martes, 23 de noviembre de 2010

El Valle de los Caídos y las coartadas históricas

Los que nos recuerdan que ese monumento al oprobio está ahí

Siempre que llega el 20 de noviembre, cuatro desnortados nos recuerdan que España tiene aún una herida que restañar. Y ¿por qué nos lo recuerdan? Porque hacen patente como hemos ido dejando que todos los 20N se humille a las víctimas de la guerra civil y del franquismo en un monumento, el Valle de los Caídos, erigido por el dictador, con presos republicanos para honrar su memoria y supuestamente también la de todos los caídos, incluso la de aquellos que jamás habrían consentido ser enterrados allí, como muchos republicanos.

La cuestión es ¿cómo conseguir que un lugar como ése cambie su simbolismo? ¿Cómo evitar que el Valle de los Caídos siga siendo un agravio para los españoles y nuestra democracia? El primer paso dado por el gobierno no está mal. Consiste en prohibir que se exhiban símbolos franquistas allí. Los que quieran honrar a Franco el 20N que lo hagan en otro sitio. Sin embargo, no habremos resuelto el problema hasta que Franco y José Antonio, como mínimo, dejen de yacer allí. Y tampoco sería mala idea convertir el templo un un museo como el del Holocausto, en el que se recuerden los horrores de la guerra y de la represión posterior. Es lo que han hecho muchos países con dictaduras en su pasado. Países, quizás, más valientes que nosotros, no avergonzados en plantarle cara a los fantasmas del pasado, no acomplejados en reconocer que toda dictadura es un error y que la suya también lo fue.


Franco y Hitler

Sin embargo, aquí se plantean muchos problemas. Para empezar, el mantenimiento del templo corre a cargo del Patrimonio Nacional, el propio templo fue construido por el Estado y, sin embargo, no es del Estado. Una solución sería expropiarlo y convertirlo en un museo nacional. Pero, claro, los católicos, arropados por todos los “think tanks” y los medios “liberales” van a clamar al cielo indignados diciendo que es un ataque inaceptable a la libertad religiosa, como si les hubiera importado, por ejemplo, la libertad de los presos republicanos que construyeron ese despropósito, esa vergüenza nacional. Van a decir, claro, que no se puede gastar tanto dinero en tiempos de crisis en cosas “tan poco importantes para la gente de a pie”. Perfecto, que se ejecute la medida dentro de unos años, cuando entremos en un crecimiento sensato otra vez. Pero, en cualquier caso, se harán las víctimas. ¡Pobrecitos! Su derecho a conservar un monumento al oprobio, que es un derecho humano como todo el mundo sabe, se vería conculcado.


Franco y el Cardenal Segura

El problema de fondo y esto ya lo he dejado por escrito en un comentario en el blog de Israel, es que, por alguna misteriosa razón, buena parte de la derecha española aún tiene la necesidad de justificar el franquismo porque aún lo considera un mal menor. A nadie se le ocurriría decir que Hitler o Mussolini fueron un mal menor porque libraron a sus respectivos países del comunismo y, sin embargo, esa idea sí funciona en buena parte de la derecha española. La idea de la “inevitabilidad” del franquismo es todavía un hecho en la cabeza de muchos. Y, en el fondo, lo que subyace es una identificación con el esquema de valores del dictador que torna en una especial indulgencia la actitud de algunos conservadores hacia sus desmanes. Va a resultar después de todo, que el franquismo no está tan en el pasado como a algunos que “quieren pasar página” les gustaría, pero no porque los de la memoria histórica estén tratando de hacer justicia sino porque aún hay más de uno que no tiene problemas en buscar disculpas a ese periodo ominoso.

El País. 20 de noviembre 2010