votar democristiano, una oportunidad para que el PSOE se descalabre y pase la penosa experiencia de compartir importancia política con su antigua compañera. Para todos aquellos que queremos castigar al PSOE y, al mismo tiempo, dejar una oposición capaz de frenar las ansias involucionistas de la derecha que viene, UPyD es, pasando por alto sus problemas internos, la opción menos mala, lo que la convierte en satisfactoria en una ética de mínimos. La gran pregunta es, ¿me dejo de tactismos y voy a por el voto en blanco?… Se admiten apuestas.

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[1] Para votar a Ciudadanos, que también ha tenido problemas internos, voto a UPyD. El PACMA y los Verdes era para poner un poco de relleno. Otros partidos híperminoritarios que podría haber mencionado son el PA, Ciudadanos en Blanco, AES, Partido de la Libertad Individual...

martes, 5 de julio de 2011

Determinismo biológico, no; socioeconómico, sí

La comunidad educativa ha reaccionado con uñas y dientes ante un informe de la CEOE que apunta a recientes estudios que vinculan la herencia genética como uno de los factores que influyen en los resultados escolares incluso ligeramente por encima de los factores socioeconómicos. Muchos, en buena parte con mucha razón, han puesto el grito en el cielo apuntando que algo así roza el fascismo.

Efectivamente, teorías que abrazan en mayor o menor medida y con más o menos estadísticas no concluyentes cualquier tipo de determinismo biológico tienen mucho de fascista, pero hay algo aún más preocupante en las reacciones que se han apresurado a apuntar, con toda naturalidad, que el informe de la CEOE yerra porque el principal factor es el nivel socioeconómico y cultural. O sea, que a estos señores les parece muy mal el determinismo biológico, por nazi, y, en cambio, no les alarma nada en absoluto el determinismo social, ése que pone en evidencia que el sistema ha fracasado en su última pretensión: poner a disposición de todos los niños la igualdad de oportunidades para que, independientemente de sus condicionantes familiares y sociales, tengan un entorno escolar que les permita avanzar en la escala social conforme a su esfuerzo y sus capacidades.

Se me ocurren diversas razones por las que muchos no parecen incomodarse con el determinismo socioeconómico-cultural. La primera es que ellos forman parte de ese sistema que es incapaz de resolver ni tan siquiera parcialmente ese determinismo. Los cambios que harían falta serían de tal magnitud y acabarían con tantos privilegios, especialmente del profesorado, que sería difícil imaginar a muchos docentes inclinando la balanza hacia un sistema más equitativo, que al mismo tiempo exigiría mucho más esfuerzo de su parte (y también de parte de los alumnos). En cualquier caso, resulta triste ver como la gente se acostumbra a todo, incluso a que, como antaño, sea casi imposible salir del estamento social de cuna. Pero lo que más llama la atención es que muchos de los acomodaticios se consideren progresistas. Después de esta reacción tan masiva como acrítica, como dicen en Catalunya, hay que hacérselo mirar.


Charo Nogueira, El País, 4 de julio de 2011

sábado, 2 de julio de 2011

HOMENAJE A CATALUÑA (HOMENAGE TO CATALONIA, 1938)

George Orwell
Editorial Virus.
275 páginas.

George Orwell conoció España muy bien, para lo cual le bastaron tan sólo seis meses durante la guerra civil. Llegó en diciembre de 1937 a una Barcelona aún dominada por los anarquistas y el POUM [1] para ejercer de periodista, pero sus convicciones le llevaron a alistarse en las milicias, en la división 29. Homenaje a Cataluña es el relato sincero de sus vivencias durante su estancia en España, no sólo de sus tres meses como miliciano sino también de sus avatares en la capital catalana, de los sucesos de mayo del 37, de su regreso al frente de Aragón, de su convalecencia tras la herida de bala que sufrió en la garganta y, finalmente, de su periplo para huir de un país que estaba viviendo una de las peores purgas imaginables.

Durante su intensa estancia tuvo tiempo para percatarse de muchas cosas, no sólo del carácter de los españoles, de los que habla muy bien, sino también de las rencillas políticas en la retaguardia republicana, de las que nos habla en los dos apéndices que siguen al libro. Y es que, además de brindarnos un testimonio excepcional de las condiciones de lucha de las milicias y de la situación en Cataluña y el frente de Aragón, nos sumerge en el relato final de la obra en unos acontecimientos que han pasado desapercibidos para muchos y, nos permite ver, desde una perspectiva más amplia, otro enfoque de la guerra española, a menudo tan simplificada.

