martes, 18 de mayo de 2010

Desmitificando el liberalismo (iv): el internacionalismo.


El término internacionalismo está muy ligado al socialismo. Desde que se fundara la primera internacional ha sido así y, sin embargo, hay algo que no encaja en esta imagen que, por otro lado, sí se amolda a la perfección al liberalismo. Como es sabido, éste parte de una visión individualista de la sociedad, que se percibe como un grupo de personas con derechos y libertades que no pueden ser violentados. Entiende el liberalismo que una sociedad en la que la libertad individual esté garantizada y cada uno se mueva por su propio interés será una sociedad que progrese. En ese contexto, el Estado, más allá de su función de seguridad y subsidiariedad es más bien un estorbo a ese progreso.

Esto mismo resulta igualmente aplicable al contexto internacional. Los Estados son en la mayoría de las ocasiones un estorbo para el comercio internacional y, en general, para las libertades individuales. Lo deseable sería que los Estados no impusieran trabas internacionales más allá de las que exige la seguridad y, sin embargo, lo hacen constantemente. Ahí están las subvenciones a la agricultura, los aranceles, los límites a la migración... Desde una perspectiva liberal, lo lógico sería que los Estados fueran integrándose progresivamente para realizar sus escasas funciones a un nivel cada vez más global. Los antecedentes teóricos no faltan. Ya en 1791 y 1792 Thomas Paine lo deja bien claro en su obra “Derechos del Hombre”:

Por lo que vemos hoy día, no debería tenerse por improbable nada que tenga relación con la reforma del mundo político. Estamos en una era de revoluciones en la que cabe prever cualquier cosa. La intriga de las Cortes, por la que se mantiene el sistema de la guerra, puede provocar una confederación de naciones para abolirla; y un Congreso Europeo que patrocine el progreso del gobierno libre y promueva la civilización de las naciones entre sí es un acontecimiento cuya probabilidad está más cercana de lo que estaban antes las revoluciones y la alianza de Francia y América. [1]

Thomas Paine lo tenía muy claro: la enemistad de los pueblos no era tal. Sólo se debía a una deliberada confusión provocada por gobiernos monárquicos despóticos y corruptos que buscaban la guerra como pretexto para incrementar su poder y subir los impuestos, que a la postre no estarían tan dispuestos a bajar. Se muestra así muy optimista en cuanto a la posibilidad de una “federación” en Europa a la lumbre de la nueva era de revoluciones que se había iniciado en el continente. Por desgracia, él era un visionario muy adelantado a su tiempo, la opinión general no compartía ese particular y había demasiados intereses en juego.

Ya en 1944, F. A. Hayek planteó también la necesidad de avanzar en una mayor integración. En plena ola planificadora, sostuvo la necesidad de la existencia de un organismo internacional con facultades políticas para proteger a los ciudadanos de las trabas que impusieran los Estados en el marco de un Estado de Derecho Internacional (ahí es nada). Propugnó también la posibilidad, como paso intermedio, de una Unión en Europa occidental y de una integración en un organismo internacional de EEUU, Gran Bretaña (con todas sus colonias) y de esa nueva Europa occidental unida. Sería algo así como una Sociedad de Naciones a menor escala, pero más eficiente. Al mismo tiempo que hacía todas estas propuestas mencionaba la tradición internacionalista, especialmente federalista, del liberalismo del siglo XIX que tan denostado estaba en aquellos días de fascismo y comunismo.

Y, sin embargo, ¿qué ha podido suceder para que se disocie al liberalismo del internacionalismo? Una explicación inicial puede llevarnos a que la primera tímida implantación del liberalismo tuvo lugar en el siglo XIX que se caracterizó también por ser el siglo de los nacionalismos y del imperialismo. Una segunda explicación consiste en que verdaderamente hay políticos y periodistas que se dicen liberales y que sostienen posturas favorables al imperialismo y al nacionalismo. Ahí están los casos del PP, CiU y el PNV. Los tres son nacionalistas y, en fin, cada cual a su manera es imperialista. Los unos porque quieren las siete provincias “vascas”, los otros porque hablan de los “Països catalans” y los de más allá porque se hacen una foto en las Azores. El problema de fondo es que el liberalismo sólo se ha aplicado y sólo quieren aplicarlo según lo aconseje la jugada.

¿Qué sucede con el internacionalismo socialista?
Es una falacia. La implantación del socialismo, esto es, la progresiva planificación centralizada de la economía desde el poder político debe hacerse necesariamente desde los Estados y éstos son precisamente nacionales lo que lleva al nacionalismo. Al propugnar una intervención exorbitante del mercado en la economía, las relaciones internacionales se convierten en una relación entre Estados. Por tanto, en un mundo lleno de Estados con economías socialistas veríamos una forma más del mismo fenómeno: el imperialismo. De hecho, el imperialismo se da porque una nación fuerte impone condiciones exorbitantes a una nación débil, condiciones que, de darse entre particulares, jamás podrían ser tan abusivas ya que ningún particular tiene el poder coercitivo de la guerra. En el mejor de los casos, el internacionalismo socialista es una llamada a la venganza universal de los trabajadores y al nacionalismo económico.

Termino con una cita magistral de F. A. Hayek:
Una institución internacional que limite los poderes del Estado sobre el individuo será una de las mayores garantías de la paz. El Estado de Derecho internacional tiene que llegar a ser la salvaguarda tanto contra la tiranía del Estado sobre el individuo como contra la tiranía del nuevo superestado sobre las comunidades nacionales. Nuestro objetivo no puede ser un superestado omnipotente, ni una floja asociación de “naciones libres”, sino una comunidad de naciones de hombres libres. [2]

¿Cómo lograr esto? Si lo supiera, me darían el Nobel de la Paz ¿O tal vez no?

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[1] Paine, Thomas: Derechos del Hombre (Rights of Man, 1791 y 1792), Alianza Editorial, España, 2008, página 197.
[2] Hayek, Friedrich A.: Camino de Servidumbre (The Road to Serfdom, 1944), Alianza Editorial, España, 2009, página 283.

2 comentarios:

Israelem dijo...

Si propones un internacionalismo liberal, no te preocupes que no te lo darán. Es más, si te dan el Nóbel de la Paz, háztelo mirar, porque últiamente...

Un saludo.

Pepe dijo...

Jeje, de ahí la ironía. La verdad es que no es ninguna locura la propuesta liberal en esta materia, pero es imposible que funcione en un régimen socialdemócrata como el actual. La socialdemocracia lleva al nacionalismo y eso acaba alejando a los países.

Un saludo.