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martes, 8 de marzo de 2011

"Socialismo, un paraíso terrenal"

"Socialismo, un paraíso terrenal" o “Heaven on earth” es un documental del Canal Historia dividido en tres partes y que hace un recorrido por la historia del socialismo como corriente ideológica y su influencia en la política. Como es de esperar, el documental es de producción norteamericana, un país que apenas sí ha visto lo que es el socialismo. Un socialista de los de antaño diría, cuando menos, que este documental es un bodrio propagandístico del capitalismo para desunir a la clase obrera y debilitarla frente al capital. Pero la verdad es que es bastante imparcial y riguroso sin entrar en análisis intelectuales demasiado complejos.

El socialismo es en sí una aberración intelectual. Por no entrar en el problema de la concentración de poder y en que las dictaduras "temporales", aun del proletariado, no funcionan, no hay forma alguna de sostener que el principio “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” funcione. La historia ha emitido su veredicto y no hace falta haber estudiado las distintas teorías sobre la motivación para darse cuenta de que ese principio es un antiestímulo económico, el enemigo de cualquier gerente de Recursos Humanos, la pesadilla de cualquier persona con inquietudes. Por lo que respecta al documental, comienza con el socialismo utópico de Owen y termina con el futuro del socialismo, pero eso es en la tercera entrega. En todo ese recorrido, se hace un repaso del marxismo, del comunismo, del socialismo africano, de la socialdemocracia europea, de la experiencia judía de los kibbutz. Todos y cada uno han tenido que replegar velas. Ni siquiera en el Reino Unido o en Alemania, donde todo parece estar predestinado a funcionar mejor, ha funcionado el socialismo.

No cabe duda de que la lucha obrera ha sido un acicate que ha llevado a importantes conquistas sociales que hoy en día se consideran derechos humanos y que liberales como yo apoyamos. Muy pocos se atreven a desafiar la universalización de la sanidad y la educación o los subsidios de desempleo. Y nadie, espero (aunque siempre hay algún listo en LD o el IJM), apoya el trabajo infantil, las jornadas laborales interminables o las condiciones de trabajo peligrosas para el obrero. Pero que sortear esas barbaridades y lograr mecanismos básicos de igualdad de oportunidades haya sido un logro no quiere decir que la propiedad deba ser colectiva o estatal, que los mercados tengan que desaparecer o que los incentivos a la productividad sean malos, por no hablar ya de la democracia ni de los derechos humanos, instituciones ambas por las que el socialismo no tiene afición.

Este documental nos recuerda lo peligrosas que pueden ser las “inocentes” utopías. Y es que hacer una presunción de como el ser humano es e intentar luego amoldarlo a esa presunción es algo que no funciona. Nada mejor que ser pragmático para afrontar los problemas políticos con eficacia, pero nunca perdiendo el norte de unos valores irrenunciables que nos garantizan, entre otras cosas, que nadie vulnerará nuestros derechos y que, en caso de que lo haga, lo pague. Ningún mundo ideal valdrá nunca la vida y menos la libertad de un solo ser humano. ¡Ojalá los socialistas también lo hubieran entendido así!

Entradas relacionadas:

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Os dejo con la primera entrega del documental:











lunes, 27 de diciembre de 2010

El asalto final de Hugo Chávez

Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.

Ya lo ha conseguido, Hugo Chávez es ya, oficialmente, dictador desde el 17 de diciembre, cuando la Asamblea Nacional aprobó una Ley Habilitante por la cual el Presidente de la República Bolivariana tendrá plenos poderes para legislar por decreto-ley en diversos asuntos de carácter muy amplio y que le van a permitir de facto poder prescindir del Parlamento durante 18 meses, el tiempo que queda para las próximas elecciones presidenciales. Venezuela vivía ya, de hecho, en una situación muy comprometida, con un parlamento mayoritariamente oficialista, un poder judicial sometido y un gobierno que domina todas las televisiones y buena parte de la economía nacional, el país había dejado hacía tiempo de ser una democracia burguesa, esa que tanto odia Chávez, para convertirse en un régimen socialista.

En septiembre, las elecciones legislativas venezolanas mostraron al mundo como hay países donde la oposición puede ganar en votos y perder en escaños (¡¿52 % de los votos = 39 % escaños?!). A pesar de ello, Hugo Chávez vio algo mermada su mayoría: ya no podría aprobar leyes orgánicas. Es por ello, que ha tenido tanta urgencia en seguir cercenando la libertad de los venezolanos antes de la apertura de la nueva Asamblea Nacional y ha conseguido, entre otras cosas, aprobar una ley que restringe las libertades en materia de telecomunicaciones y, como no, su ley estrella: la Ley Habilitante. ¿Cuál ha sido la excusa elegida esta vez por el dictador para darse poderes absolutos? ¡Unas inundaciones! Lo que en España se habría quedado en un Real Decreto-ley declarando una zona catastrófica y, posiblemente, en una intervención de la Unidad Militar de Emergencias, es en Venezuela un pretexto suficiente para dar barra libre al gobierno para legislar durante año y medio.

Por otra parte, la historia nos muestra que los dictadores tienen cada vez menos vergüenza: que haga falta una dictadura por unas inundaciones, ¿cómo puede colar eso? Lo que demuestra esto es que Hugo Chávez ha respetado el parlamento en la medida en que era suyo, es decir, que en ningún momento tenía intención de respetar los resultados de las elecciones ni tan siquiera amañadas por su sistema electoral en la medida en que le fueran desfavorables. Ahora es cuando se descubre, si es que alguien aún no lo había hecho ya, el cinismo y la falsedad de este déspota sin escrúpulos que dice pensar en el pueblo mientras le priva de su libertad y lo condena a la miseria.

Y, por si fuera poco, se permite el lujo de dárselas de víctima, de ponerse en el punto de mira y de compartir con su auditorio, al que compadezco, aparentes joyas de una literatura prohibida ¡porque tememos sus ideas! No, Sr. Chávez, no somos nosotros los que tememos sus ideas, es usted el que teme las de los demás y si no, ¿por qué necesita darse poderes absolutos? ¿No será, tal vez, que necesite la fuerza a falta de convicción?




