martes, 2 de noviembre de 2010

EL CONTRATO SOCIAL


Jean-Jacques Rousseau
Busma.
175 páginas.

Éste es uno de los grandes clásicos de la ciencia política y todo un reto para el lector, que deberá emplearse a fondo frase por frase y que, aún así, no acabará de sacar conclusiones contundentes. No es que Rousseau sea un autor incomprensible o inabarcable sino que ni él mismo consideraba posible entender por completo este breve ensayo suyo. La obra se estructura en cuatro libros. De ellos, los que considero más interesantes (y más acertados) son los dos primeros.

El primero de todos, aquél en el que plantea la diferencia entre el estado de naturaleza y el estado civil, es una afirmación de la convencionalidad de las sociedades humanas, donde la libertad natural, expuesta a los abusos que en el estado de naturaleza puede ejercer el más fuerte, es sustituída por la libertad civil. La sociedad está compuesta por ciudadanos con derechos y libertades civiles, no ya naturales, que serán al mismo tiempo soberanos y súbditos. Soberanos en tanto que sólo corresponde al cuerpo político (a la voluntad general) establecer deberes para los integrantes de ese mismo cuerpo político, ahora como súbditos de las propias leyes que han aprobado. Será en el segundo libro cuando se haga una afirmación rotunda de la ley como expresión de la voluntad general y del cuerpo político como legislador, que sólo debe encargarse de los asuntos generales, de aprobar leyes y no de aprobarlas, cuestión que alejaría al cuerpo político de la voluntad general para centrarlo en asuntos particulares. En su tercer libro, trata el gobierno y sus formas, con diversas afirmaciones más que cuestionables. Aunque su mayor aportación es la de dejar claro que esta función, la de gobernar, no se ejerce más que por mera delegación o mandato de los soberanos, los ciudadanos, que pueden cambiar el gobierno cuando quieran (esto le acarreará serias dificultades a Rousseau). El último libro, el cuarto, es más un cajón de sastre, un epílogo, sin olvidar la importancia de alguno de sus temas en el conjunto de la obra, a saber, el capítulo sobre la religión civil.

Es evidente que las repercusiones de una obra como ésta fueron importantes y aún hoy es interesante su lectura, para el mejor conocimiento de algunos acontecimientos históricos y para la mayor comprensión de los valores y principios que sustentan nuestro sistema democrático.

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