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sábado, 25 de junio de 2011

Un gran paso adelante, pero insuficiente

El anuncio de Esperanza Aguirre de reformar la ley electoral de la Comunidad de Madrid en la legislatura entrante para desbloquear las listas y mejorar la representatividad es una gran noticia. Con su acreditada trayectoria como político coherente y cumplidora, el anuncio de por sí es un paso, pero no basta.

Si esta reforma se termina materializando y la Comunidad de Madrid desbloquea sus listas en las elecciones, se habrán sentado las bases para que se haga lo mismo en el resto de España, pero no será suficiente para que los partidos nacionales democraticen sus estructuras internas y mejoren sus procesos de elección de candidatos, que es a lo que al final debería llevar un sistema de listas abiertas, es decir, a dar verdadero poder al electo y no al jefe que le “deja” ir en la lista. Esto, sin embargo, parece posible sólo si finalmente se generaliza el uso de listas abiertas. De lo contrario, los partidos regionales en Madrid verán ligeros cambios en sus estructuras de poder sin que eso termine de traducirse en cambios generalizados a nivel nacional… Será un parche o, mejor, un oasis, pero España seguirá viviendo el lamentable espectáculo de listas con imputados con gran respaldo ciudadano y cosas esperpénticas varias que no tendrían por qué pasar en un sistema de listas abiertas.

En cualquier caso, si Esperanza Aguirre de verdad quiere que esto tenga profundas implicaciones, que incluso cambiarían para siempre la forma de funcionar de su partido, debería poner todos los medios para que Mariano Rajoy no sólo proponga una reforma similar a nivel nacional sino para que la haga, junto con la crisis económica, el eje central de su campaña electoral. Si así lo hiciera, sería toda una lección para las célebres últimas Cortes franquistas que aprobaron la Ley para la Reforma Política: esto sí que sería un "hara kiri", especialmente después del dedazo fragaliano con bigote del 2003.


El País. 13 junio 2011.

sábado, 7 de mayo de 2011

Juguemos a que nos gusta el Tribunal Constitucional un día sí y otro no


El concepto que los españoles tienen del Tribunal Constitucional está bastante claro hace desgraciadamente algunos años y ayer estuvieron a su propia altura.
Federico Trillo, ocasional pagador de limosnas a periodistas

A lo largo de mis estudios he tenido la ocasión de analizar a fondo varias sentencias del Tribunal Constitucional y, desde entonces, he tenido en gran estima su labor y la importancia que tiene su presencia para la salud del sistema democrático español. Sin escapar del todo a alguno de los males que atacan al sistema judicial español, especialmente el de la saturación, el hecho de ser el único tribunal que admite a magistrados que no sean jueces de carrera aporta un elemento interesantísimo que enriquece sus sentencias y aporta rigor e independencia.

La ley de partidos políticos es un instrumento peligroso si no existen los controles oportunos. Da el poder de ilegalizar partidos y de prohibirles presentarse a unas elecciones y, dada la situación de ETA-Batasuna, ese paso era necesario. La democracia debe defenderse del terrorismo incluso impidiendo que el apoyo a éste se le preste desde las mismas instituciones y, si eso supone ilegalizar un partido, entra dentro de la lógica de respeto que se espera de los partidos políticos en una democracia (no que tomen apuntes de las rutinas de los compañeros de bancada para que luego otro les espere fuera con una pistola). Eso lo hemos entendido muchos españoles, incluso entendemos que es una exigencia democrática. Pero con esto hay que tener precauciones. Los demás partidos no pueden jugar a que aceptan las sentencias cuando éstas ilegalizan partidos y que no las aceptan cuando rechazan la ilegalización (o la concurrencia a unas elecciones como es este caso). Y éste empieza a ser ya un juego recurrente.