Chávez se hace con el poder absoluto
El País. 26 de diciembre 2010.

martes, 9 de noviembre de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (XIII)


Las expropiaciones se han disparado en Venezuela este año y es que el presidente Hugo Chávez está dando un impulso importante a su proceso "revolucionario". Muchas de estas expropiaciones se han llevado a cabo de facto y sin respetar la normativa venezolana. La situación de los ciudadanos es de tal indefensión en ese sentido que cuesta creer que aún haya gente que dé crédito a la calidad democrática de ese país.
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El Mundo. 20 de septiembre 2010.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Benjamin Tucker. Socialismo de Estado y anarquismo: en qué coinciden y en qué difieren


Estados Unidos tiene una importante tradición anarquista, especialmente de la que ha sido denominada anarcoindividualismo o anarquismo filosófico y que cuenta en el anarcocapitalismo (Rothbard principalmente) una de sus tendencias contemporáneas de mayor importancia. La mayor parte de esa tradición se fraguó en el siglo XIX con pensadores como Spooner, Thoreau, Godwin, Spencer o Stirner. Benjamin Tucker puede contarse entre ellos como un seguidor de la corriente iniciada por Pierre-Joseph Proudhon en Francia conocida como mutualismo y que basa sus premisas en la teoría del valor trabajo.

El texto que traigo hoy se refiere a las diferencias entre el socialismo autoritario, lo que conocemos simplemente como socialismo o comunismo, y el anarquismo. Supone una interesante aproximación a los postulados de la corriente mutualista, que hunde sus raíces en ciertos postulados de Adam Smith, y deja bien claras las diferencias entre los postulados libertarios de esta postura auspiciada por Proudhon, Warren o Tucker y las posiciones autoritarias de Karl Marx.

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martes, 19 de octubre de 2010

¿Octubre de 2010?


¿Acabará siendo conocido Octubre de 2010 como Mayo del 68? Francia está inmersa en numerosos paros y protestas desde el pasado martes y la situación parece agravarse. La cuestión es qué pretenden los huelguistas aparte de sostener un sistema de pensiones insostenible porque, por más que se empeñen, veo difícil que tanta protesta cambie la raíz del problema y lo solucione. Y es que cada vez habrá más jubilados y la población activa será proporcionalmente menor, es decir, cada vez los trabajadores tendrán que hacer frente a mayores aportaciones o renunciar a años de jubilación si quieren tener cobertura en este sistema piramidal. Pero ¿por qué nadie se plantea que a lo mejor lo que hay que cambiar es la propia estructura del sistema de pensiones? ¿Por qué a nadie se le ocurre que, tal vez, el Estado sólo debería hacer frente a las pensiones no contributivas y dejar en manos privadas la jubilación de aquéllos que pueden permitirse un plan de pensiones privado? No sabemos cómo acabarán las protestas ni si el gobierno francés dará marcha atrás, pero sí sabemos que en la coyuntura actual, el sistema de pensiones es insostenible no sólo en Francia. La cuestión es si se está abordando apropiadamente la solución para su continuidad.

El País. 18 octubre 2010.

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Qué quieren vendernos con esta huelga general?


La historia de las huelgas generales viene de lejos, hunde sus raíces en los movimientos obreros decimonónicos y es, sin duda, la herramienta más política que tienen los sindicatos. Tan política que a menudo se han considerado preámbulos de acciones revolucionarias mayores. Sin embargo, ¿qué pretenden que pensemos ahora? ¿Qué están luchando por los derechos de los trabajadores? ¿Qué son la vanguardia de una clase, la obrera, amenazada por el capital?

Esta huelga general es simplemente la rabieta de unos privilegiados. Es el socialismo poniéndose en huelga contra el socialismo. Si hacemos memoria, si por un momento pensamos cómo hemos llegado hasta aquí, a qué se deben los recortes y las reformas que está haciendo el gobierno recordaremos que fueron otras huelgas generales y otras políticas socialistas, sean las siglas del partido que sea, las que nos han llevado donde estamos. Este Estado del bienestar que ha quedado insostenible y que ha habido que recortar es el fruto del fracaso de una política, la socialdemócrata que sólo ha sabido garantizar un 20 % de desempleo y el estancamiento económico.

Tal vez, sólo tal vez, si no hubiéramos cedido antes a las pretensiones de los sindicatos, ahora no estaríamos lamentado que la economía española necesite reformas que la hagan más competitiva ni recortes que mejoren la solvencia crediticia del Estado. Pero, claro, es fácil atacar unos recortes superficiales cuando se esconde el problema de fondo, cuando lo único que se plantea la gente es qué tajada puede sacar del Estado aunque sea a costa de los demás. El socialismo consiste en quitarnos mucho a la mayoría para darle poco a todos. La cuestión es qué “poco” vamos a recibir. En eso siguen, como siempre, los sindicatos.

martes, 21 de septiembre de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (XI)


Cuando un gobierno se empeña en intervenir el mercado de productos de primera necesidad sucede lo mismo que pasa siempre que el Estado interviene un mercado: que aumenta la escasez y suben los precios. A finales de julio saltó una polémica en torno a la mala gestión de los alimentos importados del gobierno venezolano, que pretende resolver una situación de escasez y elevada inflación creada por su propia intervención con más intervención. Es una lástima que se repitan los clásicos errores del socialismo para perjuicio, una vez más, de los supuestos defendidos por los socialistas, las clases humildes, que difícilmente podrán defenderse bien de las alteraciones generadas por la intervención pública. Paradójicamente, los "déspotas ricos oligarcas" de Venezuela, tan denostados por Chávez, no pasarán hambre precisamente.
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La oposición venezolana cifra en 170 millones de kilos los alimentos podridos
El Mundo. 31 de julio 2010.

martes, 24 de agosto de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (X)

Por desgracia, las amenazas que antaño profiriera Hugo Chávez reiteradamente contra Globovisión, el único canal de televisión crítico con el gobierno venezolano, se están cumpliendo. La última noticia que nos llega de este canal es que el gobierno de Chávez va a controlar prácticamente la mitad del accionariado a través de dos empresas que poseen en total el 48,5 % del capital social y que ahora están intervenidas por el gobierno. Con éste, ya no quedan canales críticos, y puede darse por perdida definitivamente la libertad de expresión y el derecho a la información en Venezuela, donde el clásico plan del socialismo de destruir la democracia desde el poder conquistado por las urnas está dando sus frutos.



