sábado, 26 de marzo de 2011

Democracia según y como


Los sucesos en el norte de África han puesto en evidencia décadas de política exterior occidental de componendas con regímenes de todo tipo. Ni a la progresía oficial ni a los abanderados de la “libertad conservadora” se les pasaba por la cabeza criticar a ninguno de los regímenes que han ido cayendo y que, ahora, son juzgados y condenados por la historia: grandes paradojas. La historia la escriben los vencedores y los pueblos tienen poca memoria: vamos, que se junta el hambre con las ganas de comer y no sólo no hemos aprendido nada del norte de África sino que muchos han tardado cuatro milésimas de segundo en seguir llevándose bien con Arabia Saudi y otros fulanos de la región.



David Cameron se atrevió a cuestionar el falso dilema de que en política internacional los países democráticos deben elegir entre sus valores y sus intereses. Y fue más lejos afirmando que sólo la apuesta por los valores democráticos es la garantía de la estabilidad que otro tipo de cálculos han pretendido garantizar a costa de regímenes dictatoriales. En buena medida tenía razón, pero ni sus declaraciones ni los recientes sucesos han cambiado ni van a cambiar la política exterior de los países occidentales frente a muchos regímenes dictatoriales que aún perviven. Y es aquí donde queda en evidencia otro factor más del que hablaba Cameron. La idea de la excepción árabe es errónea y ofensiva. Esa idea occidental de que las naciones árabes no estaban socialmente preparadas para la democracia lindan con el racismo y mucho me temo que lo seguirán haciendo porque aún muchos en occidente, lejos de reconocer el impulso laico y secularizador que ha puesto en marcha estas revueltas, sigue adoptando un discurso del miedo a la deriva integrista que suena más a ignoracia, desconfianza y prejuicios occidentales que a una apuesta decidida por el cambio.

Es cierto que las reformas se llevan su tiempo y que muchas sociedades de tradición islámica tienen aún mucho camino por delante hasta respetar el grado de libertades individuales que tenemos en occidente, pero no creo que apoyar a dictadores como Gadafi sea una solución en ese sentido. La idea de que occidente es distinto sólo porque ahora hemos alcanzado un cierto nivel de desarrollo es una falacia que esconde nuestra historia reciente. No hace tanto que las sociedades europeas eran pobres, estaban religiosamente fanatizadas y violaban con frecuencia los derechos humanos... Así que más que hechos diferenciales debemos buscar hechos coincidentes y apoyar las bases de progreso en esas sociedades. Por suerte, estos pueblos tienen algo que los occidentales no tuvieron: internet. Con un acceso libre a la red, el cambio es incontenible.


The Telegraph. 22nd February 2011