Ignoro los motivos de fondo para evitar que Bildu se presente o no a estos comicios, pero sé que el Tribunal Constitucional ha demostrado en su historia el rigor y la profesionalidad suficiente como para hacer respetar escrupulosamente los derechos humanos en nuestro país. Y ha funcionado. El prestigio de España como país democrático se debe en buena medida a que tenemos un gran sistema legal de garantías de los derechos y libertades fundamentales, además de tener ratificados con contadas matizaciones todos los Tratados y Convenios Internacionales en materia de derechos humanos que tienen a bien informar la doctrina del Constitucional. Así que más allá de que Bildu deba o no concurrir a las elecciones, tema que no conozco en absoluto con el suficiente detalle, debemos alegrarnos de que el sistema haya funcionado y de que el Tribunal Constitucional haya emitido sentencia le pese a quien le pese, como ha hecho siempre, al menos en materia de derechos humanos. Así que cuando a algún etarra se le ocurra venir con la milonga de la opresión franco-española y demás miserias intelectuales para justificar la violencia, el horror y la muerte, los españoles, también ellos, podremos decir que no tenemos ninguna duda de que desde 1978 España tiene uno de los sistemas legales más garantistas del mundo. Para botón de muestra: esta sentencia. Si incluso en casos dudosos como éste, el Constitucional votara siempre sin escisión por el sí a la prohibición de concurrir a las elecciones, sospecharía. Como no siempre es así, parece que se están haciendo bien las cosas. ETA o no, la historia lo dirá. Mientras tanto, tendremos la conciencia tranquila sabiendo que al menos, por ahora, aunque algunos políticos no quieran, la democracia está a salvo.



El Constitucional da vía libre a Bildu para acudir a las elecciones
El País. 5 de mayo 2011.

sábado, 8 de enero de 2011

Otro gran ejemplo de democracia interna

© Miguel Soldado Serrano

Las elecciones municipales y autonómicas están a la vuelta de la esquina como aquél que dice y los partidos ultiman las listas electorales con gran vergüenza ajena para las ciudadanos que, probablemente, acudirán decepcionados a las urnas para participar en un sistema que los utiliza como coartada para subyugar su libertad. Una de esas perversiones más notables reside precisamente en la partitocracia y su funcionamiento. Toda democracia debe asentarse en el poder de los partidos políticos. Esto es algo que, vista toda la experiencia, es innegable. Lo que tampoco se puede negar es que los partidos políticos tengan que funcionar como lo hacen en este país. Y el PP es un gran ejemplo, para mal, de ese funcionamiento.

Quizá el caso más llamativo ha sido el de Asturias, pero no tengo ninguna duda de que habrá más ejemplos. El PP y, especialmente, Mariano Rajoy, ha actuado como sólo ellos saben hacerlo: de tapadillo, dando largas y utilizando finalmente el sistema dedocrático de gobierno. La primera consigna es que no se note, siguiendo el infame dicho español de “los trapos sucios se lavan en casa”, como si elegir candidatos fuera algo que ocultar a la opinión pública. La segunda consigna, una vez que se ha notado un poco, es que no se hable mucho de ello. La mejor técnica en este caso es dilatar el “problema” en el tiempo con declaraciones ambiguas y posturas indefinidas. Todo ello siempre pone de relieve lo que en el fondo no quieren que destaque: si todo el mundo está pendiente de la dirección nacional del partido es porque, al final, se sabe que decidirá el líder nacional caiga quien caiga y aún con las bases en contra, esto es, sólo el vértice supremo de la pirámide tiene el poder, que ejerce arbitrariamente, pero que no lo parezca. La dictadura del dedo se ve así como una benigna dictablanda. Y, al final del todo, el dedazo. Mariano Rajoy acaba con la fingida ambigüedad adoptando una decisión en vísperas de Nochevieja: volvemos a la consigna número uno, es decir, que no se note.

Toda esta forma de actuar sólo denota una cosa: la forma de ser. No seré yo el más forofo de citar los evangelios ni a Jesús de Nazaret, pero ya que ellos dicen aplicarse el cuento: “por sus hechos los conoceréis”. Y esta es la derecha a la que yo conozco o, al menos, el partido que la representa sin decirlo muy alto: la derecha de la autocracia, la de decidir desde arriba, la del aquí se hace lo que yo digo y la que confunde, en definitiva, orden con falta de libertad y, para lo que viene al caso, con la falta de democracia interna. Y no seré yo el mayor fan del socialismo. Ya he reiterado en este blog varias veces que creo que el socialismo como teoría política es una aberración intelectual. Sin embargo, el PSOE, en esto de elegir candidatos, lo hace de otra manera. Es verdad que la mayoría de las veces tienden a comportarse de la misma forma, aunque no deja de ser un partido con el poder más repartido, pero hay momentos en los que nos sorprende. La última fueron las primarias de Madrid que perdió la candidata de la dirección. La penúltima fue el Congreso que ganó Zapatero, contra el aparato felipista.