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El País. 21 julio 2010.

El Mundo. 20 julio 2010.

sábado, 14 de agosto de 2010

Cien años de socialistas en el Congreso: Felipe González

Una de las intervenciones más brillantes que le he oído a Felipe González recientemente tuvo lugar el 10 de junio coincidiendo con la conmemoración del primer centenario de socialistas en el Congreso. Se nota que se encuentra cómodo, como él mismo señala, y eso da lugar a comentarios sinceros y a alguna crítica interesante sobre la gestión de la crisis del euro en España. Los medios de comunicación destacaron sus palabras pidiendo "militancia" especialmente en tiempos de crisis, pero no cabe duda de que lo más interesante de su intervención, lejos de estar en esa "profesión de fe", está más bien en lo que matiza. Por último, destaco su análisis de la coyuntura actual de la UE y de la necesidad de afrontar las reformas que se han venido aplazando en las últimas décadas. Es una pena que los políticos europeos no quieran a líderes de este perfil y carisma al frente del proyecto comunitario.


martes, 18 de mayo de 2010

Desmitificando el liberalismo (iv): el internacionalismo.


El término internacionalismo está muy ligado al socialismo. Desde que se fundara la primera internacional ha sido así y, sin embargo, hay algo que no encaja en esta imagen que, por otro lado, sí se amolda a la perfección al liberalismo. Como es sabido, éste parte de una visión individualista de la sociedad, que se percibe como un grupo de personas con derechos y libertades que no pueden ser violentados. Entiende el liberalismo que una sociedad en la que la libertad individual esté garantizada y cada uno se mueva por su propio interés será una sociedad que progrese. En ese contexto, el Estado, más allá de su función de seguridad y subsidiariedad es más bien un estorbo a ese progreso.

Esto mismo resulta igualmente aplicable al contexto internacional. Los Estados son en la mayoría de las ocasiones un estorbo para el comercio internacional y, en general, para las libertades individuales. Lo deseable sería que los Estados no impusieran trabas internacionales más allá de las que exige la seguridad y, sin embargo, lo hacen constantemente. Ahí están las subvenciones a la agricultura, los aranceles, los límites a la migración... Desde una perspectiva liberal, lo lógico sería que los Estados fueran integrándose progresivamente para realizar sus escasas funciones a un nivel cada vez más global. Los antecedentes teóricos no faltan. Ya en 1791 y 1792 Thomas Paine lo deja bien claro en su obra “Derechos del Hombre”:

Por lo que vemos hoy día, no debería tenerse por improbable nada que tenga relación con la reforma del mundo político. Estamos en una era de revoluciones en la que cabe prever cualquier cosa. La intriga de las Cortes, por la que se mantiene el sistema de la guerra, puede provocar una confederación de naciones para abolirla; y un Congreso Europeo que patrocine el progreso del gobierno libre y promueva la civilización de las naciones entre sí es un acontecimiento cuya probabilidad está más cercana de lo que estaban antes las revoluciones y la alianza de Francia y América. [1]

Thomas Paine lo tenía muy claro: la enemistad de los pueblos no era tal. Sólo se debía a una deliberada confusión provocada por gobiernos monárquicos despóticos y corruptos que buscaban la guerra como pretexto para incrementar su poder y subir los impuestos, que a la postre no estarían tan dispuestos a bajar. Se muestra así muy optimista en cuanto a la posibilidad de una “federación” en Europa a la lumbre de la nueva era de revoluciones que se había iniciado en el continente. Por desgracia, él era un visionario muy adelantado a su tiempo, la opinión general no compartía ese particular y había demasiados intereses en juego.

Ya en 1944, F. A. Hayek planteó también la necesidad de avanzar en una mayor integración. En plena ola planificadora, sostuvo la necesidad de la existencia de un organismo internacional con facultades políticas para proteger a los ciudadanos de las trabas que impusieran los Estados en el marco de un Estado de Derecho Internacional (ahí es nada). Propugnó también la posibilidad, como paso intermedio, de una Unión en Europa occidental y de una integración en un organismo internacional de EEUU, Gran Bretaña (con todas sus colonias) y de esa nueva Europa occidental unida. Sería algo así como una Sociedad de Naciones a menor escala, pero más eficiente. Al mismo tiempo que hacía todas estas propuestas mencionaba la tradición internacionalista, especialmente federalista, del liberalismo del siglo XIX que tan denostado estaba en aquellos días de fascismo y comunismo.

Y, sin embargo, ¿qué ha podido suceder para que se disocie al liberalismo del internacionalismo? Una explicación inicial puede llevarnos a que la primera tímida implantación del liberalismo tuvo lugar en el siglo XIX que se caracterizó también por ser el siglo de los nacionalismos y del imperialismo. Una segunda explicación consiste en que verdaderamente hay políticos y periodistas que se dicen liberales y que sostienen posturas favorables al imperialismo y al nacionalismo. Ahí están los casos del PP, CiU y el PNV. Los tres son nacionalistas y, en fin, cada cual a su manera es imperialista. Los unos porque quieren las siete provincias “vascas”, los otros porque hablan de los “Països catalans” y los de más allá porque se hacen una foto en las Azores. El problema de fondo es que el liberalismo sólo se ha aplicado y sólo quieren aplicarlo según lo aconseje la jugada.

