lunes, 1 de febrero de 2010

UNA HABITACIÓN PROPIA


Virginia Wolf
Seix Barral
153 páginas.


Esta obra sui generis de la conocida escritora británica se concibió como una conferencia aunque acabó tomando la forma de un ensayo novelado sobre la mujer y la novela. Evidentemente, muchos y profundos cambios han obrado los tiempos respecto de la situación de la mujer desde que esta novela se escribió. Cuando se dio la mencionada conferencia (1928), hacía tan sólo nueve años desde la aprobación del voto femenino en Reino Unido: paso que otros países del entorno como el nuestro aún tardarían en dar.

No obstante, este ensayo no ha perdido vigencia porque, aunque visto desde la perspectiva de los tiempos y de los ojos de Virginia Wolf, la verdad es que, por mucho que haya cambiado la situación de la mujer hoy día, el mundo de la literatura clásica es claramente masculino y siempre lo va a ser así. La literatura femenina comenzó a despuntar tímidamente a finales del siglo XVIII, pero no de forma más normalizada hasta más de un siglo después. La autora trata de perfilar con más o menos acierto las posibles causas de esa ausencia de grandes figuras femeninas entre los genios de la literatura. Sin duda, el primer obstáculo es conocer bien a aquellas mujeres de los siglos pretéritos. Virginia Wolf trata de imaginarlo. Hijas que finalmente son esposas y madres. Mujeres, al fin y al cabo, que han entregado su vida para complacer a sus padres, a sus esposos y a sus hijos, pero que no han dispuesto con casi total seguridad de independencia económica, de un espacio separado, en definitiva, de una habitación propia. Por si fuera poco con ello, las mujeres no contarían con las mismas posibilidades con las que, por ejemplo, contara William Shakespeare: ni la posibilidad de adquirir una formación adecuada ni de viajar lejos del hogar ni hacerse un hueco como actor en el teatro... Las primeras escritoras lo serían a escondidas y a ratos en la insuficiente intimidad de una sala de estar.

Por otro lado, la autora no se limita a tratar cuestiones tan prosaicas. El ensayo aborda desde una perspectiva nueva el papel del hombre y de la mujer en la creación literaria y la importancia de darle a la propia obra la perspectiva completa de los dos sexos. El escritor debe serlo para la humanidad y sólo los más grandes han conseguido reflejar fielmente lo masculino y lo femenino en sus obras imperecederas.

3 comentarios:

Rafalillo dijo...

Hola Pepe!

Te invito al meme que acabo de publicar en mi blog:
http://elmundoderafalillo.blogspot.com/2010/02/el-dia-que-nacio-el-mundo-de-rafalillo.html

Si lo quieres seguir, bien, y si no, pues nada, no estás obligado.

Nos vemos ;)

Pepe dijo...

Gracias, Rafa, por saber apreciar mi recomendación sobre el ensayo de Virginia Wolf.

Un saludo.

A los demás lectores: visitad el blog de Rafalillo.

Miguel dijo...

Buena crítica la que nos presentas aquí, Pepe. Es verdad que no ha habido grandes clásicos escritos por mujeres, yo creo que se salvan Jane Austen, con orgullo y prejuicio, y Agatha Christie, con sus numerosas novelas de misterio. También Virginia Wolf ha escritos buenas obras literarias, excluyendo ensayos, como Orlando o la señora Dolloway. Como bien has dicho, la mayoría de las mujeres escribían con seudónimos, un ejemplo es Agata Christie que utilizaba el seudónimo Perry Mason. Lo que está claro es que los clásicos están dominados por los escritores masculinos que, como dices también, tienen más oportunidades en una época en la que la mujer era bastante inferior políticamente con respecto al hombre. Y esto parece que no va a cambiar. Cuando voy a la Fnac casi todos los títulos están escritos por hombres. Así que...¡empieza a ganarte el sueldo Bibíana Aído!

Un saludo :^)