Sí, son pocos casos en los que la democracia interna se abre paso (y para mí la mejor prueba es que pierda la dirección, no como en UPyD, donde siempre gana). Puede que el PSOE no sea ejemplo para muchas cosas, pero incluso ellos mismos deberían seguir más esos contados casos de democracia interna. Todos los partidos deberían seguirlos. Y, sí, es cierto que la ley electoral no ayuda y que lo que se quiso fomentar fueron los partidos políticos tal y como funcionan ahora. Ya sabemos que los españoles nunca hemos creído en nuestra propia capacidad para ser libres y regirnos democráticamente. Pero ya han pasado muchos años y va siendo hora de que esto cambie. La pregunta es ¿será la derecha española capaz de regirse democráticamente?

La Voz de Galicia. 30 de diciembre 2010.

lunes, 29 de noviembre de 2010

CiUPyDanos


Por más que Antonio Robles y, especialmente Rosa Díez, se hayan empeñado en recalcar que UPyD no es lo mismo que Ciudadanos como coartada a su negativa a pactar una concurrencia conjunta a las elecciones, el electorado catalán ha elegido, creo que adecuadamente, por revalidar a Ciudadanos en el Parlament. Y es que, aunque probablemente mucha gente no lo supiera, el partido de Rosa Díez, porque es su partido y no el de nadie más, necesitaba un varapalo electoral. Desconozco si el motivo de ese varapalo es la crisis interna de UPyD, incluyendo los serios problemas que tuvieron en Catalunya, o si es simplemente desafección hacia una marca nueva que tanto se parece a una ya conocida Ciudadanos.

En cualquier caso, sea lo que sea, a lo mejor sí va a resultar que UPyD y Ciudadanos sí van a ser distintos. Y no me refiero a las pequeñas diferencias de programa o ideario sino a la forma de hacer. Si hay una cosa clara después de la purga magenta que organizó Rosa Díez, es que ella no está dispuesta a que nadie más discrepe en UPyD. Poco a poco ha conseguido centralizar un movimiento de bases y convertir a la Dirección en la infalible e inquisidora voz de la regeneración democrática (¡qué paradoja!). Es algo muy jacobino y parece que de eso era de lo que se trataba después de todo.

Ciudadanos, por contra, ha superado una crisis interna y ha vuelto a enfrentarse a las urnas, parece ser, con democracia interna y, finalmente, con éxito. Dejadme que desconfíe de lo primero, de la democracia interna en Ciudadanos, porque en esto soy ya bastante escéptico. Pero, dejando esto a otro lado, sí hay un gesto que honra a Albert Rivera frente a Rosa Díez: su sincera voluntad de pactar esa concurrencia conjunta, su firme creencia, puesta sobre la mesa, de que hace falta un tercer partido bisagra nacional en España y su voluntad de llegar a un acuerdo en ese sentido. Si el pacto no llegó, es por la negativa personal de Rosa Díez. La negociación estaba abortada desde el primer momento y el acuerdo era imposible porque, en una formación conjunta, las perspectivas de que Rosa Díez siguiera mandando con mano de hierro eran prácticamente imposibles, como mínimo, se habría visto obligada a consensuar con los hombres fuertes de Ciudadanos y eso, oculto bajo el eufemismo de que ella quiere la “misma voz en toda España”, era lo que no quería.

Así que después de las elecciones catalanas, los españoles tendremos que conformarnos con dos partidos nacionales bisagras, uno en Madrid y otro en Barcelona. Y aquí es cuando el PP y el PSOE saltan de alegría porque UPyD y Ciudadanos son, por separado, un pequeño estorbo, juntos serían una molestia en condiciones. Ahora, gracias a que Rosa Díez no quiso sumar fuerzas para no perder poder autocrático, los españoles estaremos abocados a lo de siempre: o una derecha cavernícola que se calla antes de las elecciones para parecer moderna o una izquierda derrochadora que aún puede llevarnos a la catástrofe con un hipotético rescate de España. Pase lo que pase, la opción de hacer fuerza con ese tercer partido ha pasado. ¿Y todo por qué? Por la terquedad hispana y, como diría José Mota, por el ansia viva.

17 de septiembre de 2009.

jueves, 10 de junio de 2010

Siete días (Telemadrid). Crisis de UPyD: sueños que se desvanecen


Por alguna razón desconocida, tal vez se deba a nuestro carácter y a la forma que tenemos de encarar los problemas políticos, España parece incapaz de tener un partido político de corte no leninista en lo que a su funcionamiento interno se refiere. UPyD es el ejemplo palmario de como un intento de crear una formación política con usos democráticos internos ha fracasado, una vez más, en pro de una dirección que no ha logrado soportar la discrepancia sin convertirla en disidencia.