¿Qué sucede con el internacionalismo socialista?
Es una falacia. La implantación del socialismo, esto es, la progresiva planificación centralizada de la economía desde el poder político debe hacerse necesariamente desde los Estados y éstos son precisamente nacionales lo que lleva al nacionalismo. Al propugnar una intervención exorbitante del mercado en la economía, las relaciones internacionales se convierten en una relación entre Estados. Por tanto, en un mundo lleno de Estados con economías socialistas veríamos una forma más del mismo fenómeno: el imperialismo. De hecho, el imperialismo se da porque una nación fuerte impone condiciones exorbitantes a una nación débil, condiciones que, de darse entre particulares, jamás podrían ser tan abusivas ya que ningún particular tiene el poder coercitivo de la guerra. En el mejor de los casos, el internacionalismo socialista es una llamada a la venganza universal de los trabajadores y al nacionalismo económico.

Termino con una cita magistral de F. A. Hayek:
Una institución internacional que limite los poderes del Estado sobre el individuo será una de las mayores garantías de la paz. El Estado de Derecho internacional tiene que llegar a ser la salvaguarda tanto contra la tiranía del Estado sobre el individuo como contra la tiranía del nuevo superestado sobre las comunidades nacionales. Nuestro objetivo no puede ser un superestado omnipotente, ni una floja asociación de “naciones libres”, sino una comunidad de naciones de hombres libres. [2]

¿Cómo lograr esto? Si lo supiera, me darían el Nobel de la Paz ¿O tal vez no?

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[1] Paine, Thomas: Derechos del Hombre (Rights of Man, 1791 y 1792), Alianza Editorial, España, 2008, página 197.
[2] Hayek, Friedrich A.: Camino de Servidumbre (The Road to Serfdom, 1944), Alianza Editorial, España, 2009, página 283.

sábado, 15 de mayo de 2010

Mayo del 68

Ya han transcurrido 42 años desde que Francia vivera su peor crisis política de la historia reciente. Hace unos días, me he acercado a estos acontecimientos históricos a través de dos documentales, Mayo 1968: un mundo en revolución y El espíritu de mayo del 68. En el primero, se hace un recorrido a todos los acontecimientos que tuvieron lugar por todo el mundo y cuyo detonante principal fue la guerra de Vietnam. No cabe duda de que Mayo del 68 no fue sólo ni exclusivamente francés. Ese año y los años venideros serían fundamentales para el desarrollo de una revolución social silenciosa que cambiaría radicalmente la sociedad. Se aborda, por ejemplo, la lucha por los derechos de la mujer o por las minorías étnicas en EEUU. Sin embargo, volviendo al escenario francés y a la revuelta estudiantil, no he podido más que sorprenderme al ver el segundo documental. Son 97 minutos de vídeos de aquel mes sin ningún añadido. Es mayo del 68 francés puro y duro: sin introducción, sin explicaciones, sin conclusión. En él se ven reuniones de comités revolucionarios, mítines, debates multitudinarios en teatros, manifestaciones, cargas policiales, discusiones a pie de calle entre jóvenes estudiantes y obreros industriales. Es, sin duda, fascinante, pero también decepcionante. Es cierto que gran parte de los sucesos mundiales del 68 tienen un claro resumen en las palabras paz y amor. Se hace un claro discurso anti-belicista que apela a la fraternidad del género humano. Incluso, luchas como la de la emancipación de la mujer con la quema de los primeros sujetadores son hitos en la historia de la lucha por la libertad y la igualdad. Sin embargo, el mayo francés es algo muy distinto. Es todo eso, no cabe duda, pero es también una abortada revolución obrera de marcado carácter marxista. Lo que más me ha decepcionado de esa parte de mayo del 68 es, precisamente, la obsesión por el discurso de clases, por la negación de la democracia y de la república Gaullista. Bajo el marcado carácter anti-autoritario de la revuelta no se ven, sin embargo, anarquistas. La CGT es considerada poco menos que una traidora reaccionaria mientras la Sorbona se llena de imágenes de líderes tan autocráticos como Lenin, Mao o Fidel Castro. Los debates parecen moverse por el trotskismo más que por las corrientes leninistas, pero no debemos olvidar que no son más que dos caras del mismo fenómeno: el socialismo autoritario. Es por eso que el mayo del 68 francés fue una gran contradicción en sí mismo. Por suerte, y esto lo dice en el primer documental un europarlamentario que participó en las revueltas, el mayo del 68 francés fue una derrota política y una victoria moral. Sólo en los últimos años parece que estamos viviendo una reacción autoritaria a ese espíritu que clamó en el planeta. ¿Qué ha sido del prohibido prohibir?



miércoles, 12 de mayo de 2010

Se acabó

El modelo europeo de despilfarro, de extender cheques hasta agotar el talonario una y otra vez se acabó, al menos por ahora. Se ha terminado. Era sencillamente insostenible, incluso para este gobierno que tanto presume de políticas sociales y que ha contribuido, con su inmovilismo, a agravar una situación ya de por sí suficientemente seria. Ahora toca austeridad, reducir el déficit, lo que implicará que los Estados seguirán gastando más de lo que tienen, pero menos, para ir acercándose poco a poco al déficit cero.

Lo preocupante de todo esto es el tiempo que han tardado en darse cuenta de que la situación era insostenible y todo gracias a esa banda de canallas impresentables que son los especuladores a los que luego van a pedirles el dinero en los mercados de deuda. Resulta paradójico el discurso de esta clase política. Los que han sostenido este estilo desenfrenado de gasto de los Estados, ésos que han comprado la deuda pública de los distintos Estados europeos, ahora son unos lobos feroces, pero, a pesar de todo, los gobiernos hacen, dicen hacer mientras cantan victoria, mientras fingen no dar satisfacción a esos buitres ávidos de carnaza, lo que esos mismos desaprensivos le han llevado a hacer: reducir el gasto. Y, es que, ¿qué se le va a hacer? Si quien hasta ahora te prestaba el dinero cree que no eres lo suficientemente solvente o que puedes llegar a no serlo, más vale que te esmeres en agradarle y te avengas a mejorar tu solvencia.

