viernes, 27 de febrero de 2009

François Marie Arouet – Voltaire

Retrato de Voltaire

Uno de los filósofos más importantes de la Ilustración, miembro del selecto grupo conocido como les philosophes, es François Marie Arouet. Nacido en París, en una familia burguesa en 1694, su vida no fue precisamente tranquila. Ya en 1717 pasó once meses en la Bastilla, donde volvería en 1726 tras un incidente con un noble. Después de este episodio, se exilió tres años en Inglaterra. Allí conoció a Swift y Pope; pudo conocer las costumbres del país y parte de su historia. A su regreso a Francia escribió Cartas Filosóficas o Cartas Inglesas (condenadas al fuego tras su publicación en 1734), basadas en su experiencia del exilio y de las que trataré en otra entrada. Durante los años siguientes continuó escribiendo y viajando (o refugiándose). Conoció la corte prusiana de Federico II, con quien mantenía correspondencia. En 1755 publica su Ensayo sobre las Costumbres y cuatro años después, Cándido o el Optimismo, dura crítica de Leibniz y la Iglesia; supuso su reacción al terrible terremoto de Lisboa. Pocos años después también vería a luz su Tratado sobre la Tolerancia y su Diccionario Filosófico. En febrero de 1778, once años antes de la Revolución, volvió a París, esta vez para quedarse con todos los honores. El 7 de abril fue recibido por los Francmasones. El 30 de mayo, falleció.


Su vida fue sin duda un fiel reflejo de las convulsiones de la época, de su dogmatismo y de la intransigencia. A pesar de estar bien relacionado, de gozar de buenas amistades (y protectoras) y de no ser especialmente radical (a diferencia de Rousseau, mucho más rupturista), nada le protege de la arbitrariedad como refleja la breve reseña biográfica que he preparado. Por suerte, nos ha dejado numerosas obras escritas en un estilo sencillo (muy ameno al lector), profundamente irónico y siempre críticas. A pesar de no ser autor de grandes sistemas dignos de las cátedras de filosofía y de las clases magistrales, lo que le honra como filósofo es precisamente eso: su ausencia de dogmatismo; su profundo sentido crítico y de la justicia, y su vida ejemplar.


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