Telemadrid, no sin un interés muy particular, ha puesto de relieve la problemática de UPyD, sobre la que ya publiqué dos artículos en este blog (¿Regeneración democrática? y Coherencia y credibilidad: la crisis de UPyD) y que se ha visto agravada por la escasa participación en el Congreso de noviembre y algún expediente polémico.

El Confidencial. 22 de enero de 2010.


domingo, 7 de febrero de 2010

El drama de España


La bolsa se ha desplomado esta semana. Hemos tenido nuestro particular jueves negro y las comparaciones de nuestro país con Grecia crecen, se multiplican como una infección que destruye todo nuestro prestigio de país fiable y solvente. Algunos se estarán frotando las manos mientras esperan a que el gobierno caiga como un peso muerto, pero lo cierto es que la situación económica preocupante (recesión, paro, huida de la inversión extranjera) se suma a una crisis política poco halagüeña.

Aquél que piense que las buenas perspectivas del Partido Popular en el CIS son un avance se equivoca. Esas buenas perspectivas no lo son tanto. El PP obtendría ahora un porcentaje de votos similar al que tuvo en 2008 y mientras tanto este gobierno destartalado, desnortado y abrumado por la situación se hunde en las encuestas. Lo preocupante es que la alternativa no se afianza. El PP prefiere permanecer en un cómodo segundo plano de perfil bajo a liderar un auténtico discurso de reformas. Esperan llegar al gobierno por la mínima y declarar entonces sus verdaderas intenciones en política económica (si es que la tiene). Sin embargo, las cosas no se hacen así. Ya sabemos que el PP está acostumbrado a la opacidad, a la falta de transparencia, a la ley del silencio, al guardar la cara... pero no puede pretender obtener una buena mayoría que refuerce el “cambio”, más bien la alternancia, si se limitan a ser espectadores de la hecatombe en la que nos está sumiendo, en el mejor de los casos, la inactividad gubernamental.

Necesitamos un viraje fuerte de timonel, un liderazgo sólido, enérgico, capaz de encararse con unos sindicatos verticales atrincherados en la defensa de unos pocos privilegiados, los trabajadores indefinidos, en perjuicio del resto de trabajadores que ahora en lugar de la tan denostada precariedad laboral sufren el paro y, cada vez más, la pobreza y la marginación. Ese liderazgo ya no puede ejercerlo José Luis Rodríguez Zapatero, si es que ha llegado a ejercerlo algún día, pero ¿puede hacerlo Mariano Rajoy? Me temo que por el momento no. No se trata ya de una cuestión de carisma personal, de habilidades de comunicación, de empatía con los votantes... es una cuestión de voluntad política. ¿Dónde está su determinación para hacer una oposición firme, fiable, responsable, en definitiva, que ofrezca la alternativa que necesitamos? Al tiempo que María Dolores de Cospedal especula con la posibilidad de una moción de censura, su inmediato superior pide tan sólo un debate. ¡Un debate! Si ya tenéis uno todos los miércoles...

El drama de España se mide en los dos grandes partidos, en sus dos grandes “líderes”. Los dos, a su manera, aterrados por Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, incapaces de dar un paso en firme, siguen corriendo enloquecidamente por la senda del despilfarro público en un sistema insostenible. Es lógico, por tanto, que los principales actores económicos internacionales siembren dudas sobre nuestro país. Dudas que el gobierno deberá acallar con algo más que gestos y palabras imprecisas, con algo más que soluciones a problemas de dentro de veinte años (las pensiones). Los problemas acuciantes del presente aguardan mientras tanto olvidados en el “portfolio” de Moncloa y los inversores extranjeros son capaces de percatarse de ello. Lo peor es que todas estas advertencias internacionales, tan sólo por el prestigio y la influencia que tienen, cuentan con una alta capacidad “autopredictiva”*. Esperemos que éste no sea el caso.
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* Sobre esto recomiendo el artículo de Carlos Martínez Gorriarán: “Davos, la montaña poco mágica, y el prestigio de Zapatero”

jueves, 17 de septiembre de 2009

Coherencia y credibilidad: la crisis de UPyD



Hace apenas dos meses saltó la noticia de la crisis de UPyD a los medios de comunicación a cuenta de la salida de Mikel Buesa y otros tantos más. Desde entonces, la misma curiosidad que me llevó a interesarme por este partido desde su nacimiento me ha llevado a informarme sobre las causas de fondo de esta crisis "orgánica". He consultado varios testimonios, he indagado y buceado en la red para conocer mejor lo que estaba sucediendo y, desgraciadamente, no es nada distinto de lo que haya podido suceder o de lo que pueda ocurrir en el futuro en otros partidos políticos españoles. Todo ello, no obstante, no exculpa ni mucho menos a los responsables políticos de esta crisis sino que acrecienta su responsabilidad considerando cuánto se han llenado la boca con el mensaje de la regeneración democrática.