Cuando esta tarde he visto la noticia de que el gobierno de España, de que José Luis Rodríguez Zapatero ha anunciado medidas adicionales al plan de austeridad, no podía creermelo. Después, cuando he visto que era cierto, tampoco he podido disimular mi alegría y no es para menos: con tanto inmovilismo estaba en juego la solvencia de España, la seguridad de nuestro sistema monetario y, en definitiva, la recuperación económica, y eso nos afecta a todos. Ahora viene lo difícil: lidiar con los sindicatos, enfrentarse a los monstruos que ellos mismos han creado y acabar con su propia retórica estatista en la que todo está perdido si el Estado recorta gastos. Deben, ante todo, luchar contra sí mismos, contra su propia esencia política, contra su socialismo y aún albergo dudas de que sean capaces de hacerlo, especialmente el presidente del Gobierno. Y es que, no nos engañemos, estos ajustes se los debemos a Alemania y a EEUU. Después de todo, Zapatero y Salgado han debido de salir escaldados de las reuniones tensas en Bruselas. Por último, la llamada de Obama ha sido la guinda que este gobierno necesitaba para salir de su fantástico mundo voluntarista y poner los pies en el suelo. Sólo espero, y esto es más la expresión de una esperanza que de una expectativa, que no tengamos que vernos en una situación similar para que el gobierno reaccione.

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12 de mayo 2010

Entrevista de Elena Salgado en Los Desayunos de RTVE en la que admite que la reunión en Bruselas fue "tensa".
11 de mayo 2010

martes, 11 de mayo de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (VII)

Las expropiaciones de Chávez en la plaza Bolívar de Caracas se hicieron muy famosas y ponen de relieve en toda su crudeza lo que no es un Estado democrático de Derecho, que busca, ante todo, evitar la indefensión de los ciudadanos frente a la actuación de los poderes públicos. El vídeo es un reportaje de BBC mundo sobre esas expropiaciones. Las consecuencias se hicieron bien visibles a la mañana siguiente cuando los empleados de la joyería de uno de los edificios expropiados comenzaron a desalojar la tienda sin saber si quiera si iban a conservar sus puestos. Una de las empleadas no pudo contener el llanto. Lo que más me molesta es el indolente final del reportaje en el que la periodista de la BBC dice: Esta es la plaza Bolívar en el centro de Caracas. Aquí nació la ciudad y aquí sigue haciéndose historia que, como en todos los casos, tiene ganadores y perdedores. Sólo el tiempo dirá cuál de los dos tenía razón.


jueves, 6 de mayo de 2010

El modelo español de la negociación colectiva


“Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado.”
Benito Mussolini

La retórica de la lucha de clases siempre ha tenido mucho éxito desde que el “Manifiesto Comunista” de Karl Marx y Friedrich Engels lo popularizara. El modelo español de la negociación colectiva es un claro ejemplo de cómo esa concepción historicista del marxismo ha influido en nuestra legislación.

En los años 20 del pasado siglo, con el ascenso del fascismo en Italia, Benito Mussolini puso de moda una concepción de las relaciones laborales que no moriría con la caída de su régimen: el corporativismo. Éste se tradujo en la integración de los patronos y los trabajadores dentro del Estado para conseguir así superar la dialéctica de la lucha de clases por su consunción dentro del aparato del Estado fascista. La idea tuvo bastante éxito. En España, después de un tímido intento del dictador Miguel Primo de Rivera, fue su hijo, José Antonio Primo de Rivera, máximo exponente de la recién creada Falange Española, quien se convirtió en el principal sostén del corporativismo fascista en España.

La idea era una “solución de compromiso” entre la teoría marxista y el sistema capitalista (no debemos olvidar que el fascismo surgió como una respuesta de la pequeña burguesía ante la creciente amenaza de la revolución obrera). Sin atreverse a llegar tan lejos como los marxistas, los fascistas no pretendían acabar con la lucha de clases haciendo del Estado el único patrón capitalista y de todos los “ciudadanos” unos obreros del Estado sino que se conformaba con conservar una estructura de capitalismo oligárquico a base de grandes corporaciones monopolísticas al servicio del Estado fascista que se encargaría, por su parte, de asegurar unas determinadas condiciones laborales. En el modelo fascista, por tanto, el Estado no se erigía en patrono sino que acogía en su seno, bajo sus alas, a todos sus polluelos (capitalistas y obreros) con el fin de lograr la mayor gloria de la patria (como correspondía a su nacionalismo exacerbado). Los patrones pertenecerían, pues, a una patronal estatal mientras que los trabajadores estarían integrados, a su vez, mediante un sindicato del Estado o sindicato vertical [1]. Todos los problemas laborales que surgieran se resolverían en ese marco institucional o Estatal acompañado, claro está, del clima de violencia propio del régimen. Mussolini mantuvo la paz social mediante el “persuasivo” argumento de la fuerza.

Después del triunfo de la socialdemocracia, que rechazaba la revolución y, por tanto, renegaba del autoritarismo del socialismo marxista, las tesis de que el Estado se convirtiera en el único patrón quedaron relegadas al olvido. Por contra, el sistema fascista – sin recordar sus orígenes, por otro lado, tan feos– podría resultar más atractivo y podría aplicarse aunque, eso sí, en el contexto de una democracia “socio-liberal”. Así las cosas, nació nuestro modelo de negociación colectiva, a través del cuál, unas organizaciones sectoriales de patrones y trabajadores negocian la normativa laboral de cada sector, los Convenios Colectivos, que gozan de la dudosa virtud de ser normas coercitivamente aplicadas por el Estado que, sin embargo, no han sido aprobadas por ningún parlamento democrático sino por un sistema de lucha de clases [2] respaldada por el derecho y, por tanto, integrada en el Estado socio-liberal.

