Las expropiaciones se han disparado en Venezuela este año y es que el presidente Hugo Chávez está dando un impulso importante a su proceso "revolucionario". Muchas de estas expropiaciones se han llevado a cabo de facto y sin respetar la normativa venezolana. La situación de los ciudadanos es de tal indefensión en ese sentido que cuesta creer que aún haya gente que dé crédito a la calidad democrática de ese país.
Las expropiaciones de Chávez en la plaza Bolívar de Caracas se hicieron muy famosas y ponen de relieve en toda su crudeza lo que no es un Estado democrático de Derecho, que busca, ante todo, evitar la indefensión de los ciudadanos frente a la actuación de los poderes públicos. El vídeo es un reportaje de BBC mundo sobre esas expropiaciones. Las consecuencias se hicieron bien visibles a la mañana siguiente cuando los empleados de la joyería de uno de los edificios expropiados comenzaron a desalojar la tienda sin saber si quiera si iban a conservar sus puestos. Una de las empleadas no pudo contener el llanto. Lo que más me molesta es el indolente final del reportaje en el que la periodista de la BBC dice: Esta es la plaza Bolívar en el centro de Caracas. Aquí nació la ciudad y aquí sigue haciéndose historia que, como en todos los casos, tiene ganadores y perdedores. Sólo el tiempo dirá cuál de los dos tenía razón.
En las últimas semanas, hemos asistido a la expropiación de diversas cadenas de supermercados en Venezuela, la cadena Éxito, la empresa Cargill... Los acusan, entre otras cosas, de especular: de comprar barato y vender caro. Está visto que para el gobierno de Venezuela el comerciante minorista, el último eslabón de la cadena de distribución hasta llegar a los consumidores, con todo el valor añadido que aporta, no tiene derecho a obtener un beneficio económico por su actividad sino que debe subyugar su actividad al extravagante modelo de fijación de precio del socialismo: el Estado fija el precio según le parece y luego ya en el mercado negro los bienes, más escasos aún, se intercambian por su precio real ajustado a la ineludible ley universal de la oferta y la demanda.
La condena de la "especulación", de las "arbitrarias" reglas del mercado no es más que una muestra de a lo que lleva el socialismo. Ahora todas estas cadenas de supermercados expropiados van a formar parte de COMERSO, una red de comercios socialistas donde el gobierno del país va a distribuir los bienes que satisfagan las "verdaderas" necesidades de los venezolanos. Pero no nos dejemos engañar. Esta respuesta rabiosa de Hugo Chávez es una huída hacia adelante para solucionar los problemas que su propio socialismo ha provocado. Quiere arreglar los destrozos del socialismo con más socialismo. Hasta ahora su política económica ha provocado inestabilidad, y problemas de desabastecimiento energético y alimenticio. Pero estas medidas, lejos de solucionar la escasez, la agravará. Chávez lavará la cara frente a sus voluntaristas idólatras entregados a la causa de la igualdad social, pero en Venezuela será cada vez más difícil encontrar alimentos y otros bienes básicos. Mi enhorabuena a Hugo Chávez por aplicar nuevamente las viejas recetas envenenadas que parieron en su día los enemigos de la libertad.