Tras estas indagaciones, he podido constatar que ha habido a lo largo de la corta, pero intensa vida de esta formación una constante pugna de la dirección con las coordinadoras territoriales para imponer su criterio y a sus personas; que, lejos de favorecer un funcionamiento democrático desde la base, han fomentado, más aún, impuesto un férreo control desde arriba dirigido a centralizar en un mando único toda la actuación y la estructura del partido, y que, en definitiva, el partido ha derivado en un autoritarismo que ha acabado por generar una disidencia, aunque muy moderada, y una represión, que no ha sido sino el último eslabón insalvable de esta dialéctica anti-democrática.

Estos disidentes son un grupo de afiliados, entre ellos, algunos importantes fundadores del partido, de aquéllos que dieron su voto y su confianza a Rosa Díez para ser su portavoz. Entre sus reivindicaciones primigenias se hallaba una enmienda al reglamento del primer Congreso de UPyD, que se celebrará en noviembre. La dirección del partido había presentado un reglamento en el que la futura dirección se elegiría “por el voto individual, directo y secreto de la totalidad de los afiliados incluidos en el censo del Congreso mediante listas completas, cerradas y bloqueadas y de acuerdo al sistema de voto mayoritario”. Se trataba en definitiva de que Rosa Díez pudiera presentarse nuevamente a la portavocía del partido eligiendo, además, a todos los miembros del Consejo de Dirección, siendo éste el único órgano decisorio del partido e, impidiendo así, que cualquier tipo de oposición interna tuviera cabida en el órgano que toma prácticamente todas las decisiones (luego refrendadas de forma plebiscitaria -entiéndase en su acepción negativa- por el Consejo Político).

Así las cosas y después de todo lo sucedido en las coordinadoras territoriales, algunos de estos afiliados no estaban por la labor de andar aplaudiendo el proceso de “leninización” (permítaseme este palabro) de un partido que habían creado para hacer política de otra manera, entre lo que ellos creían que se incluía la democracia interna. Expusieron sus pretensiones en el Consejo Político, presentaron la enmienda, se la rechazaron... Y, después de todo esto, el vocero de Rosa Díez, Gorriarán, publicó un artículo desvelando las falacias de la enmienda sin tan siquiera explicar su contenido. Así las cosas, los aún no disidentes quisieron contestar: escribieron un artículo, pero les negaron su publicación en la web oficial del partido y por ello abrieron un blog, el ya conocido por algunos estanoeslawebdeupyd.blogspot.com. Hasta aquí, todo parece tener un cariz civilizado, democrático (salvo por la monopolización de la página web, que es, después de todo, un gesto muy feo). La dirección y una mínima oposición interna estaban haciendo política, estaban dialogando. Sin embargo, todo este proceso, que debe ser tan natural, de debate interno de cara a un Congreso que es crucial estalló. Al poco de abrir el blog, se inició una auténtica purga interna. La dirección estaba dispuesta a hacer uso de los instrumentos, siempre excepcionales, de las sanciones para acallar a varios afiliados. Les enviaron una carta dándoles 48 horas para cerrar el blog y, como no lo hicieron, abrieron un expediente a 14 afiliados con suspensión de militancia incluida y sin previa audiencia.

Lo que había sucedido en las coordinadoras ya había dado unas serias indicaciones acerca del viraje del partido hacia el autoritarismo. Algunos podrían entenderlo, incluso justificarlo, no es lógico que un partido que se dice con un discurso nacional unívoco se atomice y acabe lleno de federaciones como el PSOE. Admítase sin salvar las formas que se tuvieron. Sin embargo, ha sido todo el debate en torno a la enmienda del reglamento del Congreso y la posterior represión desatada lo que ha desvelado finalmente la mano de hierro que protegía el suave guante de seda. A partir de ahora, que nadie se llame a engaño. UPyD no ha cambiado un ápice su discurso. Siguen defendiendo los mismos principios, las mismas reformas que nos devolvieron la ilusión hace dos años, pero, para mí personalmente, la purga magenta ha desvelado un problema que es EL PROBLEMA de la democracia española: que todos se llenan la boca con sus adjetivos mientras fomentan el más vil servilismo interno. Lo grave de este caso particular es que nos habían prometido una regeneración de la democracia, nos habían dicho que iban a hacer política de otra manera y, precisamente por ello, han traicionado mucho más nuestras esperanzas de lo que podía hacerlo José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy Brey. La incoherencia que han mostrado en este caso, insisto, levísimo de oposición ha consumido fulminantemente su credibilidad, que, a mi modo de ver, es imprescindible en un político.

