miércoles, 14 de enero de 2009

Una pequeña apología de los ilustrados

Retrato de Denis Diderot

La vida de la mayoría de los ilustrados no ha sido fácil. Casi siempre han tenido sus libros demasiado cerca del fuego, han sido vigilados por la censura o pasado algunas temporadas a la sombra, pero no una sombra como las de ahora, con derechos humanos, garantías y comodidades. No. Estoy hablando de una sombra del siglo XVIII, en el declive de un Antiguo Régimen aún muy represor, en el cual una carta sellada del rey podía mantener a un súbdito en prisión indefinidamente sin ningún tipo de control. Han sido (y siguen siendo) las bestias negras de las fuerzas reaccionarias de la sociedad. Ellos se expusieron a un poder ilimitado para criticarlo, tanto el político como el eclesiástico. Su labor de combate intelectual de la superstición y el fanatismo imperante en esa sociedad inculta a la que querían educar fue loable y sumamente arriesgada. Estoy hablando fundamentalmente de François Marie Arouet (Voltaire), de Jean-Jacques Rousseau y de Denis Diderot, que fueron quienes más padecieron las consecuencias de sus escritos. Aún así, no hemos sido muy agradecidos y, a pesar de todo, su lugar en la historia de la filosofía ha sido reducido por los académicos a una mera corriente menor. Por todo ello, me gustaría ir publicando pequeñas entradas relacionadas con estos autores. Sus obras no han quedado desfasadas, más al contrario, diría que sigue siendo necesario reivindicarlos.