martes, 17 de mayo de 2011

DIOS Y EL ESTADO (1871)

Mijail Bakunin
Editorial El Viejo Topo.
200 páginas.

Toda autoridad temporal o humana procede directamente de la autoridad espiritual o divina. Pero la autoridad es la negación de la libertad. Dios, o más bien la ficción de dios, es, pues, la consagración y la causa intelectual y moral de toda esclavitud sobre la tierra, y la libertad de los hombres no será completa más que cuando hayan aniquilado completamente la ficción nefanda de un amo celeste.

Una de las más importantes obras libertarias jamás escrita es "Dios y el Estado", de Mijail Bakunin que no tiene otro objeto más que desmontar de una vez y para siempre los mecanismos de poder para someter al ser humano, mecanismos que siempre tienen detrás el principio de autoridad y que suelen ser, por un lado, la religión y, por otro, el Estado. Sin embargo, no se trata en absoluto de un “ataque gratuito” a unas convicciones religiosas sino del detallado desgranamiento de una tesis materialista contra la impostura de las servidumbres que se nos imponen desde lo desconocido. El autor, con todo su amplio conocimiento de filosofía, no sólo arremete contra los cimientos mismos de la religión, incluyendo el cristianismo, sino que desactiva los resortes de la filosofía idealista, peligroso apoyo intelectual de la religión y elemento clave en la configuración del principio de autoridad. Platón, Voltaire, Rousseau... No son pocos los que salen mal parados de esas páginas para que al final quede una conclusión elemental: la moral y toda la filosofía idealista; la religión misma y el Estado son los esbirros de la humanidad. Ni siquiera la sociedad se salva. Frente a todo eso sólo cabe una salida: la libertad. Romper definitivamente las viejas cadenas y ser libre.

En todos estos casos, para la humanización misma del individuo, su rebelión contra la sociedad que lo ha visto nacer se hace indispensable.

Y no será porque Mijail Bakunin no fuera un hombre de acción. Él mismo supo romper con todo su “ser social” en tanto que miembro de una familia acomodada de la Rusia zarista. Nada más lejos de realizar el destino que su posición social le tenía deparado, Bakunin se marchó de Rusia y tuvo una vida intensa como pensador y, especialmente, actor libertario. Apenas sí pudo escribir obras extensas de seguido y ésta, junto con Estatismo y anarquía, es la obra más completa y acabada que de él se conserva.