jueves, 19 de mayo de 2011

Revolución española. ¡Ánimo, indignados!


Los españoles no son muy dados a las revoluciones, normalmente las hemos hecho o intentado hacer tarde, pero siempre con más entusiasmo que cualquiera, a lo mejor porque cuanto más se han hecho esperar, más deseadas se han vuelto. Las escenas de la concentración de Sol y otras plazas de España y las espontáneas muestras de solidaridad de los vecinos con los indignados trae ecos de un pasado revolucionario español tan apasionado como infructuoso, pero aporta, al tiempo, un aire fresco que promete algo distinto porque, en origen, es un proceso distinto.

Los españoles no luchan ya por la democracia en un régimen hostil o por sus ideologías en un régimen democrático, ahora se muestran unidos, en la izquierda y la derecha por una alterdemocracia en un régimen democrático con serias carencias y unas instituciones que han fracasado manifiestamente, lo primero de todo, en lo importante, que es representar adecuadamente al electorado y mantener un buen control sobre el poder político. Después de todo, democracia es libertad y representación, no corrupción, hastío ni arrogancia política.

El pasado sábado analizaba muchos aspectos del manifiesto de "Democracia Real Ya” que no me gustaban, pero resaltaba la necesidad de que se iniciara un proceso de protestas un día sí y otro también” porque sólo una amenaza real a la estabilidad del sistema es capaz de impulsar los cambios necesarios para regenerar esta democracia. Ese proceso ha comenzado y me gustan sus formas y su enfoque. Lejos de las afirmaciones desconcertantes del manifiesto de "Democracia Real Ya", los asambleístas de Sol ya han dejado claro que no están ahí para discutir reformas concretas propias de las ideologías sino para hacer constar tres puntos esenciales para instituir una verdadera democracia en España. Lejos de replicar las viejas dualidades conservador-progresista que han desgarrado España, todos van ahora de la mano para que el sistema cambie y el que vaya a gobernar, sea el que sea, no tenga barra libre del abuso de su posición y represente más fielmente al electorado. Todo ello para recordarnos ese espíritu de la transición que ahora no se verá ensombrecido ni por el poder del ejército ni de la Curia.

Las prohibiciones de las Juntas Electorales son la esperpéntica contradicción de una democracia que pone por encima de una manifestación espontánea y democrática de la ciudadanía el formalismo de una campaña electoral. Todo sea con tal de que nadie se salga de la democracia del sota, caballo y rey a la que nos quieren ceñir. Al menos, ahora que estamos viviendo esto por momentos, sabremos que si la situación se tensa y estas concentraciones acaban mal no será porque los indignados no sean pacíficos sino porque el Estado quiere reventar la verdadera fiesta de la democracia, el asambleísmo que ha hecho la conciencia cívica en Europa desde Pericles, la discusión pública y libre en el ágora. ¿Vendrá, como antaño, la policía a reventarlo todo?


Jóvenes.. y no tan jóvenes indignados
El País. 19 de mayo 2011


Disección del manifiesto de "Democracia Real Ya"
Quiero Un Dominio. 14 de mayo 2011