lunes, 27 de diciembre de 2010

El asalto final de Hugo Chávez

Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.

Ya lo ha conseguido, Hugo Chávez es ya, oficialmente, dictador desde el 17 de diciembre, cuando la Asamblea Nacional aprobó una Ley Habilitante por la cual el Presidente de la República Bolivariana tendrá plenos poderes para legislar por decreto-ley en diversos asuntos de carácter muy amplio y que le van a permitir de facto poder prescindir del Parlamento durante 18 meses, el tiempo que queda para las próximas elecciones presidenciales. Venezuela vivía ya, de hecho, en una situación muy comprometida, con un parlamento mayoritariamente oficialista, un poder judicial sometido y un gobierno que domina todas las televisiones y buena parte de la economía nacional, el país había dejado hacía tiempo de ser una democracia burguesa, esa que tanto odia Chávez, para convertirse en un régimen socialista.

En septiembre, las elecciones legislativas venezolanas mostraron al mundo como hay países donde la oposición puede ganar en votos y perder en escaños (¡¿52 % de los votos = 39 % escaños?!). A pesar de ello, Hugo Chávez vio algo mermada su mayoría: ya no podría aprobar leyes orgánicas. Es por ello, que ha tenido tanta urgencia en seguir cercenando la libertad de los venezolanos antes de la apertura de la nueva Asamblea Nacional y ha conseguido, entre otras cosas, aprobar una ley que restringe las libertades en materia de telecomunicaciones y, como no, su ley estrella: la Ley Habilitante. ¿Cuál ha sido la excusa elegida esta vez por el dictador para darse poderes absolutos? ¡Unas inundaciones! Lo que en España se habría quedado en un Real Decreto-ley declarando una zona catastrófica y, posiblemente, en una intervención de la Unidad Militar de Emergencias, es en Venezuela un pretexto suficiente para dar barra libre al gobierno para legislar durante año y medio.

Por otra parte, la historia nos muestra que los dictadores tienen cada vez menos vergüenza: que haga falta una dictadura por unas inundaciones, ¿cómo puede colar eso? Lo que demuestra esto es que Hugo Chávez ha respetado el parlamento en la medida en que era suyo, es decir, que en ningún momento tenía intención de respetar los resultados de las elecciones ni tan siquiera amañadas por su sistema electoral en la medida en que le fueran desfavorables. Ahora es cuando se descubre, si es que alguien aún no lo había hecho ya, el cinismo y la falsedad de este déspota sin escrúpulos que dice pensar en el pueblo mientras le priva de su libertad y lo condena a la miseria.

Y, por si fuera poco, se permite el lujo de dárselas de víctima, de ponerse en el punto de mira y de compartir con su auditorio, al que compadezco, aparentes joyas de una literatura prohibida ¡porque tememos sus ideas! No, Sr. Chávez, no somos nosotros los que tememos sus ideas, es usted el que teme las de los demás y si no, ¿por qué necesita darse poderes absolutos? ¿No será, tal vez, que necesite la fuerza a falta de convicción?




Chávez se hace con el poder absoluto
El País. 26 de diciembre 2010.