El origen ideológico y filosófico de nuestro modelo de negociación colectiva podemos encontrarlo, por consiguiente, en el fascismo italiano de Benito Mussolini, aunque con matizaciones de importante calado. Por suerte para nosotros, el modelo fascista sólo ha servido de inspiración en este caso y no en todo lo demás. Eso sí, una de las principales diferencias, que no es poca, radica en la libertad de asociación que trae causa del propio orden político de la democracia liberal [3]. Para el que no está asociado, no obstante, pocas o ninguna son las ventajas de este sistema porque se le priva de su libertad para negociar individualmente las cuestiones que están reguladas por el Convenio Colectivo de su sector. Nuestro actual sistema prima, por tanto, lo colectivo frente a lo individual y lo hace con el respaldo de la ley y de una Constitución que dice garantizar, entre otras cosas, el principio de legalidad de la norma.

Nadie, sin embargo, se alarma por este déficit de soberanía y libertad porque, al fin y al cabo, es por el bien de los trabajadores. El convenio de empresa sí será vinculante en la medida en que mejore el resultado de la negociación colectiva. La negociación en el ámbito de la empresa queda relegada, por tanto, a cuestiones no reguladas en el Convenio Colectivo ni en la legislación laboral y a mejoras no incluidas en el Convenio Colectivo. La lucha de clases ha sido, pues, planteada y resuelta de ante mano por el protector Estado del “Bienestar”. En este contexto, la negativa del gobierno a sacar adelante una reforma laboral él sólo, por la fuerza que le dan las urnas, junto con su empeño para que sea aprobada por los "agentes sociales" no es más que la manifestación clara de una dialéctica de lucha de clases profundamente enraizada en las corrientes totalitarias del siglo XX y que presumen una soberanía sobre la legislación laboral distinta de la soberanía nacional de todos los ciudadanos españoles.

Es indudable que este sistema de negociación colectiva se mueve al margen de nuestro esquema de valores democráticos, pero a nadie le importa en la medida en que sólo perjudique a una minoría. ¿Para qué criticar los fundamentos ideológicos y filosóficos de un sistema tan arraigado si, al fin y al cabo, el sistema político en su conjunto es de inspiración democrática? Pues para defender la libertad y mantener íntegro nuestro intelecto. Ninguna restricción es gratuita, pero nadie parece estar dispuesto a emitir una sola queja en defensa de los pequeños empresarios, los grandes perjudicados por este sistema, ni de los parados, las víctimas indirectas de uno de los sistemas laborales más autoritarios que podamos imaginar en una democracia contemporánea.

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[1] En esto, el Estado socialista sí era igual. La única asociación sindical permitida sería la del Partido Comunista, mientras que el patrón capitalista es el propio Estado o, lo que es casi lo mismo, el Partido Comunista.
[2] Ese sistema de lucha de clases respaldado por el derecho es, claro está, la negociación colectiva misma.
[3] En este punto hay que recordar que, a diferencia de la actualidad, en la Italia fascista la patronal o el sindicato al que pertenecía el empresario o el trabajador no era de libre elección sino que la afiliación venía impuesta por el Estado.

martes, 20 de abril de 2010

Desmitificando el liberalismo (iii): los derechos humanos.


Por alguna razón, la lucha por los derechos humanos aparece ante el común de la gente como una lucha histórica de la izquierda y, por ende, de la socialdemocracia, ya que parece que toda izquierda hunde sus raíces en el socialismo. Sin embargo, esto no es más que otra confusión seguramente propiciada por varios factores.

El primero, antes de la irrupción del socialismo, la izquierda era el liberalismo y eran éstos, efectivamente, los que abanderaban la lucha por los derechos humanos, aquellos que hoy se conocen como de primera generación y que son, a la postre, los más importantes: los derechos civiles y políticos. El segundo, el socialismo pensó hallar la panacea con los derechos humanos de segunda generación (los económicos y sociales), aunque aún no se llamaban así, el socialismo científico llegó a propugnar un cambio violento del sistema político y la dictadura para garantizar la igualdad material plena en una futura sociedad comunista sin Estado. Esta postura fue suavizada por la socialdemocracia, aquéllos que Lenin consideraba traidores. Los Kerenski de turno defendían la instrumentalización del Estado burgués para lograr los objetivos de mayor igualdad de la clase obrera. Ahora los derechos civiles y políticos sí estaban mejor vistos entre los socialistas, éstos de nuevo cuño, los socialdemócratas, que se conformaban con sacrificar la libertad económica para saciar su justicia social (F. A. Hayek demostraría en Camino de Servidumbre, 1944, la falacia de que pueda haber libertad sin libertad económica). Estos socialdemócratas se convirtieron a la larga en la cabeza visible de la lucha por los derechos civiles y políticos, ésos paridos por el liberalismo, en países con dictaduras como España. Por último, la actitud de muchos “liberales” actuales que parecen prescindir de los derechos humanos siempre que la jugada lo aconseje, por ejemplo, en el contexto internacional, ha jugado a favor del desprestigio del liberalismo. El resultado es que en el imaginario colectivo el liberal es ahora un ser deshumanizado que antepone sus intereses económicos a la defensa de los subyugados derechos humanos en países distantes o que, por contra, sólo defiende esos derechos humanos si se trata de atacar a una dictadura de corte socialista (¿qué dictadura no es, en su raíz, socialista?).

Sin embargo, recapitulemos. Algunos dirían que la lucha por los derechos humanos comienza con la “Bill of Rights” de Inglaterra de 1689 que no es más que una reafirmación de la soberanía del Parlamento sobre la monarquía. Es un buen comienzo, pero el nacimiento como tal de esa lucha deberíamos ubicarlo con mayor precisión en Estados Unidos de América porque fue allí donde las leyes de derechos con rango constitucional se fueron aprobando desde el inicio de la Guerra Revolucionaria en 1775. Estas constituciones fueron muy avanzadas y, después de ellas, vinieron las diez primeras enmiendas a la Constitución federal en 1791. El primer gran hito europeo vendría con la Revolución francesa en 1789. A partir de ahí se sientan las bases para reivindicar la garantía de las libertades fundamentales en otros países más atrasados como el nuestro: libertad religiosa; derecho de reunión y asociación; libertad de expresión; propiedad privada (que ahora no es un derecho fundamental). Con ellas, también se debían establecer cambios políticos y mecanismos de control apropiados: soberanía nacional, división de poderes, imperio de la ley (Estado de derecho), garantías procesales...