Las conclusiones son, sin duda, interesantísimas; el estilo, fluido, pero es la honestidad del testigo presencial lo que más nos transmite, especialmente su sinceridad para advertirnos de su parcialidad y sus posibles errores, pese a lo cual, se nos semeja un relato sumamente verosímil. Quizás contenga errores accidentales o la visión parcial de quien busca transmitir lo que vio directamente. Aunque, más allá de todo eso, son sus análisis lo que marca la diferencia.
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[1] Partido Obrero de Unificación Marxista, partido marxista heterodoxo, ajeno a la Internacional y al Stalinismo.

martes, 28 de junio de 2011

Soberanías nacionales

Por si alguien seguía pensando que los Estados nacionales aún son soberanos en Europa, la crisis griega está dejando en evidencia todo lo contrario. Lejos de conformarse con imponerle a Grecia una serie de condiciones a cambio del siguiente tramo de ayudas, el Consejo europeo se atreve a emplazar a la oposición griega a apoyar las medidas del gobierno de Papandreu. Y es que el líder de la oposición griega, aún piensa que Grecia es un país independiente, como supongo que harán muchos griegos. Nada más lejos de la realidad, ni Alemania si quiera parece capaz de mantener sus posiciones propias en el debate europeo.

Y es que la UE tiene una peculiaridad: mantiene a los países europeos muy interconectados económicamente, tan dependientes entre sí que los mayores afectados por una quiebra soberana griega serían los bancos alemanes y franceses y, con ellos, el corazón de la eurozona, con los devastadores efectos que tendría, no sólo para el crédito en esa divisa (y con ello para el crecimiento interno) sino también para países como el Reino Unido, cuyo comercio exterior depende en gran medida de la zona euro. Esta interdependencia se topa, no obstante, con un torpe sistema burocrático y político incapaz de coordinar suficientemente rápido y eficazmente los esfuerzos para paliar los efectos de la crisis de deuda.

De modo que la UE tiene las ventajas de tener una economía unida y también las desventajas, sin tener, en cambio, la estructura ni la homogeneidad que se esperan de una zona económica de esas características. Grecia tiene un grave problema de estructura del Estado, tiene un desproporcionado Estado del bienestar y un amplio sector público. La deuda contraída por ese despropósito de gestión parece, en cambio, que la vamos a pagar los contribuyentes, pase lo que pase. Si rescatan a Grecia, porque la rescatan (sería una transferencia directa de fondos) y, si cae, porque se rescaten los bancos con problemas debidos a dicha quiebra. Como diría José Mota: las gallinas que entran por las que salen.

¿Y qué obtenemos los contribuyentes europeos a cambio de semejante esfuerzo? El reproche de que sólo nos importa el dinero, no las personas, y la laxa garantía de que unos técnicos de la troika al rescate se asegurará de que los que han arruinado el país, lo saquen adelante. El problema de Grecia pone de manifiesto que si los europeos queremos conservar nuestro famoso modelo de bienestar, debemos hacer concesiones a la Unión. No es suficiente con estar unidos en la burbuja, cuando todo va bien y la confianza, a la par que el crédito, fluye desmesuradamente, también hay que estar a las duras, cuando toca devolver el crédito y un país ha demostrado ser incapaz de gestionar sus recursos. La interferencia en la soberanía griega del Consejo europeo es el síntoma de algo que ya venía pasando. A Grecia no le importó ser europea cuando tenía los tipos de interés bajos en el marco de una coyuntura económica favorable. Ahora que toca aplicar recortes, tampoco debería importarle ser europea, especialmente teniendo en cuenta que el dinero se lo deben mayoritariamente a europeos.

El problema sigue siendo, en cambio, la falta de integración política y fiscal de la UE. Ya se sabe que la velocidad del grupo es tanta como la del individuo más lento. Ése es el problema de Europa, sigue siendo un grupo, no una unidad. Cuando toca mirar a la economía, se mira, por ello, a los países individuales, no a la economía europea en su conjunto, que no es tan débil como se inferiría de las noticias de estos días. Esto, en cambio, exigiría una integración que disolvería muy buena parte de la soberanía de los Estados, incluido el griego, que no es el único que está viendo como su país lo gobiernan desde Bruselas y no desde Atenas (mera sede formal). Esto es lo que muchos temen: una unión que diluya los Estados. La alternativa, en cambio, ya está vista: una mastodóntica confederación que se tambalea aturdida sin saber qué rumbo tomar y en la que los Estados siguen siendo, al menos formalmente, soberanos.

sábado, 25 de junio de 2011

Un gran paso adelante, pero insuficiente

El anuncio de Esperanza Aguirre de reformar la ley electoral de la Comunidad de Madrid en la legislatura entrante para desbloquear las listas y mejorar la representatividad es una gran noticia. Con su acreditada trayectoria como político coherente y cumplidora, el anuncio de por sí es un paso, pero no basta.

