sábado, 11 de diciembre de 2010

El antifranquismo en el siglo XXI

Hace unas semanas leí con sorpresa y alegría un par de tweets de mi amigo Israel que decían lo siguiente:

No sé quien es más anafalbeto, el que se cree franquista o el que se cree antifranquista sin haberlo vivido.
Ser antifranquista en el 2010 es como ser anticarlista, esas épocas pasaron, es bueno conocerlas pero no creer que se vive allí.

[1] Todo ello coincidió en plena polémica sobre el Valle de los Caídos, sobre la que yo mismo publiqué y, por la postura que yo sostengo, creo que puedo sentirme identificado entre los analfabetos antifranquistas del 2010. De modo que me alegrará mucho explicar por qué creo que esos dos tweets están en un error (y así de paso mi amigo y yo nos entretenemos un poco). En primer lugar, me resulta curioso como para buena parte de la derecha española no tiene sentido ser antifranquista ahora, pero sí tiene sentido ser antiestalinista, por ejemplo, o sí tiene sentido publicar artículos en Libertad Digital recordando las masacres de Pol Pot y otros déspotas comunistas. Es curioso que tenga sentido ser "antidictaduras comunistas" del pasado, pero sea absurdo ser "antidictaduras conservadoras/militares/eclesiásticas" del pasado. Según uno se oponga a una dictadura u otra se es analfabeto o no y pasar página tiene sentido con unas dictaduras, pero no con otras. ¡Es muy divertido! Parece que el baremo que se aplica tiene algunos fallos.

Una vez sentados estos hechos curiosos de la prensa liberal-conservadora, voy a explicar por qué sí tiene sentido ser antifranquista, ser antipolpot, ser antiestalinista, ser antinazi o antifascista en el 2010. Es muy sencillo, ser demócrata nos lleva inevitablemente a considerar una aberración cualquier forma de gobierno basada en la tiranía y no en el Estado de Derecho y el sufragio. Y es que muchos encuentran argumentos para rebajar el nivel de exigencia política en ese sentido. Argumentos como, por ejemplo, “no podemos juzgar con la mentalidad del presente hechos del pasado”. O, del tipo, “es que dadas las circunstancias”. En el fondo, el débil y ecléctico pragmatismo que coquetea con dictadores de tiempos pretéritos no deja de ser una muestra de falta de convicciones democráticas. Porque sí, es muy fácil ser antifranquista ahora y mucho más fácil aún ser antiestalinista ahora que Stalin es un mal recuerdo y sí, probablemente la mayoría seríamos unos cobardes incapaces de enfrentar unos poderes opresivos de esas características. Es algo para lo que, por suerte, no hemos sido probados todavía por las circunstancias. Pero he aquí el sentido de ser antifranquista ahora. Si queremos que eso no se vuelva a repetir, tenemos que dejar sentados firmemente nuestras convicciones democráticas y buena parte de eso consiste en deslegitimar regímenes totalitarios del pasado. Porque sí, fueran las circunstancias que fueran, es mucho más fácil encontrar pretextos para dictaduras también en el presente si sabemos encontrarlos en el pasado. Lo que debemos hacer, por contra, es ver qué argumentos emplearon en el pasado aquellos que permitieron el ascenso de las dictaduras y rebatirlos. Eso, claro está, siempre que consideremos que una dictadura es intrínsecamente un mal y que merece ser combatida sea cuales sean las circunstancias. La cuestión es ¿de verdad creemos que todas las dictaduras son un mal o, por contra, creemos que algunas son o pudieron ser un mal necesario?

[1] He considerado los tweets de Israel como un pretexto para rebatir posturas que considero generalizadas en cierto sector de la derecha española. La postura personal de Israel, más allá de lo que dicen los tweets, podrá aclararla en un comentario.

Israelem. Eclosion Liberal