La gran aportación del liberalismo ha consistido, por tanto, no sólo en el alumbramiento de los derechos humanos sino en su irrenunciable acompañamiento por un sistema de gobierno representativo, con un Estado de derecho que proteja al ciudadano no sólo de las injerencias ilegítimas de sus vecinos sino de los abusos del poder establecido. El actual Estado democrático de derecho es, por tanto, puro producto del liberalismo. Y es que de nada sirve que se garanticen sobre el papel los derechos y las libertades fundamentales si el poder es lo suficientemente fuerte para vulnerarlos y salir airoso. Por ello, siempre se ha planteado y discutido la eterna cuestión de la concentración de poder: ¿cómo dividir el poder sin hacerlo ineficaz por un lado ni permitir su abuso impune por otro? Los sistemas propuestos han experimentado diversas variaciones con el tiempo y, como todo sistema humano, ninguno ha sido perfecto, pero para el liberalismo hay una evidencia, la máxima de la Declaración de 1789: “toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución”. Y así es. ¿Cuántos países que vulneran sistemáticamente los derechos humanos tienen firmados varios tratados en materia de derechos humanos? Demasiados. La garantía de los derechos humanos exige mucho más que una mera declaración o un tratado internacional, exige todo un sistema político, la democracia, que es bastante más que el simple poder de la mayoría. Sólo el poder limitado de la mayoría para la preservación de los derechos de la minoría en una sociedad plural y respetuosa puede ser garantía suficiente de la libertad. Esta es la gran lección de “Sobre la Libertad”, de John Stuart Mill.

martes, 6 de abril de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (VI)

Edmundo García, un jubilado del barrio el Viñedo de Barcelona (noreste de Venezuela), dijo a ABC que cuando va al ambulatorio, el médico cubano le pregunta primero dónde compra los alimentos y por quién vota, antes de preguntarle por su salud; lo que confirma que también hacen labores de Inteligencia en los sectores populares.
Ludmila Vinogradoff: Los cubanos tratan de apuntalar a Chávez en el poder en Venezuela, ABC, 7 de febrero de 2010

La cubanización de Venezuela es una realidad. El pasado 7 de febrero, el diario español La Vanguardia publicaba una noticia de su corresponsal en México, Joaquim Ibarz, a cuenta de la crisis energética desatada en el país y, para lo cual, Hugo Chávez ha incorporado al comandante castrista Ramiro Valdés, cuyo principal mérito es haber creado los servicios secretos cubanos (G2) y haber sido Ministro del Interior en Cuba. La oposición teme, con razón, que esta incorporación se deba a otros fines distintos de la solución de la crisis energénica habida cuenta de que Cuba se encuentra mucho peor en lo que a suministro energénico se refiere y considerando la reciente incorporación de cubanos en altos puestos de la administración en diversas ramas. La integración entre las dos repúblicas, la cubana y la venezolana, ha ido más lejos en materia de seguridad e interior con el permiso para realizar tareas de inteligencia y policiales que tienen los agentes cubanos en Venezuela (tareas que ya parece realizar el personal sanitario, entre otros, que desde hace años está en el país). Aunque, sin duda, lo más preocupante de esta reciente cubanización es el control que tiene el Departamento de Seguridad de Cuba (sus servicios de inteligencia) de los servicios de identificación e inmigración así como del registro civil. No obstante, todo puede ir más lejos y el periódico apunta que Hugo Chávez pretende incorporar militares cubanos en el ejército de Venezuela para radicalizar la revolución.

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Noticias relacionadas:

La Vanguardia. 7 de febrero 2010.

Europapress. 4 de febrero 2010.

ABC. 7 de febrero 2010.

martes, 9 de marzo de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (V)

El mes pasado, el gobierno venezolano puso en marcha una serie de medidas de emergencia como los cortes de luz y la aprobación de normas que penalizan un consumo "excesivo" de energía eléctrica y, en menor medida, premian el ahorro energético. Todas estas medidas se han adoptado como consecuencia de la mayor crisis energética que ha padecido nunca el país y se enmarca, según el gobierno bolivariano, en un contexto de sequía generalizada y de patrones capitalistas de consumo (¿de que me suena a mí lo de la sequía, esa pertinaz sequía?). Lo cierto es que el sector eléctrico afronta diez años de desinversiones que han agravado los problemas que la meteorología ha podido generar de por sí en la producción de energía hidroeléctrica (la mayor del país).

El País. 10 febrero 2010.

La Razón. 10 febrero 2010.

El primer vídeo que incluyo, además de mostrar una depuradísima técnica de genuflexión de un periodista formado en la escuela propagandística de Lenin, muestra cómo Chávez anuncia la rectificación de la medida de cortes de luz en Caracas debido al caos que ha originado. Anteriormente, a modo de curiosidad, habla de otra serie de medidas para fomentar las exportaciones en un país que cada vez más es incapaz de producir lo más básico para sí mismo. Es increíble lo delirante que puede llegar a ser el ideal de autosuficiencia del socialismo.

El segundo vídeo muestra una cazerolada por los cortes de luz en Mérida. Dada la frecuencia y la prolongación de éstos es comprensible la exasperación de los ciudadanos.