Si esta reforma se termina materializando y la Comunidad de Madrid desbloquea sus listas en las elecciones, se habrán sentado las bases para que se haga lo mismo en el resto de España, pero no será suficiente para que los partidos nacionales democraticen sus estructuras internas y mejoren sus procesos de elección de candidatos, que es a lo que al final debería llevar un sistema de listas abiertas, es decir, a dar verdadero poder al electo y no al jefe que le “deja” ir en la lista. Esto, sin embargo, parece posible sólo si finalmente se generaliza el uso de listas abiertas. De lo contrario, los partidos regionales en Madrid verán ligeros cambios en sus estructuras de poder sin que eso termine de traducirse en cambios generalizados a nivel nacional… Será un parche o, mejor, un oasis, pero España seguirá viviendo el lamentable espectáculo de listas con imputados con gran respaldo ciudadano y cosas esperpénticas varias que no tendrían por qué pasar en un sistema de listas abiertas.

En cualquier caso, si Esperanza Aguirre de verdad quiere que esto tenga profundas implicaciones, que incluso cambiarían para siempre la forma de funcionar de su partido, debería poner todos los medios para que Mariano Rajoy no sólo proponga una reforma similar a nivel nacional sino para que la haga, junto con la crisis económica, el eje central de su campaña electoral. Si así lo hiciera, sería toda una lección para las célebres últimas Cortes franquistas que aprobaron la Ley para la Reforma Política: esto sí que sería un "hara kiri", especialmente después del dedazo fragaliano con bigote del 2003.


El País. 13 junio 2011.

martes, 21 de junio de 2011

Bloqueo del Tribunal Constitucional

Desde que el PSOE ganó las elecciones de 2004, el PP adoptó una estrategia de deslegitimación del gobierno, basada generalmente en la idea de que, dadas las especiales circunstancias de los comicios del 14M, ese gobierno no era verdaderamente legítimo.… Y fue así como el PP comenzó a hacer una serie de cosas absolutamente contrarias al juego leal de un partido democrático, mientras el Zapatero más irresponsable destruía todos los consensos básicos… (y luego se quejan de que exista el 15M).

Así las cosas, sin desviarme mucho del tema principal, una de las cosas que el PP empezó a hacer fue bloquear absolutamente la renovación del Tribunal Constitucional y, ¿por qué no?, del CGPJ (que, si no recuerdo mal, sí fue renovado finalmente). Se veían en el poder en el 2008 de nuevo y, por si acaso, tenían que asegurarse de que las nuevas mayorías no se tradujeran al poder judicial, cuestión a la que no pusieron ninguna resistencia, en cambio, cuando Aznar ganó las elecciones. De modo que esto es lo que hay, por la actitud antidemocrática de las élites del PP, el PSOE ha tenido que gobernar con un poder judicial que reflejaba las viejas mayorías, así hasta que el PP tenga de nuevo el poder, cuando se apresurarán a renovar el Tribunal Constitucional conforme a las reglas de juego, lo que no le han permitido, en cambio, al PSOE durante todo este tiempo.

Este juego, que no hace falta ser Maquiavelo para desentrañar, revela la forma de ver y hacer política de la derecha que viene (y que nunca se fue del todo del poder judicial), una derecha que sabotea el sistema cuando no lo controla y que lo utiliza cuando sí tiene el poder, exactamente la misma actitud de la derecha republicana. Por suerte, la izquierda no se comportaba de la misma manera, hasta que vimos al Zapatero dinamitador de los consensos básicos. ¿Cuándo volverá la política en España a sus cauces normales? El PSOE, asomado a su autodestrucción, no parece estar por la labor de jugar a lo mismo, ¿cambiará Rajoy, en cambio, su forma de hacer política? Me temo que no.


El secuestro del Constitucional
Javier Pradera, El País, 15 junio 2011