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Curioso oir lo que decía Rosa Díez en 2007 sobre la regeneración democrática de los partidos políticos: prestad atención a lo que dice de la dirección de los partidos y a los derechos de los afiliados. ¡Qué grandes paradojas!

jueves, 23 de julio de 2009

¿Regeneración democrática?


El pasado 4 de julio, día de la independencia, supimos que Mikel Buesa dejaba la joven formación política Unión Progreso y Democracia (UPyD). Las razones: (i) el coordinador del partido en Madrid está implantando un control férreo y (ii) ante sus quejas, Rosa Díez dijo no estar dispuesta a dar una batalla orgánica. Parece que a UPyD le aqueja el mismo mal que a toda la partitocracia española. Es curioso como la Constitución española y la Ley Orgánica de Partidos se empeñan en recalcar que los partidos políticos españoles deben tener un funcionamiento democrático.

Nada más lejos de la realidad, lo cierto es que todos los partidos siguen una estructura cuasi-castrense/leninista sobre la base de un líder supremo, infalible e incontestable, llamado presidente, secretario general o coordinador general y de unos aduladores comités/politburós. La toma de decisiones se efectúa arriba. A las bases sólo les queda obedecer. Esto ha sido así sin excepción. Para botón de muestra, las sanciones internas que imponen para mantener la disciplina de voto y otros medidas represivas varias: el chantaje de la formación de las listas, las designaciones a dedo para cargos internos y externos... El partido es un gran aparato de colocación al que hay que estar servilmente sumiso y agradecido por las graciosas concesiones del líder local, regional y nacional. La novedad que aportaban partidos como Ciudadanos o UPyD era su voluntad de cambiar esto.

Desde entonces, he estado expectante con UPyD. Les he dado mi apoyo y he hablado bien de ellos siempre esperando reaccionar a tiempo en cuanto hubiese una deriva indeseable, un indicio de la corrupción del poder que se puede apreciar en otros partidos. Uno de los mayores handicap de UPyD, al tiempo que su gran activo, era y es su líder nacional, Rosa Díez. Es una mujer fuerte, carismática, que sabe comunicar bien con el público. Creo que en buena medida UPyD es lo que es gracias a ella. Ha sabido canalizar bien el hastío hacia la clase dirigente, hacia la política del oportunismo para hablar de una política de principios, comprometida con la regeneración de la democracia y con el progreso. Era y es un buen proyecto liberal y progresista. Sin embargo, como disponían sus propios estatutos fundacionales, ahora es un momento trascendental en el que los militantes tienen en su mano convertir a UPyD en un partido más o en hacer de él una plataforma de expresión de los que ellos llaman huérfanos políticos.

En este sentido, Rosa Díez debe apostar claramente por la defensa de la democracia interna en su partido aun a riesgo de perder ella misma o el equipo coordinador de Madrid su liderazgo y su posición. Antes de las elecciones europeas Rosa Díez se comprometió con la formación de un censo de votantes y la celebración de primarias para elegir a todos los candidatos, censo que estaría abierto a los no afiliados. A partir de octubre habrá que estar atento para verificar que esto se empieza a poner en marcha. Personalmente, después de la renuncia y de las críticas de Mikel Buesa, persona a la que otorgo gran credibilidad, creo que la pelota está en el tejado de Rosa Díez, quien debe demostrar ahora que las acusaciones de autoritarismo vertidas por Buesa no son ciertas. Las primarias pueden ser una buena prueba siempre que no sean un simple lavado de cara. La verdadera voluntad de regeneración democrática deberá verse primero en el propio partido. Si no, todo ese proyecto ilusionante habrá perdido toda la credibilidad. Ha llegado el tiempo en que el partido adopte su forma de funcionamiento definitiva: leninismo o democracia. De ello depende su propia supervivencia.