domingo, 18 de septiembre de 2011

Bilingüismo

Como persona que ha vivido toda su vida en una sociedad monolingüe, antes castellano hablante y ahora angloparlante, me resulta imposible tener una visión real de lo que supone vivir en una sociedad bilingüe, aunque eso tampoco quita que no me guste opinar sobre el reciente auto del TSJC y la polémica creada en torno a la inmersión lingüística en los colegios catalanes.

Es evidente que la lengua siempre ha sido mucho más que una forma de comunicarse. La lengua ha acercado o distanciado a la gente; ha marcado la diferencia entre pueblos y culturas, y también ha sido y sigue siendo una herramienta política. Obviar esto sería ridículo. Tanto se ha utilizado el castellano como arma política para homogeneizar España desde hace siglos como se puede estar empleando ahora el catalán para homogeneizar la sociedad catalana. Del mismo modo, buena parte de lo que se esconde detrás de los argumentos de muchos que piden igualdad para todos los españoles tiene mucho de político y no precisamente desde la neutralidad de un simple derecho fundamental: busca mantener una hegemonía política del castellano que se ha acabado y que tenía que acabarse por razones que considero obvias.

Hay un argumento muy válido detrás de la inmersión lingüística, pero que no impide ir hacia un modelo más equilibrado. La lengua debe servir para cohesionar la sociedad y, lo más importante, integrar a los inmigrantes, sean éstos llegados del resto de España o del mundo. El hijo de un andaluz no traiciona sus raíces por aprender y hablar un perfecto catalán. Al contrario, integra en una misma persona la belleza de dos culturas únicas y la fonética de dos idiomas hermosos. Éste es el enfoque acertado, creo yo. Lo demás es jugar con ideas identitarias absurdas y excluyentes tanto si exacerban las raíces del andaluz poniendo en cuestión lo que podría tener de catalán por nacer y vivir allí como si exacerba la residencia en Catalunya en detrimento de los orígenes. Del mismo modo, la lengua tiene que servir para cohesionar a las minorías de otros países: pakistaníes, chinos, latinoamericanos… Todos pueden y deben integrarse, entre otras cosas, aprendiendo, en este caso, los idiomas locales: el castellano y el catalán. Cualquier sociedad que se precie de ser integradora tiene el deber de facilitar esto a través de la educación obligatoria y gratuita además de facilidades para los inmigrantes adultos.

En este sentido, el modelo catalán parece funcionar razonablemente bien. Los alumnos parecen dejar la escuela con unos niveles aceptables de catalán y castellano. El bilingüismo, en cambio, no parece estar reflejado en ese sistema, pero la forma no debe ser, en cualquier caso, el modelo vasco de segregación bien con educación en castellano, mixta o en euskara. Un modelo semejante puede llevar a la creación de comunidades lingüísticas excluidas, esto es, a una sociedad catalana en la que una minoría importante sea monolingüe en castellano y, por tanto, no hable los dos idiomas locales. Esta segregación, como viene mostrando el modelo vasco, acaba por perjudicar propiamente a los castellano hablantes ya que, debido a la exigencia de hablar euskara en la administración, muchos padres optan por la educación en este idioma para no cerrarle puertas a sus hijos.

El tema es, sin duda, complejo y requiere un análisis profundo. ¿Acabaría una mayor presencia del castellano en la escuela perjudicando seriamente el aprendizaje del catalán? Y si fuera así, ¿es eso realmente lo que queremos, ocultándolo bajo el prisma de las libertades individuales? ¿Querríamos una sociedad catalana con colegios segregados? Parece que los propios catalanes no lo quieren, no entiendo tampoco muy bien qué tiene que decir el resto de España a ese respecto. En cualquier caso, el enfoque centrado puramente en la libertad individual yerra en el sentido de que, siguiendo ese criterio, la educación debería impartirse en cualquier idioma que solicitase el alumno fuera éste árabe, cantonés o bengalí. A la hora de la verdad lo sensato y lo que se hace en el resto de España es dar la educación en el idioma local para facilitar la integración y no para torpedearla. El auto del TSJC tiene muchas posibles puestas en práctica, pero espero en cualquier caso que no derive en segregacionismo lingüístico del mismo modo que se cumpla y dé cabida en mayor medida a la otra lengua local: el castellano.