[Tras un mes de publicaciones semanales sobre Venezuela, he decidido reducir la periodicidad de esta sección, que pasará a ser mensual]




miércoles, 3 de marzo de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (IV)

La última novedad alarmante proveniente de Venezuela se dio el pasado día 25 de febrero en el que supimos que Venezuela abandonaba la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Esta comisión es un organismo internacional de carácter regional dedicada a la protección de los derechos humanos en el continente americano y que permite, entre otras cosas, que aquellos ciudadanos que consideren que han sufrido una vulneración de sus derechos humanos puedan demandar al Estado miembro que los haya vulnerado. Este organismo, el equivalente al Consejo de Europa, del que depende el famoso Tribunal Europeo de Derechos Humanos, es el mecanismo más eficaz de protección que el derecho internacional de los Derechos Humanos pone al servicio de los ciudadanos americanos (de los países de la OEA). La noticia de que Hugo Chávez quiera abandonar la Corte Interamericana de Derechos Humanos pone de manifiesto la voluntad deliberada del gobierno de Venezuela de vulnerar los Derechos Humanos sin control ni responsabilidad, sin responder ante nadie y ante nada. Una vez que el Estado democrático de derecho está quedando en nada, su último obstáculo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ya no será nunca más un impedimento para los abusos de ese nuevo caudillo y tirano que es Hugo Chávez.

lunes, 1 de marzo de 2010

El Estado y la Revolución

Vladimir Ilich Lenin
Miguel Castellote, Editor
158 páginas.

Escrito como un ataque a los que considera oportunistas, traidores de la causa de Karl Marx y del socialismo, Vladimir Ilich Lenin se apresura a recordar en este breve ensayo la doctrina marxista del Estado.

Los socialdemócratas sostienen la posibilidad de hacer la revolución desde el Estado capitalista burgués a través de reformas. Esta es la razón principal por la que Lenin los considera desertores de la causa. Por contra, les recuerda que el Estado capitalista burgués no es sino un instrumento de represión de la clase obrera por los capitalistas y que no hará, por consiguiente, más que perpetuar esa lucha. Defiende, en consonancia con las doctrinas de Marx, que el Estado burgués es incompatible, por tanto, con el triunfo del socialismo y que la revolución pasa ineludiblemente por la toma violenta del poder y la sustitución del antiguo aparato represor que es el Estado burgués para su conversión en un Estado socialista, en la dictadura del proletariado, donde todos sean asalariados del Estado y la institución de la propiedad privada haya sido extinguida.

Este proceso, claro está, deberá concluir con la extinción del Estado que, a diferencia de lo que sostienen los anarquistas, no vendrá de la noche a la mañana sino que se producirá tras el progresivo avance de la revolución por la dictadura del proletariado, lo que hará finalmente innecesaria la figura de un Estado socialista una vez vencidas las resistencias de los capitalistas. Para entonces, la sociedad sin clases habrá llegado en lo que se conoce con el nombre de comunismo.

El libro, de una gran calidad dogmática, estilo sobrio y sencillo de seguir, supuesto que pueda entenderse el comunismo, no deja sino entrever el horror de una forma de pensamiento y de una prosa que no conduce sino a la aniquilación de la libertad humana. La ligereza con la que parece disponerse en apenas un centenar y medio de páginas de toda la sociedad y de su organización democrática resulta apabullante. Frente al liberalismo, la democracia, incluso la socialdemocracia, el ideario socialista de Lenin, que no se aleja en esto de Marx, dispone una revolución violenta en la que una élite selecta, el Partido, dirija por la fuerza los designios de un pueblo subyugado por un nuevo Estado que, lejos de empequeñecerse, ensancha sus poderes hasta lo imposible, quebrando los límites a la más pura arbitrariedad vencidos tan sólo un siglo antes.

La visión simplista del análisis historiográfico, sociológico y político del marxismo extermina toda visión humana de la vida social para erigirse en un nuevo gran arquitecto del mundo que dispone, como si de un ingeniero se tratara, la disposición de cada una de las piezas de la fábrica que es la sociedad. Eso es el ser humano para el socialismo: un instrumento, una pieza más de la revolución y del Estado. Por último, cabe preguntarse si Lenin creía realmente en la hipotética extinción del Estado o si era tan solo la incongruente guinda del pastel: esa mentira que les hiciera convencerse de que su lucha era la del ser humano libre.
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Enlaces relacionados:

lunes, 15 de febrero de 2010

La construcción de una dictadura: Venezuela (II)

En las últimas semanas, hemos asistido a la expropiación de diversas cadenas de supermercados en Venezuela, la cadena Éxito, la empresa Cargill... Los acusan, entre otras cosas, de especular: de comprar barato y vender caro. Está visto que para el gobierno de Venezuela el comerciante minorista, el último eslabón de la cadena de distribución hasta llegar a los consumidores, con todo el valor añadido que aporta, no tiene derecho a obtener un beneficio económico por su actividad sino que debe subyugar su actividad al extravagante modelo de fijación de precio del socialismo: el Estado fija el precio según le parece y luego ya en el mercado negro los bienes, más escasos aún, se intercambian por su precio real ajustado a la ineludible ley universal de la oferta y la demanda.

La condena de la "especulación", de las "arbitrarias" reglas del mercado no es más que una muestra de a lo que lleva el socialismo. Ahora todas estas cadenas de supermercados expropiados van a formar parte de COMERSO, una red de comercios socialistas donde el gobierno del país va a distribuir los bienes que satisfagan las "verdaderas" necesidades de los venezolanos. Pero no nos dejemos engañar. Esta respuesta rabiosa de Hugo Chávez es una huída hacia adelante para solucionar los problemas que su propio socialismo ha provocado. Quiere arreglar los destrozos del socialismo con más socialismo. Hasta ahora su política económica ha provocado inestabilidad, y problemas de desabastecimiento energético y alimenticio. Pero estas medidas, lejos de solucionar la escasez, la agravará. Chávez lavará la cara frente a sus voluntaristas idólatras entregados a la causa de la igualdad social, pero en Venezuela será cada vez más difícil encontrar alimentos y otros bienes básicos. Mi enhorabuena a Hugo Chávez por aplicar nuevamente las viejas recetas envenenadas que parieron en su día los enemigos de la libertad.